[R-P] América Latina en la geopolítica del terror

Nestor Gorojovsky nestorgoro en fibertel.com.ar
Jue Jul 11 06:16:54 MDT 2002


Una prolija descripción. No hay muchas novedades, pero está 
ordenadito y por lo tanto resulta útil.  De la lista "Revolución 
bolivariana".
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9 de julio del 2002

              América Latina después del 11 de septiembre

                        El macartismo planetario

Carlos Antonio Aguirre Rojas
Masiosare

Desde hace tres décadas, sostiene el autor, Estados Unidos ha entrado 
en un proceso de decadencia económica, política y social. La única
supremacía aún incontestada que le queda es la militar. Puesto que el
vecino país del norte está perdiendo la guerra económica frente a 
Europa y Japón, ha decidido afianzar su control económico sobre 
América Latina, concebida ahora como su espacio de dominación en 
términos de expansión de sus mercados, de inversión de sus capitales 
y de suministro seguro de materias primas para su economía. En este 
contexto, Estados Unidos ha acelerado el paso al proyecto del Area de 
Libre Comercio de las Américas y ha inyectado más recursos al Plan 
Colombia

A VARIOS MESES del trágico suceso del pasado 11 de septiembre, 
resulta claro que uno de sus efectos principales ha sido el de 
provocar un cambio profundo en cuanto al diseño global que Estados 
Unidos intenta imprimirle al sistema del equilibrio general de la 
geopolítica mundial. Pues con su impacto profundo, ese 11 de 
septiembre ha generado la acentuación de la alternativa militarista y 
macartista que, desde hace varios lustros, venía siendo impulsada con 
distinto éxito por ciertos grupos económicos estadunidenses ligados a 
los intereses de su propio complejo industrial–militar.

Desde hace tres décadas, Estados Unidos ha entrado en la fase de
decadencia de su rol como potencia hegemónica del capitalismo 
mundial, siendo cada vez más superada en la guerra económica por 
Japón y Europa Occidental. Y en estas circunstancias de repliegue 
económico, la única supremacía aún incontestada que le queda a 
Estados Unidos es su liderazgo como primera potencia militar del 
planeta, lo que explica que algunos sectores conservadores de sus 
clases dominantes hayan tratado de compensar este irrefrenable 
proceso de decadencia económica, política y social, con la 
ostentación amenazante de este liderazgo militar en todo el mundo.

Pero dado que ese complejo industrial militar no es toda la economía 
de Estados Unidos, su éxito ha sido muy diverso, imponiéndose en los
gobiernos de Reagan, Bush padre y Bush hijo, para replegarse bajo los
gobiernos de Carter o de Clinton, por ejemplo. El 11 de septiembre ha
venido a otorgarle a dicha opción guerrerista un efímero contexto
particularmente propicio para su despliegue. Asistimos a una clara
contraofensiva macartista planetaria, encaminada a reconstruir todo 
el equilibrio de fuerzas de la geopolítica mundial en beneficio de 
ese complejo industrial militar norteamericano.

Proyecto macartista global que explica tanto la injusta masacre de 
las poblaciones afganas o la intensificación terrible del conflicto
árabe–israelí, como la posible intervención militar en Irak o el
hostigamiento a los países del supuesto "eje del mal". Pero también 
los fenómenos recientes en Latinoamérica, desde la dura crisis de la
economía argentina o las agresiones injustas de Estados Unidos y 
México contra Cuba, hasta el golpe de Estado en Venezuela, el fin de 
las pláticas de paz en Colombia o la parálisis consciente del 
gobierno mexicano frente a Chiapas.

Contraofensiva macartista que se despliega de manera desigual a lo 
largo y ancho del mundo. Porque en el Lejano Oriente, Estados Unidos 
no puede intervenir demasiado, ya que esta zona está hoy controlada 
por Japón, uno de sus rivales económicos. Entonces, a pesar del temor 
que le inspira el papel cada vez mayor de China, Estados Unidos se 
limita aquí a amenazar a futuro, hostilizando a Corea del Norte y 
apoyando de modo incondicional a Taiwán.

Tampoco parece factible una intervención más activa en Europa o 
Rusia, luego de la abierta intervención en Kosovo, y en virtud de que 
Europa es el segundo gran rival económico de Estados Unidos, mientras 
que Rusia aún posee el segundo mayor arsenal militar. Ahí, la 
presencia norteamericana, sólo abarca las presiones constantes por 
revitalizar a la OTAN –es decir, mantener el dominio sobre los 
ejércitos de Europa Occidental–, y el apoyo incondicional de 
Inglaterra.

Africa tampoco parece interesarle mucho a Estados Unidos, dada su 
enorme pobreza, y el hecho de que décadas de guerras parecen haberla 
dejado prácticamente exhausta.

Frente a estas vastas zonas de intervención acotada Estados Unidos ha
decidido concentrar hoy esos esfuerzos macartistas en dos zonas de
intervención activa y permanente: en primer lugar la zona del Cercano 
y Medio Oriente, y en segunda instancia en América Latina. La primera 
zona constituye un espacio vital para la declinante economía 
norteamericana en razón de su enorme riqueza petrolera. Lo que 
explica que Estados Unidos haya masacrado a Afganistán, azuzado y 
apoyado a Israel contra Palestina, atizado el conflicto entre 
Pakistán e India y amenazado con una nueva intervención en Irak.

Rompiendo los frágiles equilibrios que existían antes ahí, Estados
Unidos ha configurado al Medio y Cercano Oriente como su primera zona 
de intervención activa, creando a mediano plazo una bomba de tiempo 
de enormes proporciones, cuya magnitud se manifiesta ya de un modo 
terrible en los recientes sucesos del conflicto árabe–israelí.

América Latina en la geopolítica actual

La segunda zona de intervención inmediata y activa de Estados Unidos 
es América Latina. Aquí, después del 11 de septiembre, se ha 
comenzado a desplegar una ofensiva para rearticular la subordinación 
de América Latina; lo que explica que Estados Unidos ha acelerado su 
impulso al proyecto del Area de Libre Comercio de las Américas 
(ALCA), que debe crear el nuevo mecanismo económico para la 
regulación y control, por parte de Estados Unidos, de América Latina.

Puesto que Estados Unidos está perdiendo la guerra económica frente a
Europa y Japón, ha decidido afianzar su control económico sobre 
América Latina, concebida ahora como su espacio de dominación 
incontestada en términos de expansión de sus mercados, de inversión 
de sus capitales, y de suministro seguro de materias primas para su 
economía.

El ALCA representa la creación de ese espacio en donde habrán de
venderse, en gran escala y en todos los mercados latinoamericanos, la
creciente masa de mercancías que ya no encuentra salida, ni en el
mercado interno norteamericano, ni en sus antiguos mercados europeos 
y asiáticos, dominados hoy por sus grandes rivales. Lo que, sin 
embargo, ignora el hecho de que las posibilidades de absorción de 
esas mercancías dentro de estos mercados latinoamericanos están 
limitadas por la pobreza y polarización crecientes de nuestras 
economías, y por la estrechez relativa y la fragilidad permanente de 
nuestros mercados internos.

Lo mismo sucede con el flujo de capital excedente norteamericano, que 
al verse desplazado por el capital japonés o europeo de sus 
anteriores destinos en Asia, Rusia y Europa, comienza a dirigirse de 
nuevo hacia América Latina, en donde exige ciertas condiciones de 
seguridad, rentabilidad y ausencia de conflicto social, que son 
justamente parte de las regulaciones y acuerdos del ALCA.

En tercer lugar, el ALCA pretende redefinir los términos de lo que 
deben ser en el futuro las actividades económicas prioritarias de 
América Latina, concebidas en función de los intereses 
norteamericanos. Pues si Estados Unidos nos invade con sus capitales, 
para crear inmensos corredores de industrias maquiladoras en toda 
América Latina, y si su industria es la que alimenta masivamente a 
nuestros mercados de bienes intermedios y finales, entonces es 
previsible una retracción de nuestras plantas industriales en toda 
América Latina, junto a una promoción al primer plano, de nuestras 
agroindustrias y ramas productoras de materias primas. Así, nuestra 
tarea será la de seguir produciendo materias primas baratas para la 
economía norteamericana, como lo hemos hecho durante 500
años para los sucesivos centros hegemónicos del capitalismo mundial.

Por último, este ALCA también pretende regular los cada vez mayores
flujos de fuerza de trabajo latinoamericana que migran hacia Estados
Unidos. Se trata de imponer cantidades, tiempos, condiciones y
modalidades a ese flujo migratorio que hoy se da de manera creciente,
para adecuarlo a las exigencias del asimétrico y desigual mercado de
trabajo norteamericano. Regulación que dada la creciente polarización 
y pobreza de América Latina, difícilmente podrá tener éxito.

Es sobre este telón de fondo económico de la imposición unilateral 
del ALCA a América Latina, que se explican varios de los sucesos 
recientes de nuestra historia latinoamericana.

La imposición en América Latina

A esta luz, la crisis argentina se revela también como el intento
norteamericano de sabotear las posibilidades futuras del MERCOMUN de
América del Sur –proyecto alternativo y opuesto al ALCA–, demostrando 
a la par el poder incrementado y las nuevas funciones 
intervencionistas que le están siendo asignadas al FMI y al Banco 
Mundial. Estos organismos financieros, junto con Estados Unidos, han 
dejado avanzar y hasta promovido la actual quiebra de la economía 
argentina, en una tendencia que asesta un golpe durísimo al MERCOMUN 
de América del Sur y depura en cierta medida a esa economía de la 
presencia de capitales europeos, preparando su sometimiento total a 
las expoliadoras condiciones que el FMI quiera imponerle.

Porque el lugar que ahora abandonan los capitales españoles o
canadienses en Argentina, será mañana ocupado por los capitales de
Estados Unidos o por los préstamos del FMI. Al mismo tiempo, la
dramática situación de la economía argentina, que desde finales del 
2001 se ha hecho evidente, es utilizada por Estados Unidos como 
demostración del enorme poder que tendrá en el futuro el FMI, el que 
ahora se da el lujo de regatear el otorgamiento de los 15 mil 
millones de dólares que necesita con urgencia Argentina, para 
relanzar inicialmente su economía. 

Y mientras a Argentina se le regatean hoy 15 mil millones de dólares,
dejándola hundirse e imponiéndole durísimas condiciones, a México le
fueron otorgados, hace pocos años, 50 mil millones de dólares para
paliar una crisis de la economía que habría podido llevar a México a 
un escenario similar al que hoy vive Argentina. ¿Por qué se salvó a 
México y se deja caer a Argentina? Porque México, a cambio de esos 50 
mil millones de dólares ha empeñado todo su petróleo a Estados 
Unidos, lo que Argentina no puede hacer. Y México tiene una frontera 
de 3 mil kilómetros con Estados Unidos, que se volvería inexistente 
frente a una crisis similar a la argentina, desencadenando un flujo 
migratorio de México a Estados Unidos de proporciones incalculables. 
También, porque esa crisis mexicana se presentó antes del rediseño 
macartista, belicoso y prepotente que hoy caracteriza al 
intervencionismo norteamericano en el mundo.

El FMI y Estados Unidos están usando a Argentina como ejemplo del 
riesgo que corren los países latinoamericanos que no se sometan a sus 
dictados. Y están también las presiones que Estados Unidos ejerce 
sobre Brasil, país que se ha opuesto más abiertamente al ALCA, 
insistiendo en negociar con más detalle y punto por punto sus 
distintos rubros, reglas e implicaciones. Brasil es la economía más 
grande, importante y avanzada de Latinoamérica y sería la más 
afectada por la imposición unilateral del ALCA, que pondría en jaque 
a toda su planta industrial, desmantelaría ramas económicas hoy 
rentables, incrementaría masivamente el desempleo y amenazaría con 
acelerar más la desigualdad económica.

La voluntad norteamericana de acentuar el dominio económico y
geopolítico sobre América Latina es también la que lo ha llevado a
presionar al gobierno colombiano para romper las pláticas de paz con 
la guerrilla, amenazando con una futura intervención militar 
estadunidense. Inyectando así más recursos al Plan Colombia, lo que 
Estados Unidos pretende es aumentar su control y supervisión del 
hiperlucrativo negocio del narcotráfico colombiano, a la par que 
reconquista el sur de Colombia, puerta de entrada al Amazonas y zona 
de una riqueza biótica extraordinaria, codiciada por las industrias 
farmacéuticas norteamericanas. Reimposición hegemónica en Colombia, 
que se fortalece con el futuro gobierno del derechista Alvaro Uribe, 
presidente recién electo.

Lógica de reordenamiento geopolítico de América Latina, que subyace
también al fallido reciente golpe de Estado en Venezuela. Golpe que 
se explica como respuesta al suministro venezolano de petróleo a Cuba 
y a los trabajos de cabildeo de Hugo Chávez entre los países 
productores de petróleo del Tercer Mundo, encaminados a revalorar el 
precio de ese petróleo en el mercado mundial. Pero también a sus 
intentos mediadores en Colombia y a su retórica política, demasiado 
"independiente" para los criterios de los grupos militaristas hoy 
dominantes en la Casa Blanca. 

Y a pesar del carácter contradictorio de ciertas posiciones de 
Chávez, y de ciertos rasgos suyos muy autoritarios, no hay duda de 
que ha sido el importante respaldo popular del que aún goza, el que 
ha revertido y anulado ese golpe de Estado, montado con el 
beneplácito de Estados Unidos.

Este mismo intervencionismo norteamericano es el que lo ha llevado a
lanzar la reciente ofensiva múltiple contra Cuba, que abarca desde 
las acusaciones de bioterrorismo hasta las ofensas abiertas del 
gobierno de México a Fidel Castro, pasando por la demanda de 
"reformas internas" de Bush Jr. al gobierno cubano, y por la extraña 
provocación que representa la ubicación de presos talibanes en 
Guantánamo. 

Y en todo este proyecto de reordenamiento geopolítico de América 
Latina, México ha sido el aliado incondicional de Estados Unidos, 
impulsando el Plan Puebla-Panamá, defendiendo enérgicamente el ALCA, 
y siendo un simple agente sometido, encargado de llevar adelante el 
hostigamiento diplomático en contra de Cuba.

Estados Unidos intenta, por enésima vez, aislar a Cuba dentro del
concierto internacional, tratando de deslegitimar a un gobierno y a 
un 
pueblo que, por más de 40 años, han mantenido una posición de 
soberanía 
radical y de abierta independencia frente a ese rediseño 
norteamericano 
de la geopolítica mundial. Soberanía e independencia de las que, en 
cambio, 
México ha abdicado vergonzosa y voluntariamente frente a Estados 
Unidos, 
con las nuevas políticas de relaciones internacionales instauradas a 
partir de diciembre del año 2000.

* Instituto de Investigaciones Sociales, UNAM

Néstor Miguel Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar

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Compañeros del exercito de los Andes. 

...La guerra se la tenemos de hacer del modo que podamos: 
sino tenemos dinero, carne y un pedazo de tabaco no nos 
tiene de faltar: cuando se acaben los vestuarios, nos 
vestiremos con la bayetilla que nos trabajen nuestras mugeres, 
y sino andaremos en pelota como nuestros paisanos los indios: 
seamos libres, y lo demás no importa nada...

Jose de San Martín, 27 de julio de 1819.

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