[R-P] Alberto Castillo

Julio Fernández Baraibar julfb en alternativagratis.com.ar
Mie Jul 24 03:26:35 MDT 2002


Ha muerto Alberto Castillo. El cantor "grasa", el de los enormes nudos
en la corbata, el ídolo de la plebe peronista entre  el 45 y el 55, ha
muerto.
Una sola cosa me llena de satisfacción. Murió muchos años después que
Julio Cortazar, quien se fue a vivir a Paris, según su propia confesión,
para no oir los tangos de Alberto Castillo. Pero antes, otra situación
me había llenado de satisfacción histórica. Fue cuando Alberto, lo que
quedaba de aquel cantor, que según Anibal Troilo, jamás desafinó una
nota, cantó ante una multitud pequeño burguesa en la plaza Julio
Cortázar.
Escuchar sus grabaciones con Ricardo Tanturi sigue siendo una
experiencia estética inigualable. Tenía una voz privilegiada. Tenía una
entonación que nadie pudo igualar. Y, repito con Pichuco, jamás, ni de
viejo, erró una nota.
Vengo del velorio, merecidamente realizado en la Legislatura de la
ciudad a la que le cantó los cien barrios porteños. Eran las cinco de la
mañana y la guardia de honor de Alberto eran unos 25 pibes y pibas de 18
años de edad. Esa era la gente que se merecía. Esa era la gente que
volvió a descubrir a un artista popular sin igual. Los Autenticos
Decadentes lo sumaron a su "Siga, siga , siga el baile, al compás del
tamboril" y, me consta porque tuve la oportunidad de entrevistarlo en
aquella época, Alberto estaba feliz de seguir cantando a su manera con
las nuevas generaciones.
Lo vi y lo escuché muchas veces en estos últimos años. Seguía, ya con
voz escasa, sin desafinar una nota.
Nadie, pero nadie ha cantado Ninguna, de Dames y Manzi, como Alberto
Castillo. Quien dude de su valor que escuche ese tango. Castillo lo ha
convertido en un "lied" porteño.
Su voz, su estilo, su repertorio nos lleva a una época gloriosa de la
Argentina. Su fama es, simplemente, la aparición de los trabajadores
como demanda cultural. Alberto Castillo se lleva con él la mejor
Argentina. La de la prepotencia de los trabajadores. La de los grasas
con poder adquisitivo. La Argentina cuya norte era la grandeza de la
nación y el bienestar del pueblo.
Nunca podré escuchar El Pescante cantado por Alberto Castillo sin
emocionarme.
Nunca podré olvidarme de un cantor popular que murio a los 87 años,
muchos años después de Julito Cortázar.
Esto último me compensa la pena de ver a Alberto en el jonca de pino,
con el cuello de la camisa grande, con el nudo de su corbata exagerado.
"Está igual", me dijo el Tigre, un gomía de la milonga. Claro, vivió
todo lo que quiso. Fue leal a su gente y amó lo que hacía.

Julio Fernández Baraibar
julfb en sinectis.com.ar




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