[R-P] "La pelea del siglo" por Gabriel Fernandez

Eduardo Toniolli edutoniolli en arnet.com.ar
Mar Ene 22 19:28:09 MST 2002


Reenvio nota de Gabriel Fernandez (La Señal radio y periodico, lasenialmedios en sinectis.com.ar)del domingo 20 de enero del 2002.

---------------------------------------------------------------------
La pelea del siglo

Por Gabriel Fernández

La presión social parece haber encontrado un cauce firme, sostenido y equilibrado. Con dificultades, pero sin pausas innecesarias, miles de personas han 
demandado a lo largo de la última semana la aplicación de las medidas básicas para salir de la crisis. El brioso caballo de la voluntad política popular anda suelto.
Los pedidos de renuncia de la Corte Suprema de Justicia -cada vez más masivos--, la exigencia de devolución de depósitos, el reclamo por alimentos y seguros de 
desempleo, así como por el pago de salarios atrasados, el repudio a las firmas privatizadas, son algunos de los disparadores que generaron concentraciones en los 
más diversos puntos del país.

La contracara de esos planteos está dada por el intento de una ultra minoría por sostener sus privilegios en contra de la opinión y las necesidades de la mayor parte 
del pueblo. Un grupo de personas muy menores, gerentes de bancos, AFJP y empresas de servicios públicos, acompañados por los economistas de siempre, 
pretende aplastar definitivamente todo atisbo de solución a los problemas argentinos. ¿Qué tienen "banca" afuera? Por supuesto, pero estamos sobreactuando su 
poder de coacción.
La situación es de una irregularidad tal que, si el aparato del Estado no estuviera diseñado desde hace más de dos décadas para favorecer al poder concentrado, 
no menos de un millar de dirigentes empresariales ya estarían presos. No sólo por los delitos cometidos en los últimos diez años, sino por los cometidos en los 10 días 
recientes. De hecho, las "propuestas" del Citibank, de Telefónica, de Edesur, están orientadas a anular todas las instancias institucionales de la República, 
empezando por la Constitución Nacional.

La indefinición oficial sobre los dos caminos abiertos en la sociedad argentina es, a la luz de las últimas administraciones, alentadora y al mismo tiempo reveladora de 
la ausencia de conductores a la altura de las circunstancias. Alentadora, porque la población ha comprendido que puede presionar y obtener resultados. En lugar de 
decir que sí a todas las iniciativas del poder concentrado, las autoridades evalúan y buscan otras vías. Reveladora de las carencias, porque pocas veces en la 
historia un presidente tiene tantas posibilidades de convertirse en Gardel y prefiere ser una fugaz estrella del pop latino. 

De ahí que el gobierno que tenemos no sea el ideal para salir del pozo; pero sigue siendo el único que tenemos para salir del pozo. Este delicado esquema político 
ha sido percibido claramente por la comunidad; por eso las propuestas de convocar a una asamblea constituyente y a elecciones son relativizadas por el conjunto. 
En las zonas donde esas iniciativas se convirtieron en directrices, los ñatos comunes se piantaron, intuyendo que pifiar las demandas es retroceder.
En cierto modo, el pueblo argentino está en uno de los momentos más lúcidos de su historia. En los próximos meses habrá que profundizar y precisar este rumbo, 
para construir una salida superadora de todo lo conocido hasta el presente. El modelo conservador carece de consenso y los tiempos venideros no son sus tiempos.
¿Cuáles son las próximas exigencias sociales que se desprenderán de las presentes? 
Reducir las tarifas de los servicios públicos 
Emitir papel moneda sin escuchar a los profetas del odio
Incrementar los salarios y mejorar la asistencia social
Reimplantar el crédito blando y bajar las tasas de interés
Empezar a plantear, ya con más seriedad y fundamentación, la renacionalización de empresas públicas clave, como YPF.

Pero esas propuestas dependen, en buena medida, del éxito de las exigencias actuales, enumeradas al comienzo del artículo. Y, muy especialmente, del desarrollo 
de las perspectivas productivas de la Nación. Fíjese, lector.
En las últimas semanas muchos pequeños empresarios han desempolvado las viejas pero vigentes matrices de algunas áreas de la industria nacional. Por caso, el 
rubro plástico está particularmente entusiasmado. Entusiasmado pero esperando. 
¿Esperando qué? La devaluación -medida necesaria, insistimos, para salir de la convertibilidad-no sirve si no está acompañada por reglamentaciones claras al definir 
el costo de los insumos. Más nítidamente: es imprescindible añadir medidas protectivas y resoluciones adecuadas a la producción.
El presidente Eduardo Duhalde y su ministro de Economía Jorge Remes Lenicov tienen que dedicarse a desbrozar el camino de la regulación interna en lugar de 
estar ocupados en cosas aparentemente importantes, (como la repercusión del nuevo gobierno en los mercados internacionales) que son tonterías propias de gente 
grande que cree estar hablando de economía y se la pasa hablando de finanzas.
Es decir: la Argentina necesita invertir la orientación del Estado; en lugar de un sistema dedicado a golpear a las personas debe convertirse en un eficaz ejecutor de 
la Constitución Nacional. Y también necesita ocuparse de las miles de resoluciones que constituyen la madeja de un esquema productivo. ¿Parece imposible? 
Decididamente no lo es, a condición de tener la lucidez y la persistencia necesarias en la movilización y los reclamos.

El asesor comunicacional de Duhalde es Fernando de la Duda Mendonca; él y su equipo desconocen en grado sumo hasta los más sencillos códigos del pueblo 
argentino. Así, el discurso oficial se ha ido opacando minuto a minuto, hasta convertirse en un mensaje neutro, semejante al que hartó a los ciudadanos en el 
período inmediato anterior. Más le valdría al presidente consultar a Orlando Veracruz, al Indio Solari o ¿porqué no? A Raúl Scalabrini Ortiz.
Pero hay que ser muy hombre para eso. Un paneo por los rostros que ocupan los variados ministerios, con la excepción digna de Ginés González García, nos 
muestra el deterioro integral de la dirigencia argentina. Y un recorrido por los funcionarios del área económica nos permite hallar cualquier cosa, menos gente de 
trabajo, menos personas conocedoras de cómo se hace algo. Una silla, una máquina, un artículo, un poema, una montura, un juguete, un vestido, una pared. 
Este es el gobierno que tenemos para salir del pozo. A menos...

A menos que se estuviera aprovechando este período para construir una coalición popular destinada a gobernar este país como corresponde. Pero ya no insistiré 
en esa dirección: es raro que el chancho chifle. Sólo contamos con la movilización popular, las asambleas de base, la discusión callejera para imponer nuevas reglas 
de juego. Pues hay una precondición básica para que una corriente llegue al poder: desearlo. La izquierda argentina, en todas sus variantes, no lo desea, y nadie 
puede ayudar a quien no se ayuda. 
En esa misma línea de razonamiento, cabe indicar: el deseo de supervivir en el gobierno es lo que puede reorientar la política oficial hacia los intereses populares. Si 
en los próximos tiempos no surge una definición en ese sentido, el gobierno caerá; porque nadie puede gobernar sin consenso en la Argentina. ¿Duhalde coincide 
con De la Rúa?: "prefiero caer, y morir políticamente, antes que cambiar el modelo de exclusión". No creo que el dilema se resuelva de esa manera. 

Las próximas semanas serán determinantes para el país. Habrá que dejar de lado las radios mañaneras que escupen su peste liberal, los canales de televisión que 
viven rastreando "activistas" en cada manifestación social, los diarios y revistas que -26 años después-insisten en que sin ajuste fiscal la Argentina jamás crecerá. 
Habrá que informarse por vías alternativas, juntarse en la reunión más cercana, batir el parche en el momento indicado y aprestarse a seguir participando de la pelea 
del siglo. Esa frase está lejos de ser una metáfora. 
Linda agenda: como para mantenerse sano, activo, vital. ¿No?

Domingo 20 de enero del 2002





Más información sobre la lista de distribución Reconquista-Popular