[R-P] Cafiero torturador?
Julio Fernández Baraibar
julfb en alternativagratis.com.ar
Lun Jul 1 21:38:00 MDT 2002
La situación de nuestro país no puede ser más paradójica.
En términos estrictamente objetivos, el resultado de la maniobra montada
por el establishment, con el objetivo de iniciar una ola represiva de
las distintas formas de expresión popular en curso, fracasó, entre otras
cosas por una enorme torpeza, propia de quienes se mueven, en general,
con absoluta impunidad.
Creo que el fracaso ha sido tan estrepitoso que el primer resultado
político ha sido el elevar al cargo de jefe de la Policía Bonaerense ni
más ni menos que a una expresión indirecta, pero reconocida, de los
sectores más moderados del propio movimiento piquetero: Juanpi Cafiero.
No estoy diciendo con esto que el hijo menor de Antonio Cafiero esté
integrado o forme parte de los piqueteros. Pero es la personalidad más
cercana a los piqueteros que el sistema puede aceptar. Ha sido el hombre
que, desde su cargo en Acción Social, mantuvo en todo momento un
contacto con los piqueteros, en época del hoy lejano y afortunadamente
olvidado De la Rúa y que es elegido por Solá -no se olviden, convertido
en gobernador de la decisiva provincia de Buenos Aires por la huida del
inepto y reaccionario Ruckauf, sin poder propio y que de pronto, como en
una pesadilla, cae en cuenta del costo de ser gobernador y cargar con
las consecuencias de los desmanes de la más numerosa fuerza de
seguridad- para despegar con gesto espectacular de la herencia que le
dejaron Duhalde -hoy presidente y contra quien fue dirigida la maniobra-
y el hombre de la mano dura y la tolerancia cero, Rucucu.
Hoy me hacía notar un amigo, Rubén Contesti, que todo esto les ha salido
tan mal que no sólo generaron un martir -hay casi siempre uno en los
enfrentamiento del pueblo con las fuerzas de seguridad-. Las
circunstancias del asesinato de Darío Santillán lo convierten, como, con
imágen evangélica, lo definía Contesti, en el Buen Samaritano, no es el
militante que en un enfrentamiento, aunque desigual, es ultimado por las
balas de la represión. Es mucho más. Es el compañero asesinado cuando
atendía a otro compañero herido, fuera de la batalla.
Ya no es el Sargento Cruz, el gaucho policía que, en esa noche fatal, en
los pastizales de la pampa, cambia para siempre el rumbo de su vida. No,
es mucho más. Es el sargento Cabral, que entrega su vida por cuidar la
vida de otro semejante, que muere por atender, no ya a su coronel caído
e indefenso, sino a un compañero al que no conocía, a quien jamás había
visto. Este hecho manifestado en todas las fotografías y grabaciones
videográficas, en todos los diarios y noticiosos televisivos, en
imágenes que han dado la vuelta al mundo, le ha dado a la muerte de
Darío Santillán un carácter que la conciencia moral de Occidente ha
elevado a alturas paradigmáticas, a niveles simbólicos cantados por los
mitos y las leyendas. La causa de los piqueteros ha adquirido una
legitimidad moral que es más importante que todas las legítimas razones
que hasta ahora han podido exponer.
La cuestión es la siguiente: a partir de ahora la Bonaerense no
participará, no aparecerá, como fuerza represiva. Esta será la respuesta
al golpe recibido. La fuerza armada más importante del país, habida
cuenta del fuera de juego en que la experiencia con las clases
dominantes han puesto a las FF.AA., y la más criminal, por ahora, no va
actuar, se va a quedar en el molde, oficialmente se van a hacer los
pelotudos. Sobre este tema es esclarecedora la carta de ese comisario de
no sé que unidad de Quilmes, donde, en veinte líneas, le hace jaque mate
a Duhalde y su cínica, mediocre y penosa reflexión sobre la Bonaerense.
"El señor presidente y yo sabemos los riesgos que corremos con esta
carta", dice más o menos el comisario venido a literato, con lo que
amenaza a este circunstancial presidente con contar todo lo que sabe. Lo
acusa, concretamente, de ser el responsable de la situación actual de la
fuerza, desde los tiempos de Klondike o como mierda se llamaba el
omnipotente jefe puesto por Duhalde, para sacar el problema de encima y
de la absoluta falta de resolución y el erratismo -derivado del resultad
o de las sucesivas encuentas- con que manejó la fuerza.
Compañeros, para resumir y terminar.
Juanpi Cafiero, el rebelde de los Anchorena, el hijo izquierdista del
Tony, es el que manda en la Bonaerense después de los crímenes.
No habrá Bonaerense para reprimir en los próximos meses.
El movimiento piquetero ha manifestado con estos hechos el peso
específico que hoy ha adquirido en la política argentina.
La cuestión abre, por lo menos, grandes interrogantes que tendremos que
discutir y tratar, si podemos, de dar respuesta.
Un abrazo
Julio Fernández Baraibar
julfb en sinectis.com.ar
>
>
> La infantilización de la política "izquierdista" argentina (que tanto
> preocupa,
> entre otros, a Gabriel, a Julio y al que escribe) se las verá negras
> para
> explicar el nombramiento de un "blando" como Cafiero en el Ministerio
> de
> Seguridad bonaerense, así como la carta crítica a Duhalde y Ruckauf
> emitida por
> un comisario del Gran Buenos Aires.
>
> Para ellos, el bloque piquetero (encarnación de la revolución)
> enfrenta al
> bloque policial.
>
> Me intriga ver qué explicación darán a este nombramiento. Más que
> nada para
> saber si tendré que reirme o llorar.
>
> Néstor Miguel Gorojovsky
> nestorgoro en fibertel.com.ar
>
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> *
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> Compañeros del exercito de los Andes.
>
> ...La guerra se la tenemos de hacer del modo que podamos:
> sino tenemos dinero, carne y un pedazo de tabaco no nos
> tiene de faltar: cuando se acaben los vestuarios, nos
> vestiremos con la bayetilla que nos trabajen nuestras mugeres,
> y sino andaremos en pelota como nuestros paisanos los indios:
> seamos libres, y lo demás no importa nada...
>
> Jose de San Martín, 27 de julio de 1819.
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