[R-P] Aspectos etnoculturales de la revolución bolivariana

Nestor Gorojovsky nestorgoro en fibertel.com.ar
Lun Jul 29 20:49:10 MDT 2002


De la lista venezuelabolivariana en gruposyahoo.com:

  Fecha: Mon, 29 Jul 2002 16:20:46 -0400 
     De: René C. Baralt M. <rbaralt2002 en cantv.net
 Asunto: Reflexiones

Traté de enviar este texto a las listas, pero creo que
por su tamaño no entró. Te lo envío en dos formas de
texto. Si puedes hacerlo entrar a las listas y te
parece te lo agradezco.Gracias.Saludos. David.
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Algunos ingredientes etnoculturales de la
confrontación que vivimos.
David Hernández Oduber 
09-06-2002

Introducción.
La construcción de una nación.
-	El mestizaje matricentrado forjado bajo la
dominación.
-	La élite mantuana y sus descendientes.
-	El refuerzo de la inmigración s.XIX Y XX
El asumir político de las mayorías mestizas y sus
expresiones en este momento.
La visión política de la élite.
Auge y caída del proyecto democratizador moderno de la
élite.
La conflictividad del proceso bolivariano.
-	La apropiación del proyecto bolivariano por parte
del mestizaje.
-	De la huida al conflicto y la simulación al destape
político.
-	De la sumisión a intereses ajenos al encuentro de
los propios intereses.
-	Los círculos bolivarianos el mayor esfuerzo hecho en
la historia de Venezuela por construir sociedad y
ciudadanía.
El diálogo y la confrontación.
Para un diálogo inclusivo o una confrontación
decisiva.
La intermediación y facilitación del diálogo.


Introducción.
A los dos meses de la confrontación más importante de
masas en los últimos 13 años, hay diversos intentos de
comprender el momento, el conflicto y sus
implicaciones.
Interpretaciones que suelen ser muy parciales: sólo
los intereses económicos o políticos, o aspectos
racistas que se enuncian como una pelea contra un
presidente negroide. La descalificación de las
montoneras y las hordas chavistas por parte de otros
que se auto nominan “la sociedad civil”.
O acusaciones de la siembra del odio por parte del
Presidente, o descalificación de una cierta oposición
como mentirosa y mal intencionada. Me parece
importante, para aportar al diálogo, entender que esas
“hordas” y que algunos sectores de esa “sociedad
civil” son coherentes con la visión que viene de sus
orígenes etnoculturales, independientemente que en el
trasfondo están en juego intereses económicos y
políticos. Mejor dicho, esos intereses se expresan en
el “mundo de vida”, lenguaje y acción correspondientes
a ciertas matrices etnoculturales.
Se señala la dificultad de las masas para desarrollar
una democracia participativa, en términos de carencia
de organización, disciplina y ciudadanía. Al mismo
tiempo que el contenido de ciudadanía que ponemos en
esta palabra tiene connotaciones bien diferentes,
desde las diversas cosmovisiones que poseen la élite y
la mayoría de la población venezolana.
Tratar de incluir algunos elementos etnoculturales en
la interpretación de nuestro momento histórico es el
propósito de este ensayo, queriendo aportar al proceso
de diálogo y entendimiento para podernos asumir como
nación, república y estado en la coyuntura mundial
globalizante neo-liberal (y no-liberal) que vivimos,
orientada precisamente a la liquidación de estas
entidades. 

La construcción de una nación.
La construcción de la nación venezolana es una
historia conflictiva desde los inicios del choque
cultural producido por la invasión de 1498 y su
subsiguiente historia de dominación y colonialismo.
Nuestra población mayoritaria a través de los siglos
se forjó marcada por la utilización, dominada y
excluida de la participación política.
Un país fragmentado, con una historia de luchas
prehispánicas y después contra el colonizador, guerras
civiles desde la independencia, de caudillos y
montoneras regionales después de la separación de la
Gran Colombia, en búsqueda de una identidad y
construcción como nación y estado, lo que viene a
desarrollarse como tal a partir de Gómez, con la
unificación del Ejército y de la Hacienda Pública, de
eso no tenemos todavía un siglo.
Un país, que entre dictaduras y democracias forzadas
(pactadas), desarrolló un modelo de Estado
incongruente con el desarrollo de ciudadanía y
corresponsabilidad económica, social y política de la
mayoría del pueblo venezolano, que tuvo
participaciones espasmódicas en su proceso político a
lo largo del siglo XX, y en las últimas dos décadas de
ese siglo, sometido a una marginación cada vez mayor
de la vida política, a una gran exclusión social y un
empobrecimiento acelerado y generalizado. A la luz de
esta historia y sus causas etnoculturales, además de
las económicas y políticas, es como podemos entender
la importancia de la “revolución bolivariana” y los
conflictos que vivimos.

-	El mestizaje matricentrado forjado bajo la
dominación.
Un mestizaje hijo de la dominación, bajo la tutela de
la madre y del colectivo regido por ella.
Históricamente la presencia y necesidad del padre
suplida por la madre en la tribu, por la madre esclava
en el cumbé, por la madre abandonada en su familia,
por la madre en la familia de varios padres, por el
padre presente; pero culturalmente ausente.
Las marcas de la madre, hija de madre, con la misión
de ser madre: La intuición, la relación interpersonal,
la pasión, la voluntad de convivencia en su colectivo,
la autoestima clánica y relacional, la informalidad,
el hecho y derecho de subsistir en la relación. Todo
lo cual conlleva una visión de la vida, del tiempo,
del trabajo, del placer, de la ética y de la estética,
de la religión, de la fiesta, del poder, de la
organización y de la política.
Claro que esta matriz ha sido sometida a lo largo de
la historia a las múltiples influencias derivadas de
las diversas simbiosis, que se corresponden a diversas
etapas de nuestra historia, la relación y mezcla
indígena-blancos europeos, indígenas-africanos,
pardos-blancos-zambos-mulatos… en la esclavitud, en el
abandono del hombre por la guerra, en el peonaje de
las haciendas, en la dependencia de los gamonales del
pueblo, en las rupturas familiares provocadas por la
emigración, en el sometimiento a los jefes económicos
y políticos de la sociedad urbana que, lo asumen como
cliente, en el ascenso por imitación, en las matrices
ajenas que debe asumir y simula hacerlo, a partir de
la imposición coercitiva, represiva, mediática… Esto
ha producido simbiosis y sincretismos importantes,
siempre bajo el signo de la dominación y la exclusión
de una sociedad monopolizada históricamente por la
élite (identificada con la clase capitalista
dominante, en todas las variantes de la estructura
económica capitalista históricamente vigente en
nuestro país). A pesar de todas estas influencias la
matriz matricentrada continúa prevaleciendo, con sus
consecuencias matriciales en la cosmovisión de la
mayoría del pueblo venezolano y hoy es el polo
mayoritario que apoya la constitución del 99.

-	La élite mantuana y sus descendientes.
La presencia del blanco europeo de sociedades de
matriz patriarcal, aun cuando venían de un mundo de
varios siglos del padre, hombre de la guerra (invasión
mora), poco presente en la familia, el modelo familiar
siempre estuvo centrado en el padre y en la
primogenitura (el reemplazo por el primer hijo). La
sociedad de donde venía estaba marcada por los valores
paternos: primacía de la razón, la ley, el derecho, la
justicia, la inteligencia racional, la primacía del
individuo, el honor y el valor personal y de ser
varón.
Esta matriz configura también una cosmovisión, una
visión y misión en la vida, con sus componentes
económicos, éticos, políticos, estéticos, religiosos y
culturales.
También esta matriz en nuestro país ha sufrido
influencias importantes en las diversas etapas de
nuestra historia; pero siempre bajo el carácter de
dominador de los diversos aspectos de la vida
nacional. La añoranza inconsciente del país dejado,
siempre marcó su historia en nuestra patria y vivía
siempre mirando hacia allá, y esto se trasmitió de
padre a hijos, ¿no es eso lo que hizo en toda nuestra
historia a esa élite dominante importadora de ideas,
visiones y modas de su mundo hispánico o francés o
inglés y después en el siglo XX de USA? Así quiso
siempre construir un país a su medida, a su cultura, a
su Europa, hoy a su USA.

-	El refuerzo a esa élite mediante la inmigración
s.XIX Y XX
Desde finales del siglo XIX y  el siglo XX hubo
importantes corrientes migratorias hacia el país,
desde Europa, además de otros países latinoamericanos
por razones económicas y políticas, que vinieron a
reforzar la pluralidad multicultural de nuestra
nación, la mayor parte de los emigrantes europeos por
la guerra civil española, por las guerras mundiales y
de otras culturas como la árabe y la china, provocaron
en nuestro país el aporte de visiones de sociedad,
estado, partidos políticos y movimiento obrero más
modernos, aunque en su mayoría eran portadores de una
constitución familiar cercana a la de la tradicional
élite mantuana. 
El grueso de esta emigración y sus descendientes han
venido a constituir un importante sector de la clase
media venezolana. Sus visiones de familia, sociedad y
estado han tenido un gran peso en el diseño del modelo
democrático moderno y de industrialización montado en
nuestro país durante el siglo XX. Y han tenido una
gran influencia en los modelos asumidos por los
mestizos de los sectores medios emergentes, que
pudieron asumir posiciones, titularidad académica (los
académicos, los periodistas, los médicos…), ascenso en
la administración pública, en las FAN, en las empresas
estatales (PDVSA – que ha constituido el centro de la
elite- , CVG y filiales…), durante los años 50-70 del
siglo pasado en nuestro país, ya que después de la
crisis de los años 80 el ascenso social disminuyó
radicalmente y se redujo a una autoreproducción y
empobrecimiento de esas capas medias. La mayor parte
de esta clase media, unida a los descendientes de los
mantuanos y los nuevos ricos, nacidos del desastre del
estado rentista de los 60-80, constituyen el eje
central de la élite que hoy nuclea la oposición
interna al proyecto constitucional del 99.

El asumir político de las mayorías mestizas y sus
expresiones en este momento.
La manera de entender el poder, el gobierno, la
organización política por parte de las mayorías de
nuestro país esta vinculado a la matriz relacional,
interpersonal. El hecho de que esta matriz se forjara
bajo el signo de la dominación, nos hace entender que
la mayoría venezolana desarrollara mecanismos de
defensa ante el poder que no sentía a favor de sí
misma, basados en la simulación o por el contrario, la
lealtad hasta dar la vida cuando confía en el líder y
se siente en relación con él, la huida al conflicto,
el alejamiento o la confrontación radical, pero
siempre buscando el salirse con la suya, entendida
como la vía que ve como beneficio para su entorno
relacional.
Así simuló e inventó salidas ante el conquistador, el
misionero, el caudillo (hay múltiples ejemplos en
nuestra historia, desde la invención del Dorado,
aprovechando la propia expectativa española, la
lealtad a Boves, luego a Páez,  el seguimiento a
caudillos y líderes que los sentía suyos, hasta la
muerte). Es la raíz de las montoneras y el caudillo.
De los líderes “cercanos”, de los que son como
nosotros, con el cual podemos entendernos. ¿Quién de
la mayoría que hoy apoya a Chávez no se siente con el
derecho y la posibilidad de ser atendido personalmente
por él? Incluso sabiendo que físicamente no sea
posible. Si comparamos el distanciamiento de las masas
de los líderes políticos de ayer y la simulación ante
ellos, con el acercamiento que hoy sienten con el
Presidente y su lealtad hacia él, podemos ver la
diferencia. 
Este hecho se afianza y radicaliza con la
confrontación del Presidente con sus tradicionales
dominadores (evitar la confrontación no es
políticamente viable para las mayorías), en defensa de
los intereses que va reconociendo como suyos y se
fortalece cuando el líder es vencedor (fenómeno del
crecimiento de la popularidad de Chávez entre el 11 y
el 14 de abril), y esas mayorías se sienten que
hicieron algo por él (“amor con amor se paga”).
La familiaridad de Chávez, su respuesta a situaciones
individuales (el favor hecho a cualquiera, se
transforma en hecho a sí mismo porque relacionalmente
no hay casi nadie que no conozca a algún beneficiado),
su comunicación en el lenguaje de las mayorías,
tildado por la élite de “populismo”, es para las
mayorías la acción del defensor del pueblo excluido.
Las cadenas y el aló presidente se tornan así en el
blanco de los ataques de la élite, porque ante el
boicot mediático, son la conexión pedagógica del líder
con su pueblo.
La lealtad crece independiente de la pobreza, el
boicot económico, la diatriba política, porque esas
dificultades son entendidas como obstáculos de los
enemigos del líder, que pasan a ser sus enemigos.
(“Déjenlo gobernar¡¡¡”, “es loco; pero es mi loco”).
No es una cuestión puramente racional (defensa de
nuestros intereses económicos y políticos), es “de los
nuestros”. El en el poder, somos nosotros en el poder.
Los psicólogos podrán hablar del encuentro con el
padre ausente y siempre buscado, o con el hermano
mayor defensor del menor, pero lo que si es cierto es
el sustrato de la matriz relacional, en la vinculación
Chávez-mayoría de la población venezolana.

El visión política de la élite.
La visión política de la élite, dependiente de España
desde la colonia y después, de las ideas de la
Revolución Francesa, nuestros libertadores asumieron
las conclusiones históricas de la sociedad francesa
del siglo XVIII para ser implantadas en un pueblo de
tribus seminómadas, de esclavos, pardos y blancos de
orilla, que en su mayoría conformaban los pueblos que
habitaban en el país que hoy es Venezuela.
Las contradicciones generadas por las visiones de la
élite y las mayorías no se hicieron esperar: “No
tenemos ciudadanos para hacer República y no podemos
regresar a la Monarquía, inventamos o erramos” Simón
Rodríguez. O expresiones mas o menos de este estilo
(no tengo a mano las cartas de Bolívar a Sucre en
1827): Hemos provocado la muerte de la mitad de la
población para darles la libertad, que no valoran, o 
hay que traer europeos para que vivan en el país y
pueda formarse una sociedad de ciudadanos, porque
estos pueblos no pueden serlo por si mismos. La visión
de ciudadanos, sociedad y estado modernos de esa élite
no podía ser asumido por este pueblo y lo entendían. 
A lo largo del siglo XIX y XX siempre surgieron
teorías cuya mayor expresión se sintentiza en el
planteamiento de Vallenilla sobre el gendarme
necesario. Este es un país ingobernable sin una
autoridad fuerte, argumento usado para sustentar el
tiempo dictatorial de Gómez y posteriormente de Pérez
Jiménez como fundamento de la posibilidad de construir
el Gran Ideal Nacional.
La generación del 28 se rebela, queriendo construir
una democracia moderna, con las ideas venidas de la
Europa moderna; pero en la práctica, los partidos
tuvieron que ser construidos sobre la base clánica,
relacional de la sociedad venezolana. Por eso en AD
era valorado el militante que tenía más ahijados en su
pueblo porque eso (el compadrazgo) se constituía en
base de la lealtad al militante y por esta vía al
partido. Así se configuró un partido y posteriormente
gobiernos basados en un real centralismo democrático
(tradición europea marxista) y un funcionamiento
clánico clientelar. Esto, junto a las reivindicaciones
de sectores importantes postergados, es lo que hace a
AD el partido del pueblo, y a un COPEI, PCV y URD más
distantes de las mayorías por elitezcos, doctrinarios
o programáticos, o modelos de organización más
“ortodoxos”, desde el punto de vista de la
organización política moderna. 
Se llegó por esta vía a la consolidación de la
democracia representativa, o la democracia pactada en
un pacto formal (Punto Fijo), pero con un pacto real,
que era el control de las masas por el pacto interno
de los clanes clientelares en los partidos y sus
organismos sindicales y comunales, sustentado en base
al billete rentista o a la represión.
Es importante señalar la contradicción en los mestizos
pobres, en ascenso a las capas medias (o nuevos ricos
de la corrupción clientelar), al asumir los estilos de
ese sector social, modernizantes de pensamiento
(asumido en las universidades, el nuevo
relacionamiento social) se enfrentan al continuo
saboteo de sus propias ideas por el comportamiento
informal, “inorganizado”, fruto de la primacía de la
práctica relacional sobre el proyecto político asumido
teóricamente.

-	Auge y caída del proyecto democratico moderno de la
élite.
Después de la política de pacificación de Caldera y el
consiguiente sometimiento de la élite inconforme
(izquierda), cuando parecía que se estabilizaba más la
“democracia pactada”, por el auge económico petrolero,
(CAP1) que provocó una importante satisfacción de los
grupos de poder y de los clanes clientelares, fue
cuando la élite moderna se sintió más satisfecha de la
democracia que había construido, fue en el momento en
el cual se produjo el endeudamiento del país, era
entonces cuando se incubaba aceleradamente la crisis
de la “democracia pactada” y se desarrollan rasgos de
un movimiento popular, sindicalismo clasista...
tendencias proletarias, reducidas, pero expresiones de
lucha por autonomía, liquidadas por la represión y la
incomprensión de las mayorías.
Esta ilusión comienza a desmoronarse con el viernes
negro, RECADI y las subsiguientes crisis. Se provoca
el progresivo desmontaje del aparato clientelar que
sustentaba el pacto democrático con los clanes, se
elitiza cada vez más la clientela, se resquebrajan los
centros de control que la élite había generado en las
masas no modernas (cuadros de partidos, juntas de
vecinos, liderazgos sindicales...) y son abandonadas
las masas a su suerte ( surge el discurso de la
anomia, de fortalecer la autoestima, de aumentar su
capacidad competitiva...etc los liderazgos sociales
desde las capas medias intentan reconstruir nuevas
mediaciones transformándose en ONG´s, futura “sociedad
civil”.) llegamos así al 27 de  febrero, (las élites
se devanan los sesos en procurar la reforma del
Estado) y al 4 de febrero y 27 de noviembre (surge el
discurso constituyente desde las capas medias). Y al
mismo tiempo surge la imagen de Chávez, el posible
líder que las masas mestizas “no modernas” buscan. El
proceso siguiente hasta hoy es bien conocido.

La conflictividad del proceso bolivariano.
El proyecto bolivariano surge de las vinculaciones y
alianzas construidas con determinados sectores
económicos, que en el pacto del 58 quedaron
postergados, (donde tuvo primacía el sector industrial
y posteriormente el financiero). La alianza que
abandera el proceso bolivariano junto a Chávez está
formado por la burguesía nacional agroindustrial y
otros sectores económicos (“Miquelenismo”,
Pro-Venezuela...) y políticos (sectores académicos y
de las capas medias de corrientes nacionalistas y de
izquierda, todo lo que va a configurar la confluencia
y posterior confrontación de intereses económicos y
políticos en el gobierno). Además de esto, surge de
sectores de élite, en las fuerzas armadas y civiles
pertenecientes a los sectores medios, que venían de
los estratos económicos y sociales pobres emergentes,
a partir del crecimiento económico y posibilidades de
ascensos generados en los años 70. Son aquellos que
portan en sí la tensión y muchas veces la
contradicción entre los modelos modernos y su mundo de
vida relacional, con una cierta ideología expresada en
la “fidelidad al pueblo” de donde vienen. Esto permite
una construcción de cercanía del mundo popular, al
mismo tiempo que la búsqueda de hacer una democracia
moderna, con un carácter de intervención del pueblo no
moderno y de inclusión social (lo que muestra casi una
contradicción “in terminis”; pero que revela la
contradicción que esas capas medias promovidas portan
en sí mismas, casi una esquizofrenia).
Eje simbólico de este proyecto es el árbol de las tres
raíces (habría que analizar a nivel psicológico lo que
significa y su conexión con el inconsciente colectivo
de las masas mestizas no modernas). El “Padre
Libertador” figura y prototipo de la libertad de un
continente. Samuel Robinson (Simón Rodríguez), maestro
del “Padre Libertador” y formulador de la necesidad de
la invención de una nueva República, que no es de
ciudadanos, ni puede ser monarquía. Zamora,
representante del caudillo de las montoneras excluidas
enfrentadas a la elite y a la modernidad.
-	La apropiación del proyecto bolivariano por parte
del mestizaje.
El discurso bolivariano había sido en el país el
discurso legitimador de las élites, de sus proyectos
de República, pero asumido desde el punto de vista
burgués elitesco: el Libertador de ayer, cuyo mensaje
no tenía nada que ver con el hoy del país. La
interpretación ideológica burguesa-elitesca de la
persona y el mensaje de Bolívar prevaleció a lo largo
de toda nuestra historia post independentista.
Con Chávez y el proyecto bolivariano la persona y el
mensaje de Bolívar es asumido en una simbólica
(ideología) correspondiente a un discurso popular, que
engloba la noción de libertad e independencia en el
lenguaje de las demandas de libertad de las mayorías
mestizas. (libertad en el contexto europeo-patriarcal
quiere decir corresponsabilidad, deberes y derechos
del ciudadano y en la visión del mestizo dominado
matricentrico quiere decir más “ser-como-somos”, es
decir, la posibilidad de crear nuestro mundo como
queremos, que fue siempre alienado por los
dominadores).
Aquí se plantea la gran contradicción, entre los
intereses económicos y políticos de dentro de la
alianza bolivariana y de dentro y fuera del país que
se ven tocados. Mas allá de eso, es la contradicción
de las visiones, que va más allá de las conciencias de
una y otra clase. Es la conciencia de ser
pertenecientes a un-mundo-de-vida, alienado y
reprimido por la otra clase, que vive y se corresponde
con otro-mundo-de-vida.
La expropiación del Bolívar de las élites por las
masas mestizas dominadas y su apropiación, es el
primer gran triunfo de la Revolución Bolivariana; es
la construcción de una simbólica nueva para el pueblo
mestizo, manera propia de ser-pueblo (clase)-para-sí.
La Historia de Venezuela vista desde allí adquiere una
dimensión nueva para ese pueblo, donde Bolívar es
descubierto como el históricamente traicionado, en la
conciencia de que su historia de dominado ha sido la
traición de la élite a Bolívar, hoy recuperado. Esta
es fuente de revelación y manifestación de las
importantes contradicciones escondidas ideológica e
históricamente para las mayorías del país.

-	De la huida al conflicto y la simulación, al destape
político.
Ese pueblo, que por la represión y la dominación
aprendió a simular, a huirle al conflicto cuando tenía
las de perder, asiste por la reafirmación explicada
antes, al “destape” político. La fuerza desencadenada
por esta nueva visión es lo que la élite atribuye como
responsabilidad a la “predicación del odio” que habría
hecho Chávez. No, no es fruto de una predicación, de
una introyección del odio en el pueblo, es el
reencuentro del pueblo con su propia identidad, en
posibilidad de manifestarse, bajo un gobierno y un
contexto afín a sí mismo. 
Es claro que este destape choca con el monopolio que
la elite había tenido históricamente del escenario, de
la visibilidad de su ideología y su cultura (de allí
el calificativo de hordas, huestes, que hace la élite
moderna a las masas bolivarianas), cuya cultura hoy
sigue siendo preponderante en los medios de
comunicación y en los estereotipós sociales, la
confrontación se sitúa abierta en la calle, con apoyo
del gobierno y una Constitución. Esta no tiene el
mismo significado para las élites modernas (contrato
social), sino que es el respaldo público del
ser-de-las-masas-en-“libertad,” de lo cual las mismas
masas mestizas se sienten constructoras (debate y
referéndum aprobatorio de la Constitución, con su
participación, por primera vez en la Historia de
Venezuela), a pesar de la modernidad que significa esa
Constitución. 
En esto es importante tener en cuenta un viejo
principio de la Escolástica: todo lo que es recibido,
captado, es recibido al modo del recipiente. El molde
cultural, su simbólica, su imaginario, es el que
determina los sentidos con los que son captados y
valorados los hechos. Es muy importante comprender,
qué es lo que las masas mestizas entienden en los
conceptos modernos encerrados en la Constitución que
defienden. Y qué es lo que las élites modernas asumen
en la Constitución que rechazan. Independientemente de
las razones económicas y políticas que el Imperio y
sus clases aliadas en el país tienen para rechazarla.

-	De la sumisión a intereses ajenos al encuentro de
los propios intereses.
El camino de la sumisión a otros intereses, contrarios
a los propios, fue el paradigma de explotadores y
explotados o marginados en toda nuestra historia. El
camino de reconocer y asumir los propios intereses ha
sido acelerado cualitativamente en estos 10 años. Los
resultados de elecciones, adhesión afectiva al
caudillo, el empobrecimiento con esperanza, o como
dirían otros, la satisfacción simbólica sobre la
satisfacción material, en medio de una profunda crisis
capitalista, muestra un proceso de descubrimiento de
los propios intereses. El grado de despertar de la
conciencia nacional y la politización alcanzada en los
últimos años, entre otras cosas fruto del proceso
bolivariano, han hecho de las masas de este país un
pueblo que ya no volverá a ser más el mismo, peligroso
despertar para los sectores hegemónicos económica,
política y culturalmente, cuando la conciencia
nacional despertada asuma su irremediable forma
anticapitalista, en esta coyuntura del mundo, donde el
neoliberalismo globalizador, engloba y hace
irremediablemete dependiente de él, cualquier
iniciativa capitalista.

-	La Constitución del 99, último gran esfuerzo de
construcción de Estado y República modernos con
inclusión social.
Los sectores populares emergentes a las capas medias
modernas (el origen del bolivarianismo) en la
Constitución del 99, representan el último gran
esfuerzo de la élite para la construcción de Estado y
República modernos con inclusión social. 
Es muy probable que los constituyentes no percibían el
profundo conflicto que desataban al formular esa
Constitución. La búsqueda de incluir a las masas,
históricamente marginadas, en la construcción de una
sociedad de justicia, equidad....  representa el gran
detonante activado; lo revolucionario de este proceso,
además del enfrentamiento al imperio, radica en la
posibilidad abierta para que ese soberano,
inconsciente de serlo, irrumpiera en el espacio
público de la sociedad venezolana. Lo importante de la
élite constituyente fue colocar al pueblo en
condiciones de transformarse en actor. Rápidamente el
instinto de conservación de ciertas capas dirigentes
intentó burocratizar y fosilizar el proceso
constituyente, frenando la constituyente popular en
las diversas áreas de la vida del país. Pero el
proceso había sido desatado, con un líder, institución
y profeta a la vez (sólo posible en quien porta en sí
mismo la contradicción masa-no-moderna vs.
élite-moderna), impulsó la liberación de las fuerzas
históricamente reprimidas y los miles de hombres y
mujeres, víctimas de una historia de lucha,
encontraron las vías para desencadenar este proceso.
Es claro que un sinnúmero de contradicciones
aflorarían, entre las élites oportunistas, civiles o
militares, o simplemente académicas, o burocracias
enquistadas en el gobierno y las aspiraciones del
soberano desatadas. ¿Será que es posible que esa élite
moderna “revolucionaria” acompañe al pueblo, tal como
es, en su lucha, o el soberano terminará
irremediablemente enfrentado a la élite que desató
estos demonios? Este es uno de los principales
desafíos: encontrar las mediaciones entre la élite
moderna (en otro lenguaje diríamos, pequeño burguesa)
y las masas no modernas (las clases productoras y el
pueblo mestizo marginado), despertadas a asumir su
proceso, a su manera.

-	Los círculos bolivarianos son el mayor esfuerzo, en
la historia de Venezuela, buscando construir sociedad
y ciudadanía.
La profusión y magnitud del desarrollo de la
convocatoria hecha desde la Presidencia de la
República, para la construcción de los círculos
bolivarianos son la más importante iniciativa en la
Historia de Venezuela para la construcción de una
sociedad organizada. Es claro que la visión de
sociedad, para las decenas de miles de mestizos no
modernos, que hoy integran y articulan los círculos
bolivarianos no es la misma que la de los que manejan
la concepción de sociedad civil del lado de la élite.
Nuestra visión de sociedad no puede ser contradictoria
con nuestro modo de vida relacional, casi clánico y
basado en la convivencia. Eso hace difícil pensar en
una organización de los círculos en base a un
programa, sino mas bien, en algunas coincidencias en
torno a enemigos antinacionales y que atentan a su
modo de vida no moderna y a propuestas comunitarias.
Los sectores de este pueblo que han podido tener una
mayor inserción en el modo de producción industrial
(que fueron o son clase obrera) pueden ser los
portadores de la conexión entre la conciencia nacional
y la conciencia anti capitalista; pero la expresión de
sus formas de reacción y de lucha no van a estar nunca
desconectados de su modo de ser sociedad (clase)-en-la
relación.



El diálogo y la confrontación:
En el reconocimiento del país como multiétnico y
pluricultural (preámbulo de la Constitución) se
encierra el reconocimiento de esta problemática
planteada. Cualquier diálogo y búsqueda de
entendimiento entre las élites y las mayorías
(entiéndase aquí no sólo el diálogo entre la oposición
y el gobierno, sino también el diálogo entre la élite
gobernante y las mayorías) supone no sólo una
negociación de intereses económicos y políticos
diversos y muchas veces antagónicos, sino que es al
mismo tiempo un diálogo y negociación entre culturas.
La no comprensión de este hecho inviabiliza cualquier
diálogo y lleva irremediablemente a la confrontación,
donde se expresará la lucha de clases bajo la visión
de cada una de las clases, influyendo en las alianzas,
creando instrumentos, organización y formas de lucha
correspondientes a la visión que procede del mundo de
vida de las clases enfrentadas. Así como condiciona
también la realización de los planes económicos,
sociales y políticos que la élite gobernante quiera
conducir hacia las masas no modernas. Sólo la
participación protagónica, a la manera de las masas no
modernas, en la decisión, planificación, ejecución y
control de estos planes puede garantizar su
viabilidad.

Para un diálogo inclusivo o una confrontación
decisiva:

§	Es necesaria la autocomprensión de los imaginarios
propios y los de los otros, es decir, la
autoconciencia de las visiones de bienestar, ideal de
vida, visión de nación, estado y sociedad que tiene
cada cultura. El debate en torno a esas visiones en el
seno de las mismas culturas y clases sociales. Y la
discusión mutua sobre la viabilidad y posibilidad de
esos imaginarios en el mundo que somos, en la economía
que tenemos y en el modelo de desarrollo que podemos,
teniendo en cuenta la globalización que vivimos y la
inviabilidad para el mundo, para la mayoría de la
humanidad y de nuestro pueblo de ciertos modelos que
asumimos.
§	Es necesaria la autocomprensión de los propios
intereses y los de los otros, es decir, los que
provienen de nuestra posición en la generación de
riquezas, su distribución y equidad de oportunidades
en nuestro país. Cualquier diálogo o confrontación que
no busque y pueda superar la inequidad y el dominio de
unos sectores sociales o clases sobre otros, está
condenado a encontrarse ante las mayorías
empobrecidas, armadas de una conciencia cada vez mayor
de la necesidad de ser libres y no sometidos, a su
manera, no sólo políticamente, sino económicamente y
en el ámbito sociocultural.
§	Es necesario en el diálogo o la confrontación tener
como telón de fondo los intereses antinacionales
presentes y avasallantes permanentemente, a través de
múltiples mecanismos que encierran la economía, la
política, los medios de comunicación, la educación, la
cultura, es una gran oportunidad para unir a un pueblo
y a una nación en torno a elementos de soberanía
nacional cuya única posibilidad de realización es la
soberanía popular, que significa poner la conducción
del país en las manos de la mayoría, asumida según sus
intereses y su visión. Las minorías tienen que 
reconocer la legitimidad de esos intereses, asumiendo
una conciencia nacional confrontadora de los intereses
antinacionales y no buscando incluirse en ellos,
aceptando también que su diversidad cultural necesita
un diálogo y no una exclusión de la cultura de las
mayorías.

La intermediación y facilitación del diálogo: Es
imposible establecer un diálogo real en la sociedad
venezolana, a través de una supuesta representación en
las mesas de diálogo en Caracas, que será justamente
un diálogo entre las élites con la exclusión de las
mayorías. Las marchas y contramarchas son la expresión
del diálogo de las mayorías cuando este no tiene
canales para su realización. El diálogo debe incluir a
los diversos sectores, hasta los diversos rincones del
país. Tiene que ser un diálogo entre los actores en
base a la Constitución y buscando superarla en
aquellos aspectos que contradiga las aspiraciones de
las mayorías. Los trabajadores deben discutir con los
patronos lo que significa democracia participativa y
protagónica en la toma de decisiones de la empresa,
los alumnos y representantes en la escuela, los
campesinos y hacendados en la aplicación de la ley de
tierras…. Las mesas de diálogo deben ser la discusión
y realización de lo que significa una democracia
participativa y protagónica en todos los aspectos de
la vida de la población, es en definitiva,
desencadenar el proceso constituyente que fue
congelado por la confrontación artificial con el
Presidente por parte de las minorías. Y también
congelada la constituyente popular por la preservación
de ciertas burocracias enquistadas en el poder del
Estado. Este diálogo será siempre un diálogo entre las
diversas maneras de asumir, cada uno desde su cultura
lo que está escrito en esa Constitución. La
facilitación o intermediación para ese diálogo es
comprensiva, vive y asume en sí misma esta
confrontación (económica, política e
deológico-culturall) o se incapacita para serlo.



Néstor Miguel Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar

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"Aquel que no está orgulloso de su origen no valdrá nunca nada porque 
empieza 
por depreciarse a sí mismo".
Pedro Albizu Campos, compatriota puertorriqueño de todos los 
latinoamericanos.
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