[R-P] A dos años de la revolución en Ecuador (3/4)
Gorojovsky
Gorojovsky en arnet.com.ar
Lun Ene 21 05:17:24 MST 2002
En estas circunstancias, la misión a mí encomendada fue:
"Concurrir conjuntamente con el coronel de Estado Mayor
Conjunto GUSTAVO LALAMA HERVAS, teniente coronel de Estado
Mayor CELSO ANDRADE y mayor de Caballería Blindada FIDEL
ARAUJO, al lugar de la crisis –Palacio Legislativo-, tomar
contacto con el coronel de Estado Mayor Conjunto FAUSTO COBO y
mediar para que él, los demás oficiales y personal de tropa
depongan su actitud y evitar un derramamiento de sangre". Esta
orden la recibí luego de que el general de ejército Carlos
Mendoza, previa decisión adoptada por el Alto Mando Militar y
de la Policía Nacional, dispuso en mi presencia y la de otros
generales y oficiales que el general de brigada Carlos Moncayo
Gallegos, a las 15h10 comunique al Presidente de la República
Jamil Mahuad que las Fuerzas Armadas le retiraban el respaldo
y le invitaban a abandonar el Palacio de Gobierno porque no le
garantizaban su seguridad personal. El general Carlos Mendoza,
antes de que saliéramos hacia el Palacio Legislativo dispuso
que quienes se encontraran en el lugar de la crisis no iban a
ser sancionados ni disciplinaria ni administrativamente". Le
solicité que la disposición de salir al Congreso Nacional y el
compromiso de no sancionar a los compañeros me lo entregara
por escrito y me manifestó que el tiempo apremiaba y que
salgamos de inmediato al Congreso. Le tomé la palabra y a las
15h15 del viernes 21 salimos con dirección al Palacio
Legislativo. Varios generales y oficiales fueron testigos
presenciales de esos hechos.
El general Roberto Moya Arellano –aliado natural y cómplice
del general Telmo Sandoval-, Director de Inteligencia del
Comando Conjunto, ha manifestado en varias ocasiones que él no
conoció de esta disposición, a pesar de que el capitán de
Inteligencia Militar Edgar Villafuerte, su ayudante de
órdenes, junto con otros miembros de Inteligencia y del
Servicio Secreto se habían infiltrado en el Congreso Nacional
para informar todo lo que allí sucedía.
El mayor Gustavo Acosta, ayudante del general Carlos Calle,
con angustia y desesperación me dijo el rato de salir: "mi
coronel, por favor no se vaya al Congreso, ¡le van a
utilizar!". El mayor Gustavo Acosta tenía razón, la función
que desempeñaba le permitió conocer el perfil de muchos
generales y almirantes, particularmente el de los generales
Carlos Mendoza y Telmo Sandoval y de su gran habilidad para el
tráfico de influencias y para conspirar en contra de sus
superiores y desprestigiar a sus subalternos. Sin embargo, por
la gravedad de la crisis en la que se debatía el Ecuador en
esos momentos, hice caso omiso de la recomendación y asumí con
entereza el reto de evitar un enfrentamiento fratricida.
La misión asignada fue una misión de carácter político-
estratégico, por lo que tuvimos "total libertad de acción"
como lo establece el Manual de Estrategia Militar, ya que el
éxito o fracaso en su cumplimiento tenía grandes riesgos
debido a que la crisis había alcanzado un punto crucial y el
nivel de tensión e incertidumbre que se vivía en esos
instantes, se incrementaba a medida que el tiempo transcurría,
con el peligro inminente de que las alternativas para
solucionarla se agotaban y que, en corto plazo, con la
"aparición repentina de eventos no previstos se llegaría a un
punto de no retorno", lo que exigía del coronel de Estado
Mayor Conjunto GUSTAVO LALAMA, de mi persona y de los dos
oficiales acompañantes, toda la iniciativa y capacidad de
persuasión para cumplir con la misión encomendada.
Mientras esto ocurría en la capital, en Guayaquil, Cuenca,
Riobamba, Tena, Shell, Machala, Loja y en otras ciudades los
oficiales y tropa manifestaban en forma unánime el apoyo a la
acción que se desarrollaba en el Congreso. Se produjeron
hechos que provocaron el derrumbe de frágiles y supuestos
liderazgos que sucumbieron estrepitosamente ante la primera
crisis.
A las 15h30 aproximadamente, llegamos al Congreso Nacional; la
situación que se vivía en el lugar era de euforia y tensión
extrema. Ingresamos a la oficina del Presidente del Congreso,
en ella se encontraban los coroneles Fausto Cobo y Lucio
Gutiérez y otros oficiales; los dirigentes Antonio Vargas,
Miguel Lluco, Ricardo Ulcuango, y muchos más en una rueda de
prensa. Saludé con Fausto Cobo y le hice una seña indicándole
que deseábamos reunirnos con él. Había muchos periodistas de
los medios de comunicación social del país y de las agencias
internacionales. Pude detectar también la presencia de gran
cantidad de agentes de inteligencia de las Fuerzas Armadas y
de la Policía Nacional infiltrados entre los presentes. El
coronel Fausto Cobo concurrió al llamado y mantuvimos una
reunión reservada en el baño de la sala privada de reuniones
de la presidencia del Congreso Nacional. El coronel Gustavo
Lalama y yo le informamos que el Presidente Jamil Mahuad había
sido destituido por las Fuerzas Armadas y era conveniente que
se revisen los procedimientos por el bien del país y de la
institución; que era preciso evitar un enfrentamiento armado.
El coronel Fausto Cobo manifestó que esa también era su
intención. A continuación y como el tiempo apremiaba pedimos
reunirnos con los dirigentes indígenas y de la Coordinadora de
los Movimientos Sociales, para informarles sobre la
destitución del Presidente Mahuad.
La reunión reservada se inició a las 15h40 con la presencia de
las siguientes personas: coroneles Jorge Brito, Gustavo
Lalama, Fausto Cobo, Lucio Gutiérrez; Antonio Vargas, Napoleón
Saltos, Pablo Iturralde, Miguel Lluco, Edwin Piedra, Ricardo
Ulcuango, Salvador Quishpe, algunos oficiales y otras personas
más. Era la primera ocasión que conocía personalmente a los
dirigentes presentes. Nos saludamos cordialmente, les expliqué
que veníamos como mediadores con el propósito de buscar una
salida incruenta a la situación; se les informó que el
Presidente Mahuad había sido destituido y que queríamos
escuchar sus ponencias. Manifestaron su satisfacción por la
salida de Mahuad. Se resaltó la importancia de mantener la
unidad de la República y evitar fracturas institucionales. El
coronel Lucio Gutiérrez concordó con lo expuesto y manifestó
que por el bien del país él declinaba su posición. Al
preguntarles cuáles eran sus ponencias todos coincidieron en
lo siguiente:
1.- Mantener la Junta de Salvación Nacional.
2.- Salida de los integrantes del gobierno de Mahuad y su
detención.
3.- Salida de todos los generales y almirantes a quienes
consideraban cómplices y encubridores de lo que sucedía en el
país.
4.- Reestructuración del Estado y reformas a los tres poderes.
5.- Combatir y castigar la corrupción.
6.- Evitar enfrentamientos y manejar la crisis.
Relacionado al primer punto, se les manifestó que no era
posible. Luego de intercambiar criterios se acordó buscar a un
ciudadano que no tenga vínculos con ningún partido político y
que no haya estado relacionado con actos de corrupción; que
tenga el perfil semejante al de Yerovi Indaburu (presidente
interino de la década de los sesenta. N. del E.), para que
presida un gobierno de transición y que cumpla con los
postulados del Mandato del Parlamento de los Pueblos del
Ecuador para la Salvación Nacional, documento que me fue
entregado en ese momento.
Se había logrado un avance importante: las tensiones bajaron
un poco y se vislumbraba una salida negociada. Mientras se
desarrollaba la reunión el general Carlos Mendoza se comunicó
varias veces con el coronel Gustavo Lalama para preguntarle
sobre lo que estaba ocurriendo; Gustavo Lalama le manifestó
que la situación era difícil, inmanejable. Inclusive el
general Carlos Mendoza conversó con Fausto Cobo para pedirle
que salga del Congreso para mantener una reunión en el
Hospital Militar. Los oficiales no permitían la salida de
nadie aduciendo que era una trampa. En el último contacto
telefónico Gustavo Lalama pidió al general Carlos Mendoza que
viniera al Congreso Nacional para que se reúna con los
dirigentes. Que le enviaría un grupo de oficiales para que le
proporcionen seguridad. El general Carlos Mendoza le
respondió: "no ingresaré porque creerán que soy un golpista".
Esta es la respuesta de quien llegó al más alto grado militar
sin haber corrido riesgos de ninguna naturaleza. El país se
encontraba convulsionado y en serio peligro, y el General
Mendoza evadía irresponsablemente implementar una solución.
Simultáneamente se recibían llamadas de comandantes de
unidades de las tres ramas de las Fuerzas Armadas apoyando a
los oficiales que permanecíamos en el Congreso Nacional. Miles
de personas rodeaban el edificio y apoyaban el movimiento.
Ciertamente el pueblo clamaba por un cambio y se regocijaba
por lo que estaba ocurriendo. Se recibió la información que el
Presidente Mahuad había abandonado el Palacio de Gobierno y
que se dirigía al aeropuerto para abandonar el país.
Nuevamente se nos informó que se había dispuesto a tropas de
Fuerzas Especiales ejecuten un ataque al Congreso y que Alto
Mando había asumido los plenos poderes y que se dirigían al
Palacio de Gobierno (aunque más tarde los generales y
almirantes afirmarían que esa decisión fue parte de la
estrategia de engaño). Esto causó profundo malestar a todos
los que nos encontrábamos reunidos. Los ánimos se exaltaron.
Los generales y almirantes se encontraban en sus oficinas
cuidando el puesto mientras dos coroneles que buscaban una
salida negociada eran traicionados por los verdaderos
conspiradores y golpistas. Una vez más, a la incompetencia se
sumaba la deslealtad, la traición y la falta de criterio.
Se improvisó una rueda de prensa en la que intervine para
pedir a todos los militares que mantengan la calma y enviarles
un mensaje de solidaridad. Civiles, oficiales y tropa en
servicio activo y pasivo seguían sumándose al movimiento. La
euforia del momento hizo que se decida realizar una marcha
hacia el Palacio de Gobierno para ver qué pasaba con los
generales y almirantes que ya se encontraban allí.
El coronel Gustavo Lalama y yo permanecimos en el Congreso
Nacional, con la finalidad de mantener el control del personal
militar que se encontraba allí y del que continuaba
presentándose. Nos trasladamos a la presidencia del Congreso
Nacional lugar desde el cual se impartieron disposiciones para
mantener la calma a las unidades que se continuaban
adhiriéndose. Los comandantes y estados mayores de algunas
unidades se presentaron a presentar su respaldo. Se les ordenó
que retornen a sus unidades y esperen disposiciones. Se evitó
así la posibilidad de que se produzca un enfrentamiento. Se
dispuso al teniente coronel Aguilar, Comandante de la Escolta
Presidencial, que no dispare en contra de los civiles y
militares que marchaban hacia el Palacio de Gobierno y
respondió que cumpliría con la orden.
Con Gustavo Lalama y otros oficiales procedimos a realizar un
análisis de la situación que se vivía en ese momento,
concluimos que la rebelión del pueblo ecuatoriano estaba
plenamente justificada y no había una salida enmarcada en un
concepto tradicional: que la solución sería atípica como
atípicos eran los hechos que se desarrollaban.
A las 19h00 aproximadamente se presentaron el Jefe y los
miembros del Estado Mayor tanto de la Brigada de Ingenieros
No. 23 "CENEPA" así como del Cuerpo de Ingenieros de la Fuerza
Terrestre No. 23, en apoyo al movimiento. Se les dispuso que
retornen a sus cuarteles, mantengan la tranquilidad y que
esperen disposiciones. La televisión transmitía las escenas
que se desarrollaban en la Plaza de la Independencia cuando el
pueblo y los militares arribaban al lugar. No se produjeron
enfrentamientos o acciones de represión de parte del personal
militar que brindaba seguridad: cumplieron la disposición
impartida. Los integrantes del Alto Mando Militar y de la
Policía Nacional habían llegado al Palacio de Gobierno a las
18H15; el general Telmo Sandoval, con los brazos levantados,
había declarado a los medios de comunicación social nacionales
e internacionales: "Venimos a tomarnos el poder". Quedaba así
confirmada la información: las Fuerzas Armadas habían asumido
los plenos poderes. El general Telmo Sandoval, desesperado,
temía que el poder se le vaya de las manos. Así mismo los
medios de comunicación informaron que en el interior del
Palacio de Gobierno se desarrollaban negociaciones entre la
Junta Militar y los integrantes de la Junta de Salvación
Nacional.
A las 20h00, mientras observábamos el canal Gamavisión y la
manera de cómo se procesaba las informaciones y se realizaban
parcializados análisis de lo que sucedía, lo que distorsionaba
la verdad de los hechos y desorientaba a la ciudadanía, tomé
la decisión de intervenir para aclarar al periodista Andrés
Carrión: "No es un golpe de estado; el pueblo ecuatoriano,
soberanamente, ha decidido revocar el mandato al Presidente
Mahaud porque no ha cumplido con sus obligaciones".
A las 21h00 llegó un grupo de oficiales, entre ellos el
teniente coronel Hidalgo, Profesor de la Academia de Guerra de
la Fuerza Terrestre, con el mensaje de que era indispensable
nuestra presencia en el Palacio de Gobierno, porque las
negociaciones entre la Junta Militar y la Junta de Salvación
Nacional no progresaban y se había llegado a un punto muerto.
Nos trasladamos de inmediato; ingresamos al Palacio y fuimos a
la sala contigua a la oficina del Presidente de la República.
En ese lugar se encontraban: el Alto Mando que había asumido
los plenos poderes, la Junta de Salvación Nacional, dirigentes
indígenas, oficiales y tropa. El ambiente era extremadamente
tenso. Pude percibir la mirada de odio del general Telmo
Sandoval. Todo lo que ocurría, en gran parte, era su
responsabilidad pues puso en grave riesgo la paz del país y la
integridad institucional de las Fuerzas Armadas. Las
intervenciones eran muy beligerantes. Nadie aceptaba la
permanencia en el servicio activo de los generales y
almirantes de las Fuerzas Armadas porque se les consideraba
cómplices del caos político, económico y social del país; y a
los generales Carlos Mendoza y Telmo Sandoval, traidores a los
indígenas y al pueblo.
¿Qué compromisos habían adquirido?
1. Que la Junta de Salvación Nacional asumía el gobierno del
país y el Alto Mando militar se mantenía sin cambios. El
general Telmo Sandoval manifestó que no podía subordinarse a
un coronel. Los dirigentes de la CONAIE: Antonio Vargas, Luis
Macas, Miguel Lluco, Salvador Quishpe, Edwin Piedra, coronel
Lucio Gutiérrez y Dr. Carlos Solórzano insistían que no habían
venido a negociar nada e invitaban a los generales y
almirantes a salir del Palacio.
2. Que en la Junta de Salvación Nacional se incluya al general
Carlos Mendoza. Esta opción fue desechada con los mismos
argumentos que la anterior.
3. Exactamente a las 22h30, como consta en la rúbrica de
documentos, el capitán de navío Miguel Angel Valencia, asesor
del vicealmirante Enrique Monteverde, Comandante General de la
Fuerza Naval, me entregó un documento que contenía la posición
oficial de las Fuerzas Armadas. Luego de recibirlo y antes de
leerlo, intervine para manifestar y responsabilizar a los
generales y almirantes y, particularmente, al Alto Mando
Militar por la crisis que atravesaba el país y prevenir que en
cualquier decisión que se adopte tendrá que evitarse la
disolución del Ecuador y la fractura de las Fuerzas Armadas;
que era indispensable evitar un enfrentamiento fratricida
entre ecuatorianos.
Al concluir la lectura, la indignación de los civiles y
militares presentes fue evidente; se pidió nuevamente a los
generales y almirantes que abandonen de inmediato el Palacio.
La situación se tornó muy tensa. En ese momento se acercó un
oficial alumno de la Academia de Guerra y me informó que la
gente que se encontraba en la Plaza Grande se encontraba muy
inquieta y pugnaba por ingresar al Palacio, que era necesario
impedir esta acción. Salí al balcón del Palacio y me dirigí a
las personas que allí se encontraban pidiéndoles que mantengan
la tranquilidad y paciencia, pues se estaban buscando una
salida a la crisis; también bajé a la puerta principal de
ingreso al Palacio para impedir que los oficiales, tropa y
civiles se intranquilicen y causen incidentes.
Al retornar al salón presencié cuando el coronel Fausto Cobo
intervenía para proponer que el general Carlos Mendoza
reemplace al coronel Lucio Gutiérrez en la Junta de Salvación
Nacional. Se acordó un receso de 30 minutos para que las
partes analicen y deliberen sobre la propuesta. Antonio Vargas
y los dirigentes de la CONAIE decidieron abandonar las
negociaciones y el Palacio. Me acerqué a él y le manifesté que
era necesario que analicemos la situación, que no era
conveniente abandonar el Palacio; que pensemos sobre la
propuesta presentada; Antonio aceptó. Durante 20 y más minutos
conversamos sobre las consecuencias de la fractura de las
Fuerzas Armadas. Luego de reflexionar, Antonio Vargas y los
dirigentes de la CONAIE aceptaron a regañadientes la
propuesta. Simultáneamente, los coroneles Fausto Cobo y
Gustavo Lalama se encargaron de conversar con el coronel Lucio
Gutiérrez y con el doctor Carlos Solórzano Constantine. El
coronel Lucio Gutiérrez manifestó que por el bien y la
tranquilidad del país y la unidad institucional de las Fuerzas
Armadas, aceptaba la propuesta. El doctor Carlos Solórzano
aceptó pero con la condición de que el coronel Lucio Gutiérrez
sea designado Ministro de Gobierno.
Retornamos al salón y reiniciamos las conversaciones. Se
informó al Alto Mando que la propuesta para que el general
Carlos Mendoza sea parte de la Junta de Salvación Nacional fue
aceptada, pero con dos condiciones: La primera que el coronel
Lucio Gutiérrez será el nuevo Ministro de Gobierno; la
segunda, que los militares y policías no sean sancionados -era
la segunda ocasión en este día que el Alto Mando Militar y
Policial se comprometía a lo mismo-. Aceptada la propuesta por
el Alto Mando Militar y la Junta de Salvación Nacional, el
capitán de navío Miguel Angel Valencia, intentó cuestionar la
presencia del doctor Carlos Solórzano en la Junta. El coronel
Lucio Gutiérrez se exaltó y exigió el cumplimiento de lo
acordado. El general Telmo Sandoval, en ese crucial momento,
le manifestó insistentemente al general Carlos Mendoza:
"acepta Carlos...Nosotros te ayudamos". El vicealmirantes
Enrique Monteverde mostraba signos de contrariedad; expresó
tajantemente que solicitaría la disponibilidad; le manifesté
que no era conveniente porque tenía ascendiente en la Fuerza
Naval. Las tensiones disminuyeron. Para solemnizar el acuerdo
alcanzado, el capitán de navío Miguel Angel Valencia propuso
cantar el Himno Nacional, rezar un padrenuestro tomados de las
manos, frente a un crucifijo localizado en una esquina del
salón, y jurar, por el cumplimiento del compromiso, trabajar
por el pueblo ecuatoriano y la Patria. El acto fue solemne -
aunque el general Telmo Sandoval, en demostración de extremado
cinismo en la entrevista con el peiodista Diego Oquendo en
radio Visión el 27 de enero, afirmaría sin rubor alguno que
todo fue parte de una "estrategia de engaño"-. Finalizado el
acto los coroneles Jorge Brito, Fausto Cobo y Gustavo Lalama,
nos presentamos ante los generales Carlos Mendoza y Telmo
Sandoval. Se había logrado una solución coyuntural, incruenta
y única a la crisis.
De esta manera se entregó al general Carlos Mendoza, Antonio
Vargas, Dr. Carlos Solórzano y al Alto Mando Militar el
control de la situación; se evitó así el derramamiento de
sangre; se preservó la integridad física de todos los actores,
civiles y militares, del Alto Mando Militar, sus ayudantes y
asesores.
El reloj marcaba las 23h35 de la noche del viernes 21 de enero
del 2000. Un día muy singular en mi vida, único, cuyas
profundas huellas repercutirán por el resto de mi vida. Para
mayor comprensión de lo que sucedía en el resto del país, hay
hechos que es preciso recordarlos: Entre las 21:30 y 23:00
horas del viernes 21 de enero, de manera simultánea a las
negociaciones que se desarrollaban en el Palacio de Gobierno
un grupo de coroneles (y equivalentes) de las tres ramas de
las Fuerzas Armadas, comandantes de algunas brigadas de la
Fuerza Terrestre y similares en las otras Fuerzas, en
cumplimiento de expresas disposiciones superiores (en el caso
de la Fuerza Terrestre las disposiciones fueron impartidas
mediante telegramas por los siguientes oficiales: general de
división Braulio Jaramillo, Director de Operaciones;
verbalmente, general de brigada Jaime Del Castillo, Director
de Logística, y coronel de Estado Mayor Conjunto Octavio
Romero, Director de Personal; todas estas acciones fueron
presenciadas por los jefes, oficiales, tropa y empleados
civiles de la Dirección de Operaciones de la Fuerza Terrestre)
sin considerar el criterio de sus oficiales y tropa, se
pronunciaron públicamente a través del Canal 5 de televisión
"Telesistema", en el programa que conducía el periodista
Gonzalo Ortiz Crespo, en favor de la decisión del Alto Mando
Militar de "asumir los plenos poderes", mientras la mayoría de
los Estados Mayores, comandantes de los batallones, grupos y
similares se solidarizaban (más de 150 llamadas telefónicas
debidamente registradas) con los participantes en los hechos
del 21 de Enero.
Los oficiales antes citados no se percataron que cometían una
infracción contra la seguridad interior del Estado, así
tipificada en el Código Penal Militar. Grave error en el que
incurrieron. Algunos de ellos, inclusive nos injuriaron de
palabra, atentaron contra el honor y la dignidad de Gustavo
Lalama y mi persona que buscábamos una salida negociada a la
crisis. En julio todos ellos fueron calificados para su
ascenso; sólo uno de ellos ascendería a general de brigada. Su
acción en favor de los generales y almirantes no les sirvió de
nada; los generales de la Fuerza Terrestre no fueron
consecuentes y se portaron desleales con quienes "les
salvaron" (y hasta llegaron a mentir para ponerse de su lado).
Eran las 23h45 cuando se realizó la rueda de prensa en la que
el general Carlos Mendoza informó la conformación de la nueva
Junta de Salvación Nacional. El descontento de la gente que
colmaba la Plaza de la Independencia fue grande al observar al
general Carlos Mendoza como miembro de la Junta de Salvación
Nacional. Este hecho confirma que los generales y almirantes
de las Fuerzas Armadas había perdido legitimidad ante la
nación ecuatoriana. Cuando la rueda de prensa concluyó, el
general Mendoza se reunió con Antonio Vargas y el doctor
Carlos Solórzano en una oficina aledaña al despacho
presidencial y delegó a su edecán y oficiales de confianza
para que se reúnan con los dirigentes de la CONAIE y la
Coordinadora de los Movimientos Sociales, con la finalidad de
elaborar las propuestas y decretos del nuevo gobierno que se
darían a conocer en las próximas horas, así como los nombres
de las personas que ocuparían los cargos en el gobierno de la
Junta de Salvación Nacional. La reunión en la que participaba
el general Carlos Mendoza fue interrumpida por una llamada
telefónica que solicitaba la urgente presencia de él en el
Ministerio de Defensa.
Al salir de esta reunión el general Carlos Mendoza nos llamó
al coronel Gustavo Lalama y a mí y nos dijo: "Jorge, Gustavo,
yo me voy de aquí. Ellos no tienen nada, ningún plan...".
Nosotros le manifestamos: "mi general, usted no puede irse en
este momento, usted debe quedarse; tiene que asumir la
responsabilidad, el país puede caotizarse. Permanezca al menos
hasta la siete de la mañana, para que más tranquilos decidan
la mejor salida, la mejor solución; no conviene que se dé un
vacío de poder porque podría producirse de nuevo un caos
mayor". Ante nuestra insinuación, él manifestó: "Me acaba de
llamar Peter Romero desde Washington y me indicó que Estados
Unidos va a suspender todo el apoyo y que ejercerá un bloqueo
al Ecuador" -como siempre, el Gran Hermano amenazando y
chantajeando-. Le insistí: "Usted no tiene que preocuparse de
que EE.UU. le apoye o no, usted decidió asumir la
responsabilidad". El general Mendoza dijo: "Leslie Alexander
también me ha llamado, él me condecoró y yo no puedo
defraudarlo. Me han llamado mi esposa y mi hijo para decirme
que no están de acuerdo con lo que pasa. Mire, Jorge, voy a
conversar con los generales y almirantes, con el Alto Mando,
espérenme aquí". Después de esta conversación, a las 12h30
aproximadamente, el general Mendoza se dirigió al Ministerio
de Defensa Nacional.
El general Carlos Mendoza no supo discriminar entre los
intereses de la Patria, a la cual juró lealtad, y los
problemas domésticos. Nunca estuvo preparado ni profesional ni
psicológicamente para el grado y función que ejercía; se
olvidó que el soldado, en esas circunstancias, tiene que
sacrificar su vida si es necesario. Fue la última vez que lo
vi. Hasta ahora no lo he vuelto a ver cara a cara.
El coronel Gustavo Lalama, los oficiales y tropa comenzaron a
retirarse del Palacio de Gobierno; el coronel Lucio Gutiérrez
y los alumnos de la Academia de Guerra y de la Escuela
Politécnica se habían retirado; la gente que se encontraba en
la Plaza Grande, decepcionada, abandonaba el lugar. Antonio
Vargas, Carlos Solórzano, Napoleón Saltos Miguel Lluco,
Salvador Quishpe, Blanca Chancoso, Edwin Piedra, Marcelo
Larrea, Pablo Iturralde, Luis Macas, y otros dirigentes
permanecían en el salón donde se desarrollaron las
negociaciones.
Respiré más tranquilo, sin embargo, dudaba de la actitud del
general Mendoza. Bajé a la oficina del comandante de la
Escolta Presidencial; fui luego al comedor y me serví algunas
tazas de café y algo de comer. Estaba cansado, la jornada
hasta ese momento había sido larga y difícil y no concluía
todavía. Retorné a la oficina del comandante de la Escolta
Presidencial y esperé, mientras conversaba sobre lo que había
ocurrido con el teniente coronel Carlos Obando, compañero en
la guerra del Alto Cenepa, quien se encontraba al mando de las
tropas que brindaban seguridad al Palacio de Gobierno, el
teniente coronel Aguilar, comandante de la Escolta
Presidencial y otros oficiales. El Palacio de Gobierno estaba
solitario y el personal militar adoptó el dispositivo de
seguridad.
A la 01h10 de la mañana del sábado 22, el general Carlos
Mendoza, luego de presentar su disponibilidad ante el Consejo
de Generales y Almirantes de las FF.AA., que se opusieron a
que la Junta de Salvación Nacional se mantenga en el poder,
particularmente los vicealmirantes y contralmirantes que
tenían compromisos con el vicepresidente Gustavo Noboa,
retornó al Palacio de Gobierno y se reunió con Antonio Vargas
y Carlos Solórzano para comunicarles que renunciaba y se iba a
su casa. Esta decisión complicó el panorama, se abría la
posibilidad de que la solución coyuntural de la crisis podría
fracasar. Según el general Carlos Mendoza "era menos
vergonzoso ser cómplice de Mahuad que ser miembro de la Junta
de Salvación Nacional". Para él fueron más importantes sus
amigos Peter Romero, Leslie Alexander y las amenazas de León
Febres Cordero y los politiqueros corruptos, que el futuro de
doce millones de ecuatorianos. Traicionó a la Nación y no
cumplió el juramento que realizó cuando se graduó de oficial.
A la 01h30 el mayor Gachet, segundo comandante de la Escolta
Presidencial, me informó que en la puerta de la calle Chile se
encontraban los generales Paco Moncayo y René Yandún
acompañados del doctor Daniel Granda, y que querían conversar
conmigo. El Palacio estaba en silencio y casi vacío. Salí a
recibirlos e ingresé con ellos a la oficina. Les informé que
el general Mendoza había renunciado a la Junta de Salvación
Nacional. El general Moncayo manifestó: "Jorge, es urgente que
analicemos los posibles escenarios; hay que buscar una salida
lo más pronto posible, porque existe el riego de que el país
se caotice". Llamé al coronel Fausto Cobo y analizamos las
opciones posibles. Se concluyó que los generales y almirantes
optarían por la sucesión presidencial: entregarían el poder al
vicepresidente Gustavo Noboa, quien había esperado ansioso
junto a su comitiva que lo llamen desde las 19h00, de acuerdo
al plan que tenían; y a esta hora ya había arribado al
edificio del Comando Conjunto. El teniente coronel Aguilar
recibía a cada momento llamadas telefónicas de los generales
que averiguaban lo que estaba ocurriendo. Sobre todo querían
saber qué hacían los coroneles Jorge Brito y Fausto Cobo y
algunos oficiales que permanecíamos en el Palacio. Los
generales Paco Moncayo y René Yandún y el Dr. Daniel Granda se
retiraron a sus domicilios, me recomendaron actuar con
serenidad y prudencia. Se dispuso que el teniente coronel
Aguilar solicite disposiciones al general Carlos Moncayo. El
coronel Fausto Cobo solicitó hablar con el general Telmo
Sandoval lo que fue aceptado.
A las 03h35, el coronel Fausto Cobo acompañado de los
tenientes coroneles David Molina y Rafaél Dávila, profesores
de la Academia de Guerra de la Fuerza Terrestre, salió hacia
el Ministerio de Defensa. Los dirigentes de la CONAIE y de los
Movimientos Sociales permanecían en el salón de reuniones
analizando la situación. A las 03h45, el coronel Fausto Cobo
se comunicó conmigo y me informó que había conversado con el
general Telmo Sandoval y que me incorpore a mi función como
Subdirector de Operaciones de la Fuerza Terrestre. Le
manifesté que no era conveniente abandonar a los dirigentes de
la CONAIE y de los Movimientos Sociales. Mi preocupación en
ese momento era precautelar la integridad de quienes se
encontraban en el Palacio. Presentía que los generales y
almirantes iban a faltar a los compromisos y a su juramento y
por esta razón me comuniqué con el coronel Lucio Gutiérrez y
le recomendé que salga de su domicilio porque temía por su
seguridad: el general Telmo Sandoval estaba al mando de las
Fuerzas Armadas y su "compañero" el Dr. Gustavo Noboa, iba a
asumir la presidencia. Me manifestó que saldría lo más
temprano posible de su domicilio, para evitar su detención.
Los teléfonos de la oficina de teniente coronel Aguilar
comenzaron a sonar insistentemente; los generales Carlos
Moncayo, Luis Burbano y Carlos Calle se comunicaron conmigo
con el propósito de conocer cuáles eran mis intenciones. Les
manifesté que no abandonaría el Palacio mientras no sea
relevado por un general que se encargue de mantener el enlace
con los dirigentes indígenas y de los movimientos sociales.
Ningún general tuvo el valor de concurrir al Palacio,
relevarme y mantener el enlace y se repetía la escena de la
mañana del viernes 21, cuando se produjo la toma del Congreso
Nacional.
Al escuchar mi firme decisión, el general Telmo Sandoval se
comunicó conmigo y le informé sobre mi decisión. Aproveché
para manifestarle que no era conveniente para el país que se
produzca un vacío de poder, pues a esa fecha yo no sabía que
él había conspirado con el vicepresidente, quien a esa hora ya
se encontraba en el edificio del Comando Conjunto preparando
el discurso para instituirse en Jefe Supremo. Posiblemente por
la preocupación que tenía, recomendé al general Telmo Sandoval
que asuma como miembro de la Junta de Salvación Nacional en
reemplazo del general Carlos Mendoza; y él me respondió:
"Bueno, Jorge, me pone a pensar. Espere un momento, yo le
llamo en cinco minutos". A los cinco minutos me llamó el
general Carlos Calle y me preguntó: "Jorge, ¿es posible que
usted venga acá, al Comando Conjunto, con todos los dirigentes
que se encuentran en el Palacio?". Yo le respondí: "Creo que
no hay inconveniente, voy a consultarles". Me dirigí al salón
y les informé a todas las personas que estaban reunidas que el
Alto Mando deseaba conversar con ellos. Cuando comuniqué el
deseo del Alto Mando de conversar con los dirigentes de la
CONAIE y de los movimientos sociales me aclararon que si era
un pedido del general Telmo Sandoval y que estaban dispuestos
a ir. El doctor Carlos Solórzano, Antonio Vargas, Edwin Piedra
y los demás me dijeron: "Bueno coronel, si usted nos garantiza
que no nos va pasar nada". Les respondí: "Yo les garantizo
con mi vida que no les va a pasar absolutamente nada".
Realizamos las coordinaciones para el transporte; en mi
vehículo y en una camioneta de la Escolta Presidencial, a las
04h05 salimos con dirección al Ministerio de Defensa
Nacional. Al llegar al acceso posterior observé el exagerado
e inoportuno dispositivo de seguridad que se había adoptado
innecesariamente.
(sigue)
Néstor Miguel Gorojovsky
gorojovsky en arnet.com.ar
*****************************************************************************
Compañeros del exercito de los Andes.
...La guerra se la tenemos de hacer del modo que podamos:
sino tenemos dinero, carne y un pedazo de tabaco no nos
tiene de faltar: cuando se acaben los vestuarios, nos
vestiremos con la bayetilla que nos trabajen nuestras mugeres,
y sino andaremos en pelota como nuestros paisanos los indios:
seamos libres, y lo demás no importa nada...
Jose de San Martín, 27 de julio de 1819.
*****************************************************************************
Más información sobre la lista de distribución Reconquista-Popular