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Labaké envía su mensaje semanal Nº 177



27-07-02



Cuando al limón se le termina el jugo


Por Juan Gabriel Labaké



Durante el año 1999, acometí la aventura de editar un periódico quincenal:
“RECONQUISTA del poder nacional y popular”. Me ayudó un grupo de argentinos
de buena ley y gran capacidad. Por supuesto, lo hicimos todo a pulmón. En el
número de la segunda quincena de mayo de ese año, dijimos en la editorial:



(El presidente Menem) “ha caminado y camina, al parecer sin darse cuenta,
hacia el abismo (nos referíamos a su terquedad en buscar la re-reelección).
Ceguera. Sólo ceguera. La misma ceguera que demostró al acostarse con la
serpiente, creyendo que el Imperio y las multinacionales lo protegerían como
a un amigo, aún cuando ya le hubieran sacado todo el jugo que ambicionaban.
Quizás algún periodista de un diario ‘serio’ vuelva a llamarlo ‘capicúa’,
como en 1989, o lo bautice como ‘limón exprimido’ en lugar de ‘señor
presidente’.”



Hace un par de meses, Menem viajó a EEUU para proclamar su pre-candidatura
presidencial abrazado a Bush (alguno de ellos, el que fuere: padre o hijos),
como cuadra a quien practica desde hace 14 años las mismas relaciones
carnales desde abajo… del mapa. Sólo logró una foto de compromiso con el
padre (que ya está en desuso). El resto lo hizo una prensa complaciente que,
creyendo en el apoyo de los amos, se apresuró a proclamar a Menem como
virtual ganador en noviembre y en marzo próximos. Ese mismo truco hizo creer
a muchos argentinos que  odian a Menem que, aún  cuando tiene una
ilevantable mala imagen y nadie o casi nadie quiere votarlo, éste volvería
triunfante a la Casa Rosada.



Pero, tanto Menem, como la prensa complaciente y los argentinos que temieron
el regreso de ese “peronista” que se abrazó con Isaac Rojas y se asoció con
la familia Alsogaray, olvidaron que, cuando el Imperio le saca todo el jugo
a alguien, lo tira a la basura como limón exprimido. Desde el panameño
Noriega hasta Osama Ben Laden han experimentado esa amarga medicina: quien
trabaja para el Imperio termina despreciado y perseguido por sus antiguos
amos.



Esta semana, en la Argentina y en el mundo entero, muchos han despertado a
la realidad. El diario más influyente de EEUU se encargó de publicar (o
re-publicar), en primera plana y con un gran título, una vieja y ya conocida
noticia sobre las andanzas (una de tantas) de Menem.  No fue una primicia,
sino un tiro mortal contra el limón exprimido.



Al Imperio no le gustan los limones que ya no tiene jugo para darle. Menem
aún no se da por enterado. Se acostó con la serpiente. Ahora paga las
consecuencias de su necedad. ¡Buena lección para tantos aprendices de Menem
que han presentado su candidatura por fuera y por dentro del PJ! Si tuvieran
un poco de sensatez y amaran a su Patria en una mínima medida, deberían
vencer ese temor selvático que se apodera de ellos a la hora de desobedecer
al Imperio que los “programa” y los financia. Ese acto elemental de coraje y
patriotismo les podría valer la pérdida del favor de la prensa complaciente
y, en varios casos, algunos millones que se quedaron pegados, como al pasar,
en sus bolsillos. Pero los redimiría ante la historia y ante su pueblo. De
otra forma, terminarán, igual que su maestro y modelo, en el tarro de la
basura, como limones exprimidos.



Igual suerte corrió Alberto Fujimori, en Perú. Fue el mejor alumno de EEUU
cuando persiguió a la guerrilla hasta exterminarla sin  muchos miramientos.
También lo fue cuando cumplió diligentemente los planes de Washington de
diezmar la población hambrienta del Tercer Mundo, para que no perturbara el
festín de los países ricos.



En 1998 escribí los originales de un libro que ninguna editorial (todas las
grandes de la Argentina, sin excepción, cayeron en manos extranjeras) ha
querido editar desde entonces. Lo titulé “El ocaso de los dioses”, en
alusión a la última ópera de una serie de cuatro compuestas por Richard
Wagner, conocida como “El anillo del nibelungo”. En ese libro trazo un
diagnóstico y un pronóstico sobre las consecuencias de estos 20 años de
neoliberalismo de capitalismo salvaje en el mundo entero: desde la
contrarrevolución conservadora de Thatcher y Reagan, hasta la actualidad. En
el capítulo “La soberbia racial crea una hoguera”, describo la atrocidad que
estaba cometiendo Fujimori con su campaña de esterilización de mujeres y
hombres pobres (indígenas siempre) en Perú. Vayan algunos botones de
muestra:



“En 1995, Fujimori anunció una campaña para reducir la pobreza en Perú…
esterilizando mujeres y hombres pobres. En Perú no habría más pobreza, ni
pobres… ¡Se los mataría por decreto!



Con el amparo y la recompensa oficial, médicos y enfermeras se lanzaron a la
caza de mujeres fértiles para esterilizarlas. Un ligamiento de trompas era
recompensado con dos vestidos, un poco de comida y la promesa de recibir más
en el futuro. La que se negaba, era eliminada de los planes de asistencia
social del Estado.



En 1995 se ligaron las trompas de 10.000 peruanas; en 1996, las de 30.000, y
en 1997, las ‘beneficiadas’ sumaron 110.000. Varias murieron por las pésimas
condiciones en que eran  ‘operadas’. Gracias a todo ello, en 1997 nacieron
26.000 indios pobres menos en Perú.”



Esta semana, el gobierno se Perú ha denunciado al ex tirano de ese país por
aquellas patrañas repudiables. Me parece muy bien. Los genocidas deben ser
perseguidos y castigados duramente. Lo que sorprende es que tal genocidio
fue denunciado públicamente (no sólo por mí) hace cuatro o cinco años.
Recién ahora los “descubren”. Mientras sirvió al Imperio (tanto en la lucha
contra la cruel guerrilla maoísta, como en el exterminio de indios pobres
que pretendían comer apenas nacieran),  Fujimori fue un demócrata ejemplar,
según la óptica del Imperio. Ahora ya no les sirve.



Viene al caso aquella historia de Franklin Delano Roosvelt. En 1938, un
colaborador de Roosvelt lo puso al tanto de las barbaridades que estaba
cometiendo uno de los tantos dictadorzuelos latinoamericanos al servicio de
EEUU. Roosvelt lo escuchó y luego dijo: “Es cierto, ese general es un h. de
p., pero es nuestro h. de p., hay que protegerlo”. Nadie sabe cómo terminó
el h. de p. cuando dejaron de protegerlo…



La historia sigue siendo la misma: Menem, Fujimori y todos los que claudican
y se corrompen a pedido del Imperio, tarde o temprano terminan y terminarán
siempre como limones exprimidos.



Quienes nos ponemos de pie para construir o reconstruir nuestra Patria y
devolver la felicidad a su pueblo, podremos sufrir privaciones, escarnio y
el silencio asfixiante de la prensa grande y “seria”, pero nunca iremos a
parar a ningún basurero. Siempre podremos caminar por las calles y rutas de
la Argentina con la cabeza erguida y mirar a nuestros hijos, nietos y
compatriotas de frente, como miran los hombres de bien. De eso se trata
ahora.



Buenos Aires, 27 de julio de 2002



Juan Gabriel Labaké















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