[R-P] Globalismo y crisis financieras.

Nestor Gorojovsky nestorgoro en fibertel.com.ar
Dom Jul 28 09:50:26 MDT 2002


En un país tras otro, mientras se derrumban las acciones en la Bolsa 
de Nueva York, el sistema financiero y bancario latinoamericano se va 
revelando en su horroroso parasitismo. Ahora se da el caso mexicano 
(ver artículo de _La Jornada_ que se reproduce abajo). Ayer se dio el 
caso argentino, en estos momentos el uruguayo, en pocos días quizás 
salte la liebre por el Brasil mientras el Ecuador soporta en un año 
una inflación EN DÓLARES que supera el 100%...

Se trata acaso de un fenómeno de coyuntura? De un azar desafortunado? 
Para nosotros, no es así. Creemos, por el contrario, que esta 
coincidencia pone de manifiesto las tendencias más profundas del 
mundo "globalizado". Si la esencia del imperialismo ha sido el 
saqueo, la esencia del globalismo (etapa final, a mi entender, del 
imperialismo) es el pillaje financiero, o sea la defraudación y la 
estafa a nivel masivo.

Liberado de sus trabas por el derrumbe del sistema soviético, al cual 
consideraba como un competidor que debía ser aniquilado *más allá de 
sus obvias debilidades*, el sistema capitalista mundial (que no 
equivale a cada una de las formaciones capitalistas imperialistas ni, 
mucho menos, a las formaciones semicoloniales, pero que _da sentido 
al conjunto_) se lanzó a la captura de beneficios siguiendo el 
delirante método que, según explicaba Marx en _El Capital_, siempre 
está al acecho en el alma codiciosa de la burguesía: la 
transformación D-D' (dinero en dinero con más dinero) sin atravesar 
el complicado proceso implícito en la transformación D-M-D' (dinero a 
mercancías y luego a más dinero), y mucho menos el circuito 
"virtuoso" de D-M...P...M'-D' (dinero a mercancías, que se vuelcan a 
la producción de nuevas mercancías -es decir a la incorporación de 
energía humana a las mercancías viejas para obtener mercancías 
nuevas, con mayor valor incorporado- que posteriormente generan más 
dinero en el momento de ser vendidas).  

El delirio D-D' podríamos resumirlo, desde la conciencia de quien lo 
practica, según el siguiente esquema: "Nada de búsqueda de mercados, 
de conflictos en el sitio de trabajo, de realización del capital, de 
stocks congelados, nada de problemas: por la mañana tengo 100, por la 
noche tengo 120.  Qué hice en el medio? Un par de transacciones 
'afortunadas'.  Quién produjo esos 20 que yo tengo ahora y antes no 
tenía? Otro, porque lo único que hice yo es capturarlos tras pasar el 
cedazo. Ah, maravilla. Esto es vida.  Los tontos que trabajen en 
producir bienes, yo me encargo de recoger beneficios..."

En el fondo, el circuito D-D' constituye si no la clave de bóveda de 
la sociedad capitalista, sí su motor oculto íntimo, y obviamente 
constituye la _razón última de existencia_ (no necesariamente la 
función social exclusiva, y mucho menos la función social necesaria) 
del sistema financiero. Esto es tan evidente que incluso novelistas 
norteamericanos de derecha han sabido pintar ese universo centrado en 
la codicia (véase, entre otros, _La hoguera de las vanidades_) como 
el núcleo existencial de la vida de la burguesía moderna. Ya decía 
Marx, por lo demás, que el capitalismo norteamericano debía 
considerarse paradigmático porque en ese país lo importante no era 
"la ganancia", sino _el mero hecho de ganar_ . 

Ahora bien: en la medida que el sistema capitalista -en los países 
centrales- se enfrenta sistemáticamente a la contradicción entre la 
expansión incesante de la capacidad productiva, por un lado, y la 
expansión -_necesariamente_ más lenta, a largo plazo- de la capacidad 
de consumo masivo, busca aceitar esa contradicción fuera de esos 
países centrales. Esto es el ABC de la teoría del imperialismo 
propuesta por Lenin. No voy a entrar en los detalles.

Sí me interesa, sin embargo, entrar en un aspecto particular del 
asunto: la tendencia al parasitismo financiero de las metrópolis a 
crecer sistemáticamente al mismo ritmo con que se va saturando la 
demanda efectiva en el sistema en su conjunto. Este fenómeno, que ya 
se había comprobado en Inglaterra o Francia a fines del siglo XIX, 
reapareció, con fuerza centuplicada, en los Estados Unidos que, tras 
la caída del Muro, quedaron dueños del planeta. 

La caída de las bolsas (el estallido de las "burbujas") nos dice, 
simplemente, que todas las inversiones hechas en los últimos veinte 
años se van asfixiando en las propias condiciones de distribución de 
la riqueza que exigen _para ser rentables_. Se esfuma el fantasmal 
sujeto de la operación que cierra el ciclo D-M-D': quien compre otra 
computadora más, otro teléfono celular, un nuevo par de zapatillas 
fabricado en condiciones de semiesclavitud. Por lo tanto, la búsqueda 
de ganancias se orienta a los mercados financieros. Pero al hacerlo 
solamente puede realizarse _si de algún lado, que no son los propios 
mercados financieros, afluye riqueza producida por otros_. Cada 
burbuja que estalla demuestra que este planteo esencial de la teoría 
objetiva del valor se mantiene incólume.

Para no asfixiar más aún los mercados de los países centrales, que ya 
están bastante ahogaditos, buena parte de la riqueza tiene que salir 
de los países periféricos. Durante los períodos de competencia con el 
bloque soviético, el mecanismo preferido era el del "imperialismo 
industrializador", que aseguraba la extracción de plusvalía por medio 
de la inversión productiva. Pero como las condiciones de realización 
de la producción en la periferia son más asfixiantes aún que las 
imperantes en los países centrales (en el fondo, la producción 
imperialista no es más que una generalización, _avant la lettre_, de 
la maquila mexicana), esos mercados generan escasa plusvalía para 
alimentar al monstruo.

De allí que, una vez caído el enemigo oriental, el capital 
imperialista se haya lanzado a devorarse a dos carrillos todo el 
capital acumulado en la periferia bajo las condiciones más complejas 
del "mundo bipolar". En los países periféricos la "privatización" (en 
rigor, entrega ignominiosa) del capital social, las políticas de 
seguro de cambio, cambio fijo o Banco Central independiente, los 
"ambientes favorables" a la inversión financiera, representan el 
mecanismo de saqueo más obvio que jamás se haya visto. Una vez 
agotado el festín "material" (ruina o adquisición de empresas 
competidoras, robo liso y llano de empresas de propiedad pública) 
queda el festín "virtual": la confiscación de la riqueza acumulada en 
forma de dinero, en manos de particulares. Eso es lo que ha sucedido 
en la Argentina. Cuando ya no quedaba "nada por vender" (en rigor, 
nada "por robar") se recurrió a los depósitos de los particulares y 
al capital de trabajo de las escasas empresas locales. Eso es lo que 
va a suceder en todos lados, si no tenemos antes una revolución.

Pueden darse contraejemplos, claro. Está el régimen miserable pero 
sensato de la oligarquía chilena y la Concertación, que puso freno, 
después de una experiencia desastrosa, a la circulación de capitales 
golondrina. Pero el modelo no puede generalizarse al conjunto de las 
sociedades periféricas (y esto no significa, por supuesto, que sea un 
modelo envidiable, ni tampoco que sea un modelo _estable_: pero es 
cierto que, al menos en el plano de las apariencias, es un modelo 
"menos saqueador"). 

El problema es que solamente puede existir en forma localizada.  La 
relación entre el modelo chileno y el conjunto del Tercer Mundo es, 
mutatis omnia mutandis, la que existe entre el capitalismo 
escandinavo y el conjunto del sistema capitalista mundial. Este 
último se caracteriza, con una obviedad ensordecedora, por el robo, 
el saqueo, la defraudación y la estafa.  Pero es precisamente por tal 
obviedad que pocos se atreven a llamarlas por su nombre (y prefieren 
ocultarlo bajo el más pudoroso de "globalización", como quien dice 
"calentamiento global"). Pero se trata de eso, de saqueo y de 
pillaje. Durante una década larga, el imperialismo ha alimentado su 
sed de ganancias masticando aquello que le ha ido robando a otros. El 
caso argentino es el más paradigmático, pero en modo alguno el único: 
en el fondo, la experiencia del "corralito" financiero no hace sino 
reflejar, dramáticamente, la contradicción fundamental del régimen 
imperialista, la contradicción entre las necesidades de ahorro de 
economías centrales _sin capacidad de ahorro_ como la de EE.UU., por 
un lado, y los requisitos -aún los más elementales requisitos- de la 
acumulación en un país periférico. 

Las actuales dificultades del mercado bursátil norteamericano no 
hacen sino demostrar que NI SIQUIERA EL SAQUEO DESENFRENADO LES 
ALCANZA. De allí el Incendio del Reichstag Versión New York (más 
conocido como 11 de setiembre), de allí la creciente militarización 
de la política mundial, de allí la iracunda insolencia de la 
conducción norteamericana de los asuntos mundiales. Pero también de 
allí, sin embargo, el incesante aflojamiento de las cadenas 
planetarias de la dominación norteamericana (que ya se ven no sólo en 
la aparición del euro, sino particularmente en el Extremo Oriente, 
donde más allá de la incompatibilidad de sus respectivos sistemas 
económicos y sociales Japón, la India y la China se están moviendo, 
conjuntamente, para zafar lentamente del abrazo mortal del dólar).

Y entre nosotros, en América Latina, también comienzan a verse los 
primeros atisbos de un reverdecer. Terrible reverdecer, en medio de 
la mayor devastación que jamás hayamos sufrido. Pero inevitable, y si 
sabemos obrar, quizás esta vez sea definitivo e invencible. El nuevo 
escenario mundial, con los norteamericanos reconcentrados en sus 
propias crisis, puede llegar a servirnos para sacudirnos el yugo 
imperial.

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De la lista nuestramerica en yahoogrupos.com.mx:

De: "Dr. Guillermo Cohen DeGovia" <cohen-degovia en cohenpage.com  
Asunto: MÉXICO: LA UTILIDAD DE LA BANCA

  Editorial de "LA JORNADA" 
  LA UTILIDAD DE LA BANCA
  Mientras el país experimenta fuertes presiones y limitaciones
  originadas por la crisis financiera global y por los complejos
  problemas estructurales y coyunturales que enfrenta la economía
  nacional, la banca mexicana reportó, en el primer semestre del año,
  utilidades por 10 mil 728 millones de pesos, es decir, 8.1 por
  ciento más que en el mismo periodo de 2001. 

  En situaciones de prosperidad económica, tal nivel de beneficios
  constituiría un indicador auspicioso del crecimiento general del
  país; sin embargo, las ganancias de las entidades bancarias
  provienen sustancialmente -al margen de la rentabilidad, todavía
  reducida, propia de su actividades- de las millonarias
  transferencias que el gobierno federal les ha canalizado por
  concepto de intereses sobre los pagarés del Fobaproa. Según datos 
de
  la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, los bancos recibieron
  del IPAB, entre enero y mayo pasados, 14 mil 246 millones de pesos.
  En pocas palabras, la banca mexicana vive prácticamente a expensas
  de los contribuyentes y consume recursos que deberían ser 
destinados
  a incrementar la infraestructura nacional y el bienestar social de
  los mexicanos. 

  Por añadidura, los resultados favorables de la banca no han tenido
  un correlato en el incremento del crédito a las actividades
  productivas. Por el contrario, en el primer semestre de 2002, los
  bancos han destinado al desarrollo económico nacional recursos 
mucho
  menores que en el mismo periodo del año pasado: 11.9 por ciento
  menos en el ámbito del financiamiento total al sector privado, 15.4
  por ciento menos al crédito para vivienda y 17.9 por ciento menos 
al
  apoyo de la actividad empresarial. En conjunto, los datos indican
  claramente que las entidades bancarias mexicanas, la mayoría de
  ellas en manos extranjeras, han dado la espalda al país mientras
  llenan sus arcas con fondos fiscales. 

  En este contexto, la negativa de Banamex, BBVA-Bancomer, Banorte y
  Bital a someterse a las auditorías que establece la ley del IPAB
  para mantener la entrega de recursos por concepto de intereses del
  Fobaproa resulta escandalosa. Dado que tales indagaciones pretenden
  identificar créditos irregulares que deberían ser pagados por los
  banqueros y no por los ciudadanos, la resistencia de estas 
entidades
  bancarias a ser investigadas a fondo constituye un nuevo abuso
  contra la nación. No conformes con los inmensos beneficios que les
  reporta el ilegal rescate bancario, los bancos pretenden seguir
  lucrando del erario público sin apostar equitativamente por el
  desarrollo nacional y manteniendo en la oscuridad sus pasivos
  fraudulentos. 

  Ante tales circunstancias, es claro que el país no puede permitirse
  mantener un esquema de saneamiento bancario que desangra los
  recursos nacionales y sólo beneficia a unos cuantos privilegiados.
  ¿Por qué los mexicanos deben seguir padeciendo insuficiencias en
  materia de alimentación, educación, salud, vivienda y servicios
  públicos mientras el IPAB engorda a los bancos con miles de 
millones
  de pesos? 

  Mientras perduren tales desequilibrios, ningún gobierno de México
  podrá demostrar suficientemente y más allá de los discursos su
  compromiso con la democracia, la justicia y el desarrollo nacional. 




Néstor Miguel Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar

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"Aquel que no está orgulloso de su origen no valdrá nunca nada porque 
empieza 
por depreciarse a sí mismo".
Pedro Albizu Campos, compatriota puertorriqueño de todos los 
latinoamericanos.
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