[R-P] Sobre el juanbejustismo y la señora Bonafini (era: Delicias "izquierdistas": derrota en Zanón y partición de los piqueteros)

Julio Fernández Baraibar julfb en sinectis.com.ar
Sab Feb 23 12:09:39 MST 2002


Comparto abiertamente las reflexiones del compañero Gabriel Fernández y
le agradezco particularmente por su observación acerca de lo que el
llama "el planteo económico" la asamblea piquetera de Plaza de Mayo. No
quiero parecer un viejito reiterativo (soy reiterativo, pero no
viejito), pero es el mismo planteo que yo criticaba a Hugo Quiroga. Más
que un error de apreciación o de argumentación, creo que constituye el
núcleo ideológico de lo que alguna vez llamamos "la izquierda cipaya".
Creen, como el maestro Justo, en "una moneda fuerte" y recubren con
ropaje obrerista y economicista su tributo al pensamiento antinacional.
Recordé, al leer la nota de Gabriel, la crítica que Altamira le hacía a
Héctor Recalde, y por ende a la CGT de Moyano o al MTA (no recuerdo si
era antes o después de la división de la CGT) porque Héctor proponía,
junto con todos los economistas de ese sector, la devaluación. El
argumento de Altamira era que eso significaría "una disminución del
valor del salario". O sea una disminución del valor del salario, medido
en "moneda fuerte". En la pétrea cabeza del discípulo de Silvio Frondizi
no entraba la posibilidad de una devaluación que mantuviera o aumentara
el valor adquisitivo del salario en términos de mercado interno y que
disminuyera, por ejemplo, la capacidad de concentración financiera de
las grandes empresas, sobretodo extranjeras. Demoledor crítico al
fetichismo de la moneda, se detiene frente al gran ídolo del triángulo
masónico que afirma "In God We Trust".
Argumentación simétrica a la que alguna vez le escuché a Juan Alemann
acerca de que, contrariamente a lo que se decía, la gestión de Martínez
de Hoz había aumentado la capacidad adquisitiva del salario, ya que los
trabajadores habían pasado de ganar, digamos, 400 pesos que equivalían
a, digamos, 250 dólares, a ganar 300 dólares. Es decir había aumentado
su capacidad de comprar dólares. Pero olvidaba decir que había
disminuido su capacidad de comprar leche, harina, luz, gas, fideos,
zapatillas, etc.
De ahí la importancia de lo que nos informa Gabriel Fernández. A mí
directamente se me había pasado. No es sólo divisionismo táctico. Nos
encontramos, creo, con verdaderos problemas estratégicos, es decir, de
concepción, teóricos.
No abundo sobre los otros aspectos del divisionismo, porque ya los hice
conocer en mi nota de respuesta al compañero Lapolla.
A propósito, el compañero se ha ofuscado por mi caracterización de la
señora Bonafini como cipaya y funda su estado de ánimo en que "la
compañera Hebe de Bonafini (...) tuvo el coraje de hacer lo que habia
que hacer cuando muchos o la mayoria callaba y aceptaba docilmente la
matanza y la masacre del ejercito genocida y cipayo sobre la militancia
popular de la
nacion". Ese es justamente el mérito que le reconocí en mi mensaje.
Pero, lamentablemente, lo uno no quita lo otro. Lavalle fue un
extraordinario y valiente oficial de San Martín en la Guerra de la
Independencia y un dogmático y criminal "cipayo" en nuestras guerras
civiles del siglo XIX. Cuando afirmo, y se imaginará el compañero
Lapolla que pensé un rato antes de decidirme a usar la maldita
palabreja, que: "A mi parecer, la señora Bonafini es habitualmente
sectaria, ultraizquierdista y cipaya", sostengo que su accionar político
desde, por lo menos, la asunción del alfonsinismo se carcterizó por los
siguientes errores. Un cerrado dogmatismo que llevó, entre otras cosas,
a la división del movimiento de las madres; un declaracionismo
superizquierdista (y uso este neologismo ya que el compañero Lapolla
declara que ha quitado de su vocabulario el término ultraizquierdista y
ya no recuerda qué significa) que la convierte en estrella en reuniones
internacionales de todo el mundo y la aisla del conjunto del pueblo
argentino al cual declara servir; y una visión abstracta y
universalistamente antimilitarista, que congela el dramático
enfrentamiento de la década del 70 y la represión estatal de la
dictadura, impide la necesaria superación dialéctica de ese drama y
cumple el papel simétrico a la de los militares y políticos que
reivindican la llamada "guerra sucia".  Creo, estoy convencido, que esto
sólo sirve a los enemigos del pueblo y la nación argentinos. Y no hay
terrorismo verbal de ningún tipo que me convenza de lo contrario. Si el
compañero Lapolla quiere podemos hablar sobre los militares argentinos,
sobre cuál debe ser una política nacional hacia ese sector, necesario
para cualquier proceso de liberación nacional, sobre qué papel cumplen
las posiciones de la señora Bonafini en la posibilidad de un proceso de
recuperación
nacional de nuestras FF.AA., o sus indiscriminadas declaraciones contra
todo tipo de dirigentes sindicales. O si quiere, podemos discutir sus
propios puntos de vista sobre estos temas.

Un abrazo a todos

Julio Fernández Baraibar





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