[R-P] A dos años de la revolución en Ecuador (2/4)

Gorojovsky Gorojovsky en arnet.com.ar
Lun Ene 21 05:17:28 MST 2002


El miércoles 19 de enero a las 08h10 asistí a la reunión del 
Centro de Operaciones Conjunto (COC). El Director de 
Inteligencia del Comando Conjunto expuso la situación nacional 
y concluyó que en todas las provincias del país las vías se 
encontraban interrumpidas en varios sectores y que la 
población se sumaba a las marchas y manifestaciones que se 
realizaban; sin embargo, no se habían registrados actos de 
violencia o enfrentamientos con la Fuerza Pública. Al momento 
en Quito se encontraban 5.000 indígenas, aproximadamente, y 
seguían llegando. Se dispuso que se arbitren las medidas 
necesarias para evitar la interrupción de los servicios 
básicos y que continúe el cierre de las vías. Se dispuso 
también que se evite enfrentamientos con los indígenas y 
manifestantes y se tomen precauciones para evitar secuestros 
de oficiales y tropa, frente a una información que se recibió.

En la tarde se realizó una nueva reunión a la que asistieron 
los generales Carlos Mendoza, Telmo Sandoval, Carlos Calle y 
todos los integrantes del Centro de Operaciones Conjunto. Las 
protestas, manifestaciones, cierre de vías y concentraciones 
continuaban con mayor intensidad en todas las provincias. Se 
dispuso se arbitren medidas especiales de seguridad para 
evitar la toma de los palacios de gobierno, legislativo y de 
justicia, por parte de los indígenas y pueblo en general que 
se seguía sumando a las protestas. El presidente de la 
República dispuso al general Carlos Mendoza mi traslado 
inmediato a la ciudad de Esmeraldas y asuma el mando de la 
Unidad de Tarea Conjunta "ESMERALDAS" y adopte las medidas 
pertinentes para garantizar el funcionamiento de la refinería 
de esa provincia y el normal abastecimiento de combustibles a 
todo el país. Inmediatamente de recibida la orden procedí a 
coordinar el viaje y a obtener información de lo que estaba 
ocurriendo en la provincia de Esmeraldas, particularmente con 
los trabajadores de la refinería. Sin embargo, el 
Vicealmirante Enrique Monteverde, Comandante General de la 
Fuerza Naval, y Vicealmirante Donoso, Jefe de Operaciones 
Navales, pariente político del vicepresidente Gustavo Noboa 
Bejarano, solicitaron al general Carlos Calle, Jefe del Estado 
Mayor del Comando Conjunto, que gestione la suspensión de la 
disposición impartida, pues se afectaría el prestigio 
profesional del capitán de navío que se encontraba al mando en 
la provincia de Esmeraldas. La orden fue revocada. 
Posteriormente me reuní con el general Carlos Calle para 
trasmitirle mi apreciación sobre lo que estaba ocurriendo en 
el país. Le manifesté que el presidente Mahuad no había 
aceptado las recomendaciones del Mando Militar y que su salida 
era cuestión de horas. El general Carlos Calle minimizó el 
problema, ya que a su criterio los indígenas se estaban 
desgastando y preveía que el fin de semana se acababa el 
problema. Le insistí sobre la ilegitimidad de la permanencia 
de Mahuad en el poder en consideración de que más del 90 % del 
pueblo ecuatoriano exigía su renuncia, que era conveniente se 
le sugiera su renuncia y evitar así el caos y la violencia. El 
coronel Lucio Gutiérrez continuaba en sus funciones en el C3I2 
y trabajaba normalmente en el análisis de los 
"escenarios.posibles", para lo cual el general Carlos Mendoza 
había dispuesto su retorno inmediato de Guayaquil, a donde fue 
destinado por la Jefatura del Estado Mayor de la Fuerza 
Terrestre.

Como el estado de emergencia nacional estaba vigente, el 
jueves 20 de enero concurrí a las 06h00 de la mañana a mi 
oficina, pues la situación interna se había tornado difícil y 
según los reportes de inteligencia casi todo el país se 
encontraba paralizado por los bloqueos de las carreteras y la 
masiva presencia de los indígenas en el centro de Quito, en el 
parque de El Arbolito y en el Ágora de la Casa de la Cultura, 
donde acamparon, se incrementaba. La situación que se 
avizoraba era crítica y presagiaba un final anticipado y 
deseado por más del 90% de los ecuatorianos: la salida del 
Presidente Mahuad y su equipo de gobierno. En la mañana y 
tarde los indígenas intentaron ocupar los palacios de 
gobierno, legislativo y judicial. La Fuerza Pública evitó que 
se materialice estos intentos. Los indígenas aproximadamente a 
las 16h00 lograron cercar el palacio legislativo y la Corte 
Suprema de Justicia. No se produjeron actos de violencia, pero 
el personal que laboraba en esos momentos fueron impedidos de 
abandonar las instalaciones y se temía por su integridad 
física.

A las 17h00, cuando salía del edificio del Comando Conjunto 
luego de asistir a una conferencia sobre el proceso de 
dolarización impartida por el Dr. Augusto de la Torre, me 
encontré con el capitán César Díaz, al que conocía desde 
subteniente porque militamos en Gualaquiza y porque en 
diciembre de 1999 y la segunda semana de enero me visitó en la 
oficina con el propósito de conversar sobre algunos proyectos 
que él tenía en mente implementarlos con los combatientes del 
Cenepa que sufrieron mutilaciones. El capitán César Díaz es 
también Héroe del Cenepa, perdió su pierna derecha al explotar 
una mina en el destacamento Tnte. ORTIZ, en el sector del río 
Santiago. Le pregunté qué hacía allí; me respondió que había 
venido a conversar con el Coronel Lucio Gutiérrez. Al 
despedirnos, en son de broma -al menos esa fue mi percepción 
en ese momento- me manifestó: "mañana -refiriéndose al vienes 
21- es el día D". 

A las 17h30 se realizó una urgente reunión en el Centro de 
Operaciones Conjunto para evaluar los últimos incidentes. El 
general Carlos Mendoza dispuso al general Carlos Moncayo 
Gallegos, Comandante de la Fuerza de Tarea Conjunta No 1, que 
actúe con más energía para repeler a los indígenas y refuerce 
el dispositivo de seguridad del palacio de Gobierno colocando 
concertinas (alambre de púas) en gran cantidad, cerrando las 
vías e impidiendo el tráfico vehicular en las inmediaciones 
del Palacio Legislativo y Palacio de Gobierno. El general 
Telmo Sandoval dispuso que se planifique el traslado de 5000 
hombres para neutralizar la acción de los indígenas; que se 
dispare gran cantidad de gases para dispersarlos y se haga uso 
de las armas de fuego en caso de extrema emergencia, y si esto 
no era suficiente que se dispare a las piernas. Al salir de la 
reunión comenté al general Wilson Torres Zapata, Director de 
Inteligencia de la Fuerza Terrestre, que yo no estaba de 
acuerdo con la decisión de reprimir y desalojar a los 
indígenas, ya que la única solución era una negociación a 
nivel político. A esa hora los indígenas habían cercado el 
Palacio Legislativo y la Corte Suprema de Justicia y se 
analizaba la forma de rescatar a los funcionarios que se 
encontraban dentro de las dos instalaciones. Me reuní en forma 
reservada con el general Carlos Calle y le expresé que el 
presidente Mahuad estaba fuera de su cargo y que mientras más 
tiempo pasaba se corría el riesgo de que los indígenas actúen 
con violencia y se produzca un derramamiento de sangre con las 
consecuencias que esto acarrearía. 
Cerca de las 24h00 me retiré a descansar a mi domicilio.

El viernes 21 de enero a las 00h50 recibí la llamada de un 
respetado amigo, el periodista Bernardo Abad, cuñado del 
economista Alfredo Arízaga, Ministro de Finanzas de Mahuad, 
para preguntarme mi opinión sobre si era conveniente efectuar 
en la madrugada un desalojo de los indígenas que habían 
cercado el Palacio Legislativo y la Corte Suprema de Justicia. 
Le respondí con firmeza que no era conveniente porque había 
mujeres y niños, que se producirían muchos muertos y heridos, 
y que en vez de solucionar, el problema se agravaría, se 
generaría violencia y caos con graves consecuencias para la 
estabilidad del país; que era necesario buscar alternativas 
menos violentas. Con la preocupación por los hechos ocurridos 
en la madrugada y la satisfacción de haber evitado un 
derramamiento de sangre ante el intento del Gobierno de 
emplear a la Policía Nacional para desalojar a los indígenas, 
a las 06h00 llegué a mi oficina; a las 07h00 mantuve una 
reunión con los oficiales de la Dirección de Operaciones (como 
lo hacía todos los días para mantener informados a los 
oficiales de lo que sucedía), para recibir informes de las 
actividades desarrolladas en cada departamento, realizar 
coordinaciones e impartir disposiciones administrativas y 
operativas. En esta ocasión, en base de los informes de 
inteligencia recibidos, realicé el análisis de la grave 
situación política que vivía el país y manifesté que lo más 
conveniente era que el presidente Mahuad renuncie a su cargo y 
así evite el caos y la violencia. El proceso que el general 
Telmo Sandoval personalmente había generado y patrocinado, 
sentía que se le iba de las manos.

A partir de las 07h55 hasta las 08h52 asistí a la reunión en 
el Centro de Operaciones Conjunto. Estaban presentes los 
generales Carlos Mendoza, Jefe del Comando Conjunto de las 
FF.AA.; Telmo Sandoval, Comandante General de la Fuerza 
Terrestre; Carlos Calle, Jefe de Estado Mayor del Comando 
Conjunto; José Lascano, Jefe de Estado Mayor de la Fuerza 
Terrestre; Nortón Narváez, Director de Operaciones del Comando 
Conjunto; Braulio Jaramillo, Director de Operaciones de la 
Fuerza Terrestre; Roberto Moya Arellano, Director de 
Inteligencia del Comando Conjunto; Wilson Torres, Director de 
Inteligencia de la Fuerza Terrestre; el Director de 
Inteligencia de las Fuerzas Naval y Aérea, otros oficiales 
generales y los miembros del Centro de Operaciones Conjunto; 
es decir el Alto Mando Militar en pleno. Al momento de 
informar las novedades, se conoció que el Coronel Lucio 
Gutiérrez había pedido autorización para ir con su esposa al 
hospital.

El Director de Inteligencia del Comando Conjunto expuso la 
situación en el campo de Inteligencia, señalando que el país 
se encontraba completamente paralizado y que la situación 
tendía a complicarse mucho más; que en Quito se encontraban 
aproximadamente 8.000 indígenas; que continuaba el cerco al 
Palacio Legislativo y de la Corte Suprema Justicia; que no se 
habían producido actos de violencia, pero que era difícil 
prever la actitud de los indígenas. Al finalizar su 
exposición, para sorpresa mía, manifestó: "el Coronel Lucio 
Gutiérrez es un quinta columnista en el C3I2 y en el Centro de 
Operaciones Conjunto". Sin embargo no se habían impartido 
disposiciones para controlar las actividades del coronel Lucio 
Gutiérrez. 

Luego el general Wilson Torres, Director de Inteligencia de la 
Fuerza Terrestre, pidió la palabra y procedió a leer un 
informe especial de inteligencia sobre la situación del país; 
recomendó que se realice una apreciación de la situación en la 
que se consideren todos los elementos que estaban participando 
en las protestas populares; que se determine quién tiene la 
razón y "que por el bien del país el Presidente Mahuad deje su 
cargo¨, que las Fuerzas Armadas se deben a la nación y hay que 
defenderla, que no podemos alinearnos con ninguna posición, 
que todos estamos inconformes con el actual Presidente". Un 
hecho que me llamó fuertemente la atención fue que el general 
Wilson Torres, luego de su intervención, dio lectura a un 
informe de Inteligencia Técnica relativo a "la interceptación 
de las comunicaciones telefónicas celulares entre los 
diputados de la Izquierda Democrática y ex militares Paco 
Moncayo Gallegos y René Yandún". 
Por mi mente se cruzaron algunas ideas y presentimientos, como 
es obvio había hechos e informaciones que no conocía, pero lo 
cierto es que algo importante estaba pasando. 

El general Telmo Sandoval manifestó que sería conveniente 
concentrar 5.000 hombres sin armas letales y con "garrotes" 
para desalojar a los indígenas y se dispuso se intensifiquen 
las actividades de Inteligencia y Operaciones Psicológicas. 
Esta disposición del general Sandoval me causó repugnancia, y 
eso que no sabía lo que hoy conozco del general Sandoval. ¡Qué 
cinismo! pensé, pues esa disposición contrastaba notablemente 
con la que me impartiera, en su oficina, el 5 de noviembre de 
1999 antes de su viaje a La Paz, Bolivia, para asistir a la 
Conferencia de Ejércitos Americanos: que arbitre las medidas 
necesarias para que la Brigada de Ingenieros No. 23 "CENEPA" y 
el Grupo de Fuerzas Especiales acantonado en Santo Domingo de 
los Colorados proporcionen todo el apoyo y los equipos que 
soliciten los dirigentes de la CONAIE para su Congreso 
Nacional que se desarrollaría en esa ciudad, con la asistencia 
de más de 1000 representantes. Designó al coronel José Mejía, 
Secretario General de Ejército, para que asista al congreso 
como Coordinador de ese apoyo. En ese momento también recordé 
que el general Braulio Jaramillo, Director de Operaciones de 
la Fuerza Terrestre el 28 de diciembre me dispuso que entregue 
en forma reservada al general Telmo Sandoval una copia del 
documento "PLAN ESTRATEGICO DE SEGURIDAD Y DESARROLLO 2025", 
antes de su viaje a Salinas. El documento fue entregado al 
teniente coronel Albán, Ayudante de Ordenes del general 
Sandoval. 

El general Carlos Mendoza informó que se reuniría con el 
Comité de Crisis, conformado por disposición del presidente 
Mahuad e integrado por: el Comando Conjunto de las Fuerzas 
Armadas en pleno, el Comandante General de la Policía Nacional 
y el Ministro de Gobierno Vladimiro Alvarez, para analizar la 
situación y recomendar las acciones a tomar.

Al concluir la reunión estaba confundido y tenía muchas 
interrogantes. Se me vino a la mente una información que me 
proporcionó un hermano a mediados diciembre de 1999, 
relacionada a que en el Congreso Nacional circulaban rumores 
sobre un golpe de estado que estaba siendo planificado por un 
coronel del Ejército de apellido Hernández o Gutiérrez; le 
respondí que no conocía nada pero que solicitaría información 
a la Dirección de Inteligencia de la Fuerza Terrestre. 
Relacionando esta información con lo que mencionó el capitán 
César Díaz la tarde anterior, concluí que el Coronel Lucio 
Gutiérrez planificaba alguna acción. 

Llegué a mi oficina en la Dirección de Operaciones de la 
Fuerza Terrestre, solicité al cabo Vicente Espinoza una taza 
de café y permanecí pensativo. A las 09h28 recibí una llamada 
telefónica del Coronel Gustavo Tapia, Rector de la Escuela 
Politécnica de la Fuerza Terrestre, para informarme que "100 
oficiales alumnos se dirigían en tres autobuses hacia el 
Congreso Nacional". Informé el particular al general Braulio 
Jaramillo, Director de Operaciones, mi superior directo, quien 
me manifestó que ya conocía la novedad. De esta manera se 
confirmaba la información proporcionada días atrás por la 
Dirección de Inteligencia de la Fuerza Aérea, referente a la 
posición de los oficiales alumnos de la Escuela Politécnica 
del Ejército, en la que apoyan incondicionalmente los 
planteamientos de la CONAIE y, en el caso de que se ordene su 
traslado, se negarían a cumplir la disposición. Este hecho 
motivó una visita previa del general Telmo Sandoval al 
instituto, para reunirse con los oficiales alumnos. En el 
desarrollo de esta reunión se expusieron varios escenarios 
entre los que constaba la posibilidad de que instaure un 
"Gobierno militar" de transición. Esta posibilidad causó 
desconcierto a los oficiales alumnos, quienes, al parecer, ya 
habían mantenido reuniones con el coronel Lucio Gutiérrez. 

Mi preocupación se acrecentó al recordar las palabras del 
capitán César Díaz sobre el "Día D"; luego de 20 minutos logré 
obtener el número de su teléfono celular y le llamé; me 
contestó efusivo. Le pregunté que dónde se encontraba, me 
contestó: "sobre el objetivo" y cortó la comunicación. Deduje 
que el "objetivo" al que se refería el capitán Díaz era el 
palacio Legislativo. 

A las 10h00 el presidente Mahuad continuaba en su cargo y, sin 
embargo, extrañamente, el general Carlos Mendoza, Jefe del 
Comando Conjunto y Ministro de Defensa Nacional encargado, 
disponía que el avión caza de la Aviación Naval que se 
encontraba en Guayaquil, se ponga a disposición del doctor 
Gustavo Noboa Bejarano, vicepresidente de la República, para 
que se lo traslade a Quito, según consta en la declaración 
realizada por el teniente coronel Fabián Narváez, Ayudante de 
Órdenes de general Carlos Mendoza en la Corte de Justicia 
Militar, en el juicio instaurado en contra del general Carlos 
Mendoza. ¿Acaso la toma del Congreso Nacional era la condición 
convenida para forzar la renuncia del presidente Mahuad? 
Seguramente este escenario había sido previsto en las 
reuniones de fin de año en el balneario de Punta Blanca.

Más o menos a las 11h00, ingresó violentamente a mi oficina un 
sargento cuyo nombre no recuerdo pero que trabajó conmigo en 
Gualaquiza durante el Conflicto del Alto Cenepa, y me 
manifestó: "Mi Coronel, le felicito, la Junta de Salvación 
Nacional le ha nombrado Comandante General de la Fuerza 
Terrestre". Me sonreí y le pedí que se tranquilizara; 
prendimos el televisor y observamos al coronel Lucio Gutiérrez 
lanzando una proclama junto a Antonio Vargas, Presidente de la 
CONAIE; a Napoleón Saltos, dirigente de la Coordinadora de 
Movimientos Sociales; Miguel Lluco, capitán César Díaz 
luciendo la Condecoración "CRUZ AL MERITO DE GUERRA"; a otros 
dirigentes indígenas y oficiales alumnos de la Escuela 
Politécnica del Ejército. Ese momento se confirmaron mis 
sospechas. En verdad, en el primer decreto promulgado por la 
Junta de Salvación Nacional, se designaba nuevos mandos 
militares a los coroneles de Estado Mayor Conjunto: Fausto 
Cobo, Jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas; Jorge 
Luis Brito Albuja, Comandante General de la Fuerza Terrestre; 
Gustavo Lalama Hervas, Jefe de Estado Mayor de la Fuerza 
Terrestre, y no se decía nada sobre los mandos de las otras 
ramas de las Fuerzas Armadas.

A las 11h15 recibí la disposición de presentarme 
inmediatamente ante el general Carlos Calle, Jefe de Estado 
Mayor del Comando Conjunto. La misma disposición había sido 
impartida a los señores coroneles Fausto Cobo, Director de la 
Academia de Guerra de la Fuerza Terrestre y Gustavo Lalama, 
Director de la Escuela de Perfeccionamiento de la Fuerza 
Terrestre. Me comuniqué con el coronel Fausto Cobo y le 
informé de la disposición que había recibido y que le esperaba 
en mi oficina. Con el coronel Gustavo Lalama no realicé ningún 
contacto. La televisión continuaba transmitiendo en vivo y en 
directo todo lo que sucedía en el Congreso Nacional.

A las 11h30 me presenté ante el general Carlos Calle; el 
ambiente era patético, había mucha preocupación y tensión: 
generales y almirantes que entraban y salían con los rostros 
desencajados; otros, sentados fumando y mirando la televisión; 
algunos caminaban de lado a lado profiriendo insultos en 
contra de los "insurrectos desleales" -ellos no sabían los 
antecedentes de lo que estaba ocurriendo-, todos sin atinar 
qué decisión tomar. La misma escena se replicaba en la oficina 
del general Carlos Mendoza, en la que se encontraban los 
Comandantes Generales de las Fuerzas Armadas, asesores y 
edecanes. Los que estaban al tanto de lo que iba a suceder, en 
secreto, se frotaban las manos pletóricos de dicha y 
felicidad, pues todo salía de acuerdo a lo previsto. Hasta el 
momento no se habían producido actos de violencia o vandalismo 
y la salida de Mahuad, finalmente, se había concretado. Los 
nuevos miembros del gabinete designados en Punta Blanca, la 
mayoría del círculo cercano al doctor Gustavo Noboa, estarían 
preparando sus maletas para viajar a Quito. El general Carlos 
Calle me preguntó si yo conocía algo sobre lo que ocurría en 
el Congreso Nacional; le manifesté que no, pero que basado en 
los análisis que realizaba todos los días, le había expresado 
oportunamente lo que presumía que podía acontecer. Hasta ese 
momento Fausto Cobo y Gustavo Lalama no se presentaban.

El general Calle en su interior me estaría dando la razón. 
Siempre fui frontal y directo con él, porque considero que esa 
es la forma de practicar la lealtad y ser consecuente. En mi 
mente y corazón me congratulaba con lo que sucedía porque el 
pueblo ecuatoriano, sobre todo los indígenas, por primera vez 
se rebelaban con razón contra el desgobierno, la corrupción, 
el atraco de los banqueros, la pobreza, la injusticia, la 
inequidad y contra quienes habían destruido sus sueños, 
esperanzas y autoestima. Ciertamente era la hora de poner 
punto final a todo lo malo y generar las bases de un nuevo 
Ecuador. El pueblo ecuatoriano demostraba su complacencia con 
los civiles y militares rebeldes. El presidente Mahuad seguía 
en el Palacio de Gobierno, a la expectativa del desenlace de 
los acontecimientos. En realidad, él sabía que su tiempo había 
concluido; era demasiado tarde para los arrepentimientos y los 
intentos de enmendar errores. El general Mendoza, en la tarde 
del día anterior, en una tensa reunión realizada en la 
presidencia le había sugerido que tome una decisión 
constitucional. En Guayaquil, el vicepresidente de la 
República Gustavo Noboa Bejarano, su hermano Ricardo Noboa, 
actual Presidente del CONAM; el doctor Juan Manrique –
inicialmente se desempeñó como asesor personal del Presidente 
instituido, luego, como Ministro de Gobierno-, Gustavo 
González (yerno), Juan José Vivas, Rodolfo Barniol, Alfredo 
Negrete y algunos "gustavinos" esperaban impacientes la hora 
de partida para viajar a Quito. El Almirante Hugo Unda 
planificaba con sus camaradas de la Fuerza Naval las acciones 
que tomarían para captar el control de las Fuerzas Armadas. 
¡La Cofradía de Amigos del Mar, sin esfuerzo alguno, se 
había tomado el poder del país! Al fin, se estaban creando 
las condiciones para la implementación del Proyecto Singapur, 
el mismo que se iniciaría luego con la propuesta de las 
famosas autonomías, entiéndase separatismo-.

En el Comando Conjunto todo era confusión e incertidumbre, 
movimiento de generales, almirantes, oficiales y tropa. Para 
los verdaderos conspiradores todo funcionaba a la perfección, 
de acuerdo a lo planificado. En el Congreso Nacional había 
euforia y tensión a la vez, se lo percibía en los rostros que 
proyectaba la televisión. En las principales ciudades del país 
el pueblo apoyaba la rebelión. 

Eran las 12h15 aproximadamente, cuando retorné a mi oficina a 
esperar a los coroneles Fausto Cobo y Gustavo Lalama, quienes 
también habían sido llamados al Comando Conjunto. A las 12h50, 
desde la ventana de mi oficina observé al generales: Carlos 
Mendoza, Telmo Sandoval, Ricardo Irigoyen, Comandante General 
de la Fuerza Aérea; Vicealmirante Enrique Monteverde, 
Comandante General de la Fuerza Naval; y, al general Jorge 
Villarroel, Comandante General de la Policía Nacional, 
asesores y edecanes, que salían apresuradamente del edificio 
del Comando Conjunto. Me contacté telefónicamente con el mayor 
Gustavo Acosta, ayudante del general Carlos Calle, y le 
pregunté qué sucedía, me respondió: "El Alto Mando Militar y 
de la Policía Nacional van hacia el Palacio de Gobierno para 
solicitarle al Presidente Mahuad que renuncie".

A las 13h10 el cabo Jácome que trabajaba en la sección 
administrativa de la Dirección de Operaciones me entregó un 
documento: El telegrama URGENTISIMO S.N. remitido por la 
Brigada de Ingenieros No. 23 "CENEPA" al Comando General de la 
Fuerza Terrestre, cuyo texto dice: "Fines consiguientes me 
permito informar personal de oficiales, voluntarios de la 23-
BE "CENEPA" apoyamos moral, espiritual y físicamente al CRNL. 
E.M. LUCIO GUTIERREZ.- Atto. 23-BE". Las unidades militares 
de todo el país comenzaban a tomar posición frente a los 
hechos. El Cuerpo de Ingenieros de la Fuerza Terrestre, unidad 
jerárquica de esta brigada de Ingeniería, se presentaría horas 
más tarde en el Congreso Nacional.

A las 13h30 continuaba en mi oficina a la que acudieron 
algunos oficiales y tropa de la Dirección de Operaciones, 
quienes manifestaron su preocupación por lo que sucedía. Les 
manifesté que tenía que darse una salida negociada y que el 
Presidente Mahuad debía renunciar. De pronto, la televisión 
transmitió una rueda de prensa desde el Congreso Nacional; mi 
compañero, el coronel Fausto Cobo intervenía emotivamente y 
solicitaba la presencia de sus compañeros: Jorge Brito, 
Gustavo Lalama, Luis Aguas y Jorge Costa. Permanecí frente al 
televisor hasta que la rueda de prensa concluyó. Mi 
preocupación aumentó al punto que opté por llamar nuevamente 
al mayor Gustavo Acosta para averiguarle si el Alto Mando 
Militar había retornado; dijo que en 10 minutos llegarían y 
que habían dispuesto se prepare una rueda de prensa. 

La presencia del coronel Fausto Cobo en el Congreso Nacional 
precipitó los acontecimientos y cambió radicalmente el 
panorama. Para los verdaderos conspiradores este hecho fue un 
baldazo de agua fría: "el libreto preparado tenía un nuevo 
personaje, cuya presencia hacía tabla rasa todo lo 
planificado". En Guayaquil, seguramente el vicepresidente 
Gustavo Noboa Bejarano y su comitiva sintieron que sus 
aspiraciones se quedaban sin piso, en el aire. Ese momento se 
iniciaron consultas, gestiones y presiones, tanto de políticos 
ecuatorianos como de la comunidad internacional, especialmente 
del Departamento de Estado de los EE.UU. También para Peter 
Romero la presencia de Fausto Cobo fue una sorpresa y que no 
concordaba con lo que él conocía desde algún tiempo atrás: la 
CIA estaba al tanto de lo que ocurría en el país, había 
concluido e informado al Departamento de Estado que para 
evitar una explosión social generalizada era conveniente que 
el Presidente Mahuad renuncie a su cargo. 

El Presidente Mahuad ante la solicitud del Alto Mando para que 
renuncie en consideración de que "los escenarios se le habían 
agotado", les respondió iracundo que no renunciaría, que lo 
derroquen. A las 13h35, aproximadamente, según me relató 
Bernardo Abad, se comunicó telefónicamente con el general 
Carlos Calle, para consultarle si aceptaba la designación de 
Jefe del Comando Conjunto en reemplazo del general Carlos 
Mendoza, quien acababa de pedirle al Presidente que renuncie. 
Bernardo Abad insistió una vez más; el general Carlos Calle, 
no aceptó. En ese momento su carrera militar había concluido, 
pues desde hace 8 meses el general Carlos Mendoza apadrinaba 
al general Norton Narváez para que sea nombrado como 
Comandante General de la Fuerza Terrestre, lo que implicaba la 
salida obligatoria de los generales Carlos Calle y José 
Lascano. En varias oportunidades le comenté este particular al 
general Carlos Calle, pero él estaba demasiado confiado en la 
aparente amistad del general Mendoza.

A las 14h30, mientras me encontraba en la oficina recibí una 
llamada de la secretaria del general Carlos Mendoza, que me 
comunicaba que debía presentarme ante él para recibir 
disposiciones. Me levanté, respiré profundamente y dispuse a 
los cabos Juan Chimborazo y Vicente Espinoza que se preocupen 
de la seguridad de los documentos y de mi oficina, ya que 
presentía que iba a un viaje sin retorno. En cumplimiento a lo 
dispuesto me presenté ante el general Carlos Mendoza. En su 
oficina estaban reunidos todos los comandantes generales de 
las tres ramas de las Fuerzas Armadas y el de la Policía 
Nacional; el ambiente era tenso y se evidenciaba gran 
preocupación. El general Mendoza me preguntó si el coronel 
Gustavo Lalama ya había llegado, le respondí que acababa de 
llegar en ese momento. En la sala de reuniones contigua a la 
oficina del Jefe de Comando Conjunto se realizó una reunión 
para analizar la situación y buscar una urgente salida a la 
crisis. En esta reunión participaron algunos oficiales: 
general Carlos Mendoza; general José Lascano, partidario de 
una solución militar: atacar el Palacio Legislativo, coronel 
Gustavo Lalama, coronel Huberth De la Rosa, teniente coronel 
Oswaldo Moreno, teniente coronel Fabián Narváez, teniente 
coronel Celso Andrade, teniente coronel Hernán Altamirano y 
otros asesores. Se analizaron varias opciones:

1.- Que el general Carlos Mendoza salga en una rueda de 
prensa, acompañado de los coroneles Jorge Brito y Gustavo 
Lalama, para informar a la Nación que las Fuerzas Armadas 
retiraban el respaldo al Presidente Mahuad y que asumían 
temporalmente el control del país, para dar una salida 
democrática a la crisis. Esta opción fue aceptada.

2.- Se analizó la posibilidad de una acción militar, pero esta 
opción fue descartada por las graves consecuencias que 
acarrearía y el riesgo de escalar la crisis a una 
confrontación armada.

Luego de agitadas y tensas deliberaciones en las que se 
recomendó se adopte una posición firme frente al presidente 
Mahuad, el general Carlos Mendoza después de consultar a los 
miembros del Comando Conjunto, decidió enviar a los coroneles 
Jorge Brito y Gustavo Lalama para que salgamos al Congreso 
nacional como mediadores, conversemos con el coronel Fausto 
Cobo y le convenzamos que deponga su actitud. Esta opción fue 
tomando fuerza y se consideraba la más viable a fin de evitar 
enfrentamientos entre miembros de la institución.

Es así que en cumplimiento a una Orden Militar Verbal del 
general Carlos Mendoza, Jefe del Comando Conjunto de las 
FF.AA. y Ministro de Defensa Nacional encargado, con el 
conocimiento y aprobación del Alto Mando Militar, del Consejo 
de Generales y Almirantes de las Fuerzas Armadas y del 
Comandante General y Generales de la Policía Nacional, de 
conformidad con lo que se dispone en los Capítulos III y IV de 
la Ley Orgánica de las Fuerzas Armadas, salimos rumbo al 
Congreso. Esta decisión fue adoptada por el general Carlos 
Mendoza ante la impotencia, inacción, incapacidad e 
inmovilismo que se evidenció de parte de los generales y 
almirantes -de quienes desconfiaba- responsables funcionales 
de manejar y buscar una solución inmediata a la crisis que se 
había producido, situación que no había sido considerada en 
ningún plan principal o alterno y, seguramente, por esta 
razón, tampoco fue considerada y analizada en los juegos de 
guerra de Defensa Interna desarrollados en el Instituto 
Nacional de Guerra y en las Academias de Guerra de las Fuerzas 
Armadas. La situación se enmarcó en una atípica situación de 
conducción, que demandaba la búsqueda inmediata de una 
solución no convencional a una crisis que tendía a agravarse 
rápidamente. Baso mi criterio en la experiencia adquirida a lo 
largo de mi carrera y como profesor de Estrategia y Táctica 
Militar en operaciones convencionales y no convencionales en 
la Escuela de las Américas del Ejército de los Estados Unidos 
y de Estrategia Militar y Conducción Operativa en la Academia 
de Guerra de la Fuerza Terrestre. 

En el Manual de Defensa Interna no se considera la ejecución 
de "acciones de engaño", en consecuencia, tampoco en el Plan 
Militar de Defensa Interna "DEMOCRACIA III" se prevé la 
realización de este tipo de acciones; porque las Operaciones 
Militares de Engaño y Diversión son propias de la guerra 
convencional y deben ser planificadas meticulosamente y con la 
debida anticipación. En conclusión no es verdad que el Comando 
Conjunto y el Consejo de Generales y Almirantes de las Fuerzas 
Armadas, "prepararan una estrategia para solucionar la 
crisis"; tal afirmación cae por su propio peso pues un plan 
estratégico se prepara con mucha anticipación y, basado en la 
Apreciación de Inteligencia Estratégica, en él se establecen 
las diferentes fases y las acciones que deben realizarse en 
cada una de ellas, con la finalidad de alcanzar el Objetivo 
Estratégico Final, que en el caso del Comando Conjunto es 
asignado en el Concepto Estratégico Nacional de Seguridad 
Interna (CENSI), aprobado por el Presidente de la República y 
en el Plan Nacional de Seguridad Interna, preparado por el 
Consejo de Seguridad Nacional. En ningún momento, ni 
remotamente se consideró la posibilidad que oficiales y tropa 
de las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional, se unieran a la 
manifestación cívico-patriótica de los indígenas, de los 
Movimientos Sociales y de más del 90 % del pueblo ecuatoriano 
para la toma pacífica del Palacio Legislativo, la Corte 
Suprema de Justicia y el Palacio de Gobierno.

A las 15h05 el general Carlos Mendoza y los comandantes 
generales de las Fuerzas Armadas ofrecieron una rueda de 
prensa desde el salón de reuniones del edificio del Comando 
Conjunto, en la que manifestó: "Cumpliendo con el mandato 
constitucional hemos agotado todos los espacios y hemos 
hablado con el señor Presidente de la República y le hemos 
pedido que renuncie para evitar un estallido social. En ese 
sentido las Fuerzas Armadas, conscientes que debemos mantener 
el orden y la disciplina, hemos adoptado esta situación. Hace 
un momento hemos conversado con el Presidente de la 
República... Nuestra responsabilidad es mantener el 
ordenamiento jurídico. Hemos pedido al Presidente de la 
República, vuelvo a repetir, que renuncie".

(sigue)

Néstor Miguel Gorojovsky
gorojovsky en arnet.com.ar

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Compañeros del exercito de los Andes. 

...La guerra se la tenemos de hacer del modo que podamos: 
sino tenemos dinero, carne y un pedazo de tabaco no nos 
tiene de faltar: cuando se acaben los vestuarios, nos 
vestiremos con la bayetilla que nos trabajen nuestras mugeres, 
y sino andaremos en pelota como nuestros paisanos los indios: 
seamos libres, y lo demás no importa nada...

Jose de San Martín, 27 de julio de 1819.

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