[R-P] Más para el debate: La revolución nacional, de M. Cerri (2 de 2)

Gorojovsky Gorojovsky en arnet.com.ar
Dom Feb 17 21:30:40 MST 2002


[segunda parte]

Si bien el Libertador era republicano, comprendió con 
tremenda lucidez que el desarrollo social no había alcanzado 
un punto que permitiera construir en las ex-colonias 
españolas un proyecto nacional bajo forma de república. 
Debido a esto, propugnó la coronación de un príncipe europeo 
que garantizara la unidad nacional de todas las ex-colonias 
españolas bajo un poder único, fuerte y centralizado capaz de 
neutralizar las tendencias disgregadoras y de asegurar el 
respeto de las potencias del viejo continente a nuestra 
independencia (precisamente de la misma manera en que se 
había hecho en las ex-colonias portuguesas con la coronación 
de Pedro I).
La miopía política de muchos que eran sinceros patriotas y 
las intrigas de quienes eran enemigos impidieron que San 
Martín concretara el proyecto acorde a nuestras 
circunstancias. El resultado quedó a la vista: las ex-
colonias inglesas construyeron Estados Unidos; las ex-
colonias portuguesas conformaron el Brasil; las ex-colonias 
españolas quedaron partidas en un montón de países distintos, 
desconectados entre sí, fáciles de dominar desde el 
extranjero y habitualmente enfrentados en guerras fraticidas.
Política es realidad, y a la realidad se la afirma o se la 
niega.
Las características propias de Nuestra América a principios 
del 1800 hacían imposible aplicar un proyecto nacional bajo 
forma de república en los términos en que fue realizado en la 
Norteamérica anglosajona. Lo realista era crear nuestro 
proyecto nacional a través de un modelo propio que respetara 
nuestras circunstancias. Lo más avanzado y lo más acertado no 
era traer la constitución de Estados Unidos o las ideas 
europeas sino elaborar nuestras propias constituciones y 
nuestras propias ideas según nuestro propio medio social. No 
comprender esto nos costó la fragmentación y el aborto del 
proyecto nacional, cuyos principales agentes internos fueron 
el caudillismo y la anarquía, y cuyo principal agente externo 
fue la estrategia foránea de dividir para reinar. 
En la Argentina, particularmente, se ha verificado a lo largo 
de los últimos 200 años una puja permanente entre la 
Revolución (que impulsa un Proyecto Nacional) y la contra-
revolución (que hasta ahora ha impuesto un “régimen” anti-
nacional).
Ese Proyecto Nacional que postula la Revolución es nuestra 
Obra Suprema de Nacionalidad que aún está pendiente y sin la 
cual no tenemos la menor perspectiva de futuro ni de 
realización personal o social.

“Serás lo que hay que ser, si no eres nada.” (José de San 
Martín).

La Revolución Nacional en la Argentina se llevó acabo según 
las propias características de cada circunstancia, tanto en 
la obra de Restauración, de Reparación y de Dignificación.
La experiencia histórica del Pueblo Argentino, con sus 
propias particularidades, ha dado lugar a la creación de 
nuestra Doctrina Nacional, argentina, criolla, autóctona y 
fiel reflejo de nuestra idiosincracia. Sus fuentes directas 
son las enseñanzas de la lucha argentina y americana de estos 
doscientos años, el pensamiento y la acción de nuestros 
máximos próceres y referentes, la antigua filosofía griega y 
el pensamiento político moderno.
El ideario sanmartiniano, rosista, yrigoyenista y peronista 
alcanzó su máxima elaboración sistemática en el marco de la 
Doctrina Justicialista.
El Justicialismo es la formulación doctrinaria de la 
Argentinidad y, si bien se lo ha identificado hasta hoy 
exclusivamente con la experiencia histórica del Movimiento 
Peronista, excede ampliamente la misma, y de hecho es el 
producto acumulado de toda la lucha política del Pueblo 
Argentino. Es cuestión de estudiar a fondo la obra encabezada 
sucesivamente por San Martín, Rosas, Yrigoyen y Perón para 
darse cuenta y verificar que los criterios políticos 
sustentados por ellos eran los mismos y que los aplicaban de 
una forma o de otra según las circunstancias. Es más: resulta 
evidente que las proclamas de Rosas recogen los análisis 
sanmartinianos que el Restaurador conoció tanto por su propia 
correspondencia con el Libertador como por boca de sus 
principales asesores y ministros (entre ellos Guido y 
Sarratea) estrechamente vinculados a San Martín.
El origen rosista de la familia de Yrigoyen, su vida en el 
campo, su conocimiento de nuestra historia y la permanente 
referencia a Rosas explican la identidad entre el perfil 
político del jefe radical y el caudillo federal.
La concepción de la Comunidad Organizada desarrollada 
doctrinariamente por Perón nos remite directamente a la 
gobernación de Cuyo por San Martín, donde por primera vez se 
ejecutó dicha política. El criterio racional, equilibrado, 
justo, humanista y patriota que caracterizó siempre al 
Libertador (quien, entre otras cosas, fue el primero en 
dictar leyes laborales en favor del trabajador) constituye la 
base estratégica de la concepción justicialista que el 
General Perón, al igual que San Martín, profundiza, 
fundamenta y actualiza, según nuestras propias 
circunstancias, en el estudio de la antigua filosofía griega 
y del pensamiento político moderno.

“Hemos dado una doctrina que no hemos extraído de nosotros 
sino del pueblo.” (Juan Domingo Perón).

“Algunos dicen que es mi doctrina; sí, yo la he hecho, pero 
la he bebido en el pueblo y la he recibido del pueblo. Soy 
solamente un intermediario del pueblo que he tenido, diremos, 
la condición de captar del pueblo qué es lo que el pueblo 
quiere y de ir realizándolo como interpreto que el pueblo lo 
quiere.” (Juan Domingo Perón).

“El Movimiento Nacional Argentino, que llamamos 
Justicialismo en su concepción integral, tiene una doctrina 
nacional.” (Juan Domingo Perón).

No debemos perder de vista que nuestros máximos referentes 
históricos fueron hombres de elevada moral, de mucha cultura, 
de conocimientos políticos profundos, de sentimiento 
patriota, de elaboración lúcida y realista. No fueron 
improvisados en modo alguno y no “tocaban de oído”. 
Conviene tener esto en claro y actuar a ejemplo de ellos.
Hoy, no podemos perder de vista el marco político dentro del 
cual nosotros actuamos, que se caracteriza por la continuidad 
del enfrentamiento entre la Revolución y la contra-
revolución. Así, muchos agentes enemigos hablan de 
“Justicialismo” pero en la práctica deforman y desvirtúan 
el contenido de nuestra Doctrina Nacional Argentina. Esto 
forma parte de la infiltración ideológica contra el 
Movimiento Revolucionario.
Tanto Adam Smith como Carlos Marx tuvieron continuadores 
supuestamente liberales y marxistas que, en realidad, no 
fueron ni una cosa ni la otra, lo cual no permite desmerecer 
las doctrinas originales formuladas por ambos.
¿Se puede condenar a Washington por lo que hizo Truman, a San 
Martín por Rivadavia, a Bolívar por Santander, a Martí por 
Estrada Palma, a Lenin por Stalin, a Perón por Menem? No, no 
se puede, porque sería injusto y totalmente fuera de la 
realidad. Hay que separar la paja del trigo.
Lo que los argentinos debemos hacer es estudiar y analizar a 
fondo nuestro propio proceso histórico, porque es dentro de 
él que actuamos y nos desenvolvemos. Sin duda, no hay cosa 
más importante que el deseo de aprender y conocer, pero esto 
debe comenzar por nuestras propias circunstancias porque es 
sobre éstas que se cumple nuestra existencia y sobre las 
cuales debemos influir acertadamente.
Debemos conocer bien la lucha argentina, que está llena de 
abnegación y de heroísmo; aprender de los hombres que 
forjaron a la Patria, nuestros próceres; trabajar para 
profundizar y comprender sus ideas y sus acciones. Es 
patética la forma en que muchos supuestos historiadores, 
politólogos e “intelectuales” pretenden juzgar desde un  
pedestal “científico” la política de nuestros máximos 
referentes históricos sin tener el menor conocimiento ni 
fundamento. De hecho, es habitual encontrarse con quienes, 
por haber leído algún que otro material, ya pretenden “dar 
cátedra” y, peor aún, se atreven a señalar con el dedo 
supuestos errores de quienes fueron los jefes y conductores 
de nuestro pueblo. El principal error: querer analizar la 
política de nuestros líderes sin tener la comprensión de la 
política que ellos tuvieron.
En política, son fundamentales el radar y el telescopio: el 
primero da la visión panorámica y el segundo la longitud de 
vista (que entre otras cosas otorgan capacidad de prever). 
Muchos que no poseen estos elementos porque ni siquiera se 
han preocupado por adquirirlos, se ponen a juzgar muy sueltos 
de cuerpo la política de nuestros próceres, que fue realizada 
con visión panorámica, con longitud de vista y según las 
circunstancias. Se trata de pretendidos “censores” que 
actúan llenos de vanidad y egocentrismo, lo cual los lleva a 
querer señalar errores sin tener en cuenta las condiciones de 
tiempo y lugar ni los factores en juego. Por ejemplo, estas 
dos verdaderas zonceras: “San Martín no comprendió a 
Artigas” y “Perón no comprendió la señal que hubiera dado 
trasladando su exilio de España a Cuba”. La pregunta 
necesaria es: quienes hacen estas afirmaciones, 
¿comprendieron a San Martín y a Perón? Pareciera que no, y 
vaya a saber dónde tienen puesta la cabeza. Entonces, ¿qué 
necesitamos? Argentinos compenetrados con nuestra realidad, 
que no repitan por boca de loro todo tipo de zoncera, porque 
con semejante error confunden, deforman, mienten y terminan 
trabajando para el enemigo. Necesitamos argentinos que 
analicen la política posicionados desde nuestro país y desde 
nuestro pueblo, que tengan ánimo de interpretar y valorizar 
en lugar de juzgar y recriminar. No necesitamos pretendidos 
“académicos” o “científicos” (San Martín y Rosas los 
llamaban despectivamente “doctores”) que parten siempre de 
subestimar a nuestra gente. Necesitamos analistas, 
doctrinarios y verdaderos artistas de la política que tengan 
orgullo nacional, patriotismo, espíritu revolucionario y que 
quieran contribuir a formar a las nuevas generaciones de 
argentinos en base a las enseñanzas de nuestra propia 
experiencia histórica y con el respeto que nuestro pueblo y 
nuestros próceres merecen.

“Las instituciones que se forman al empezar una grande época 
se perpetúan por las ideas que cada generación recibe cuando 
pasa por la edad en que averigua con respeto el origen de lo 
que han venerado sus padres.” (José de San Martín).

“General, no hay un verdadero argentino, un americano que al 
oír el nombre ilustre de usted y saber lo que usted hace 
todavía por su patria y por la causa americana no sienta 
redoblar su ardor y su confianza.” (Juan Manuel de Rosas, en 
carta a José de San Martín).

La política no se aprende, se comprende, y para esto resulta 
indispensable conocer los hechos objetivos y dominar también 
los principios de la conducción política, para que, sobre la 
base de la utilización combinada de ambos, se pueda emitir 
buen juicio conforme a la realidad y a nuestros objetivos 
nacionales.
A lo largo de la historia, cada pueblo ha tenido sus luchas, 
sus líderes y sus ideólogos. Nosotros los respetamos a todos 
pero decimos también que nuestra acción política, para ser 
acertada, debe basarse necesariamente en nuestra propia 
experiencia histórica y en las ideas que los hombres y 
mujeres de nuestro pueblo han desarrollado al calor de 
nuestra propia lucha nacional.
El Movimiento Revolucionario Argentino ha dado protagonistas 
verdaderamente brillantes y esclarecidos; es un deber 
inexcusable de todos nosotros aprovechar lo realizado por 
ellos.
La teoría extranjera más “perfecta” no nos sirve tanto como 
una estrofa del Martín Fierro, unas décimas de Atahualpa 
Yupanqui o un razonamiento de Arturo Jauretche, concebido 
todo esto desde la raíz misma de nuestra nacionalidad, desde 
nuestra idiosincracia y desde nuestra realidad.
Nosotros no somos necios, por lo cual no negamos tipo alguno 
de conocimiento. Sencillamente, planteamos la necesidad de 
posicionarnos desde lo nuestro y, a partir de ahí, 
metabolizar lo de afuera como aporte externo que enriquezca 
lo propio, argentinizándolo.
Desde nuestro punto de vista argentino, es imprescindible no 
dejar de ver que los dos modelos externos que nos fueron 
presentados han fracasado: el proyecto comunista no se ha 
llegado a aplicar en país alguno y los intentos que se 
hicieron se cayeron todos; el proyecto capitalista sí se ha 
aplicado y se sigue aplicando, pero su resultado está a la 
vista: el genocidio de la raza humana y la destrucción del 
planeta. ¿De qué sirve que tres o cuatro hombres viajen al 
espacio si aquí en la tierra tenemos miles de millones de 
personas en la más espantosa miseria? ¿No es un insulto al 
hombre medir el grado de su evolución por el consumo de 
bienes materiales que alcanza?
Ninguno de esos dos proyectos tienen relación con nuestra 
realidad, nuestra historia, nuestra forma de ser, nuestros 
valores, nuestro anhelo de independencia, justicia y 
libertad.
Nosotros los argentinos fuimos avanzando hasta construir 
nuestro propio modelo, la Comunidad Organizada según la 
concepción justicialista. Nuestro modelo nos dio muy buen 
resultado durante los diez años que lo aplicamos, a tal punto 
que sólo por la fuerza pudieron privarnos de él. En 1955, el 
Justicialismo se estaba aplicando con absoluta eficacia, 
éxito y buenos resultados, sustentado en la legalidad y en la 
legitimidad que le daba el abrumador apoyo político del 
Pueblo Argentino. Precisamente por esto fue que el enemigo 
debió utilizar la violencia armada para eliminarlo.
A mediados de la década del ’40, Perón organizó una comisión 
de aproximadamente doscientos argentinos cuya tarea sería 
elaborar la base de un Proyecto Argentino para los 
argentinos. Ellos hicieron el trabajo, lo entregaron a Perón 
y éste inició su ejecución al mismo tiempo que lo dotaba de 
una fundamentación filosófica, ideológica, doctrinaria y 
política. Y fue uno de sus colaboradores en la Secretaría de 
Trabajo y Previsión, el Doctor Stafforini, quien según el 
propio General contó, le dio el nombre al proyecto: 
“Pongámosle Justicialista”, dijo Stafforini.

“La concepción justicialista, que nace en 1945, es una 
concepción simple, con una base filosófica firme y que 
obedece a un concepto cristiano y humanista de la política.
Indudablemente que el mundo ha venido desarrollando una 
evolución que hay que captar si queremos darle una 
continuidad congruente en el futuro. Es de ahí de donde parte 
el Justicialismo.
Es indudable que el capitalismo, que se instaura como sucesor 
del medioevo, trae consigo la empresa, la máquina, que 
modifica extraordinariamente la actividad de la comunidad. 
No podemos negar que en los dos siglos de acción del 
capitalismo, el mundo, técnica y científicamente, ha 
progresado más que en los diez siglos precedentes. Aunque, 
indudablemente, ese progreso ha gravitado sobre las espaldas 
de los pueblos que han vivido sacrificados y miserables 
durante esos dos siglos.
Llegamos a este momento, en que se ha producido una gran 
revolución con aspiraciones de ser revolución mundial (la 
revolución rusa) y que un sinnúmero de revoluciones han 
explotado en el mundo como reacción contra ese sistema que 
impone el sacrificio de los pueblos para el avance científico 
y técnico de la humanidad.
Indudablemente que hoy los pueblos están muy esclarecidos en 
razón de los medios de comunicación, de la televisión, la 
radio, los diarios, las revistas, en fin, eso ha esclarecido 
a las masas populares, que han llegado a darse cuenta que se 
prepara para el futuro otro sacrificio semejante para obtener 
un progreso parecido. Y ya no quieren los pueblos que eso se 
realice sobre el sacrificio, el dolor, el hambre y la miseria 
de ellos. Así es como nosotros lo vemos.
Entonces, es necesario que ofrezcamos a los pueblos la 
posibilidad de que trabajen felices, con un grado suficiente 
de dignidad, para un progreso técnico y científico de la 
humanidad que quizás no sea tan grande como el que ha venido 
asegurando el capitalismo, pero por lo menos que no sea sobre 
el sacrificio de nadie. Pueblos felices, trabajando sobre la 
grandeza de un mundo futuro, pero sin sacrificio y sin dolor, 
que eso es lo humano, que eso es lo natural, y que es también 
lo científico.
Entonces, debe haber una Tercera Posición, que es la que 
concibe el Justicialismo, donde el hombre, en una comunidad 
que se realiza, pueda también realizarse él como ente humano. 
Ésa es la verdadera concepción justicialista.” (Juan Domingo 
Perón).

"El Justicialismo es una nueva filosofía de la vida, simple, 
práctica, popular, profundamente cristiana y profundamente 
humanista. Como doctrina política, el Justicialismo realiza 
el equilibrio del derecho del individuo con el de la 
comunidad.
Como doctrina económica, el Justicialismo realiza la economía 
social poniendo el capital al servicio de la economía y ésta 
al servicio del bienestar social.
Como doctrina social, el Justicialismo realiza la justicia 
social, que da a cada persona su derecho en función social.” 
(Juan Domingo Perón).

Los sectores y las clases que luchan por su liberación se 
organizan en Movimiento Nacional y pasan a la ofensiva 
política a partir de que encuentran un líder. Éste no es 
alguien que baja desde el cielo, con truenos y relámpagos, 
sino que surge de entre esos mismos sectores y clases en el 
transcurso de la lucha.
Unidas por la figura carismática del líder y su conducción 
política eficaz, las masas pujan por la toma del poder y, 
conseguido esto, por ejecutar el programa revolucionario. En 
la medida en que lo consiguen, se consolida la Revolución, se 
avanza hacia su institucionalización y más tarde la 
organización suplanta al líder. Pero si la contra-revolución 
hace abortar el proceso revolucionario, todo debe arrancar 
otra vez desde el principio.
Sin duda, en la Argentina hemos cumplido ya la etapa 
doctrinaria de la Revolución Nacional y nuevamente debemos 
encarar la toma del poder. Es decir: tenemos definidos 
nuestros objetivos (la felicidad del Pueblo y la grandeza de 
la Nación) y la forma de cumplirlos (la Comunidad 
Organizada); corresponde entonces aplicar la estrategia 
pertinente para tomar el poder y ejecutar nuestro programa.

“Por lo general, los movimientos revolucionarios cumplen 
indefectiblemente cuatro etapas. La primera es la del 
adoctrinamiento; la segunda, la toma del poder; la tercera, 
lo que podríamos llamar la etapa dogmática, y la última, la 
institucionalización de la revolución.” (Juan Domingo 
Perón).

En la lucha del Pueblo Argentino por la toma del poder, la 
juventud tiene un papel fundamental, esa misma juventud que 
se movilizó en los últimos días del 2001 y que debe construir 
su propia identidad política.
La historia exige la regeneración del Movimiento Nacional a 
través de una nueva forma organizativa en la cual las nuevas 
generaciones deberán tener un rol protagónico y de 
conducción. De la actual clase política nada podemos esperar, 
más que por corrupta, por traidora y vendepatria.
En la Argentina, y a diferencia de lo que nos han hecho 
creer, el problema no es la corrupción sino la colonización. 
Podemos eliminar la corrupción administrativa pero eso no va 
a solucionar nuestros problemas, que son consecuencia del 
sometimiento de nuestro país al capitalismo transnacional. Lo 
que ocurre es que el enemigo busca siempre distraernos con 
cuestiones secundarias que nos alejan de la esencia del 
asunto. Países como Alemania, Francia, Inglaterra o Estados 
Unidos presentan habitualmente problemas de corrupción y sin 
embargo eso no impide que funcionen según su respectivo 
interés nacional.
Bajo un “régimen” apátrida como el que nos han impuesto, es 
lógico que la corrupción se expande y corroe todos los planos 
de la vida social. La corrupción administrativa es sólo una 
parte. Pero lo fundamental es ver que lo corrupto es el 
“régimen” en sí mismo, el sistema, de lo cual se desprende 
la degradación de nuestra gente. Entonces, la mejor forma de 
combatir la corrupción es atacando al “régimen”, y en este 
momento su flanco más vulnerable está en la absoluta pérdida 
de legitimidad de su clase política, porque el acto de 
corrupción más infame es la traición a la Patria.
El  Pueblo Argentino se muestra muy esclarecido; sólo le 
falta contar con dirigentes patriotas que le sean leales y 
que lo conduzcan al logro de sus objetivos.
La juventud argentina posee una grandeza de alma digna de su 
raza, con una mentalidad, un carácter y una madurez acorde a 
la evolución de los tiempos, todo lo cual la convierte en el 
sector más indicado para proporcionar los elementos de una 
nueva clase política argentina. En este sentido, el principal 
trabajo a realizar consiste en formar los nuevos cuadros en 
el amor a la Patria, en el respeto a quienes nos precedieron 
en la lucha y en los principios de nuestra doctrina 
actualizada.

“Las viejas generaciones tienen la obligación de dar paso a 
las nuevas, que representando el futuro son las encargadas de 
asegurar el destino de nuestro pueblo. Ello obliga a un 
trasvasamiento generacional indispensable.” (Juan Domingo 
Perón).

“La palabra ahora es la lucha, y la lucha se la vamos a 
hacer ¡en todas partes y en todo lugar!”.  (Juan Domingo 
Perón).

A lo largo de todo el año 2001, el capitalismo transnacional 
impuso un siniestro plan cuyo objetivo era crear las 
condiciones económicas para la destrucción política de la 
República Argentina. Como principal cuadro enemigo, Domingo 
Cavallo era el responsable de dirigir la aplicación de dicho 
plan en el terreno de operaciones; en su rol de mandatario, 
De la Rúa proporcionaba al técnico la necesaria cobertura 
política.
La profundización de la acción enemiga a lo largo de todo el 
año 2001 hizo que cada vez más sectores enfrentaran al 
gobierno, incluyendo a importantes empresarios nacionales 
perjudicados por la transnacionalización. Entonces, la 
mayoría de la clase política y de la prensa se volcaron 
también a cuestionar el modelo económico, aislando a la dupla 
De la Rúa-Cavallo y coincidiendo en los hechos con el campo 
popular.
A lo largo de todo el año, pareció que se “palpaba” la 
caída “inminente” del gobierno, pero eso no llegaba, no 
ocurría, y no hubiera sucedido de no ser por la decidida 
acción política del Pueblo Argentino. De no haber intervenido 
las masas, se hubiera continuado exactamente en la misma 
situación dado que la oposición de algunos sectores y de 
ciertos referentes no podía, por sí sola, tirar abajo a 
quienes tenían detrás de sí todo el aparato de la burguesía 
transnacional. En este sentido, distintos momentos no pasaron 
de ser más que microclimas fomentados por algunos medios de 
comunicación que resultaron absolutamente impotentes para 
modificar la situación. 
Sólo el Pueblo, así con mayúscula, el Pueblo Argentino, con 
su intuición y con su fortaleza, podía detener a esos 
monstruos desalmados que estaban asesinando a la Patria.

“Muchos han despreciado el ingenio y el poder del pueblo, 
pero, a largo plazo, han pagado caro su error. Los pueblos 
siguen la táctica del agua; las oligarquías, la de los diques 
que la contienen, encausan y explotan. El agua aprisionada se 
agita, acumula caudal y presión, pugna por desbordar; si no 
lo consigue, trabaja lentamente sobre la fundación, minándola 
y buscando filtrarse por debajo; si puede, rodea; si nada de 
esto logra, termina en el tiempo por romper el dique y 
lanzarse en torrente. Sin aluviones. Pero el agua pasa 
siempre; torrencial y tumultuosamente, cuando la compuerta es 
impotente para regularla.” (Juan Domingo Perón).

“Cuando un pueblo se decide a la lucha por su liberación es 
invencible y ha de empeñarse en ella con verdadera pasión, 
siguiendo la táctica del agua, que siempre pasa, persuadido y 
seguro de triunfar mientras cuente con la firme voluntad de 
vencer.” (Juan Domingo Perón).

Finalmente, el gobierno fue a parar a manos de Eduardo 
Duhalde, quien es parte de la misma clase política traidora y 
vende-Patria que nos llevó a esta situación. De hecho, 
Duhalde fue compañero de fórmula de Carlos Menem y gobernaba 
con él cuando se entregaron nuestras empresas públicas. 
Ahora bien: Hay que seguir paso a paso todos los planos de 
acción en que se mueve Duhalde y la forma en que reacciona 
frente a ello el capitalismo transnacional. Nuestro objetivo 
debe ser influir en la situación para bien de nuestro país y 
sin hacerle el caldo gordo al enemigo. El planteo de 
situación debemos hacerlo según los intereses de la Argentina 
y de los argentinos, dejando de lado todo interés particular, 
egoísta, mezquino y calculador. 

“Yo estoy firmemente persuadido que la pasión de mandar es 
la más dominante que tiene el hombre y que se necesita una 
filosofía cuasi sobrenatural para resistir a sus 
alicientes.” (José de San Martín).

Nuestro objetivo central es servir a la Patria, ser útiles de 
alguna manera a nuestro país y a nuestro pueblo. En este 
sentido, hablamos con franqueza y nadie nos corre ni por un 
lado ni por el otro, sencillamente porque no hacemos la menor 
especulación y no nos guía, en modo alguno, “la pasión de 
mandar”.

“Seamos capaces de pensar, seamos capaces de prever, y 
empeñémosnos en las empresas importantes, con todo el empeño 
que debemos poner, dejando las cosas subsidiarias y 
secundarias...para resolver entre amigos que buscan y quieren 
un destino común.” (Juan Domingo Perón).

Con visión panorámica y mirando más allá, debemos ejecutar 
una política que aproveche el grado de politización y de 
movilización alcanzado por el Pueblo Argentino para hacer 
triunfar la Revolución Nacional.

“Mi existencia misma la sacrificaría antes que echar una 
mancha sobre mi vida pública, que se pudiera interpretar por 
la ambición.” (José de San Martín).

La sabiduría del Pueblo Argentino se está mostrando con 
absoluta claridad en estos días: sabe que Duhalde no le gusta 
pero también que, en este momento, no tiene con quién 
reemplazarlo; cuestiona a la clase política en su conjunto; 
se mantiene politizado y movilizado, pero dirige sus pasos 
contra los bancos y las empresas españolas; se manifiesta en 
paz, tranquilo, ordenado y toma distancia de quienes 
pretenden perturbar y enturbiar la situación; piensa, razona 
y busca la dirección más acertada para su marcha.
El enemigo tiene claro el proceso y su preocupación más 
grande es sobre cómo detener el avance del Pueblo Argentino y 
retrotraerlo a su anterior estado de parálisis política. La 
única forma en que puede conseguir esto es mediante un duro 
golpe de fuerza, y está por verse, aún en ese caso, si logra 
su objetivo. Es decir: el enemigo sabe que para cumplir con 
sus intereses debe hacer abortar, de una forma o de otra, el 
proceso iniciado el 20 de diciembre del 2001.
Éste es un momento clave porque el estado de politización y 
de movilización de nuestra gente la hace permeable a un 
eficaz trabajo de adoctrinamiento, es decir, de organización.
Tenemos ahora una masa inorgánica; debemos adoctrinarla para 
poderla conducir.
Identificar el proceso y la importancia del momento resulta 
fundamental, porque se le ha abierto al “régimen” un flanco 
por donde pegarle y avanzar. Insisto en algo: sólo un golpe 
de Estado puede servir a los fines del enemigo, por lo cual 
debemos estar alertas. 

“Todas las empresas tienen un momento decisivo: en la guerra 
es difícil conocerlo y mucho más saberlo aprovechar.” (José 
de San Martín).

Martín Fierro dijo que “nada enseña tanto como el sufrir y 
el llorar”. Pues bien: la propia experiencia le ha 
demostrado al Pueblo Argentino en qué dirección debe ir 
nuestro país y no se requiere demasiado esfuerzo para definir 
un plan. Todos sabemos ya que hay que extirpar de raíz esta 
clase política, que hay que cambiar la Corte Suprema y 
reestructurar todas las instituciones del Estado, que hay que 
nacionalizar la economía y que hay que aplicar la más 
estricta justicia social. El tema es hacerlo, para lo cual se 
debe vencer el obstáculo poderoso que constituyen las fuerzas 
oscuras de la contra-revolución. Es decir: el primer paso es 
resolver el problema político.

“La solución del problema político dará lugar a las demás 
soluciones.” (Juan Domingo Perón).

“Nadie puede solucionar un problema social si antes no 
soluciona un problema económico, y nadie soluciona un 
problema económico sin antes solucionar un problema 
político.” (Juan Domingo Perón).

Para nosotros, todo el problema político argentino pasa por 
tener un pueblo organizado. Si somos capaces de llevar acabo 
esta tarea, nada ni nadie nos puede detener. Así, la 
continuación del proceso y su rumbo político estarán 
garantizados.

“A la explotación le conviene el individualismo aislado y, 
en consecuencia, indefenso.” (Juan Domingo Perón).

“No se vence con violencia: se vence con inteligencia y 
organización.” (Juan Domingo Perón).

“Para conducir una cantidad de personas es necesario que 
tengan una organización.” (Juan Domingo Perón).

“Si el pueblo quiere libertad ha de organizarse.” (Juan 
Domingo Perón).

“Solamente es dueño de sus destinos un pueblo organizado. 
Los pueblos que no se organizan no serán jamás dueños de su 
destino; serán instrumentos de los organizados.
Los pueblos tienen una de estas dos características: 
organizados, son dueños de su destino; desorganizados, son 
instrumentos de los organizados, generalmente pequeños 
núcleos que cargan con la parte del león en el reparto de los 
beneficios del trabajo de la comunidad.” (Juan Domingo 
Perón).

“No se puede organizar creyendo que esa tarea es sólo juntar 
gente...organizar no es juntar gente, es aunar voluntades 
conscientes con una finalidad, es decir, con un objetivo...No 
interesa lo que se grite, interesa lo que se siente y lo que 
se piensa y también lo que se hace.” (Juan Domingo Perón).

“Cuando uno tiene que realizar una organización, lo primero 
que hay que pensar es que hay que dar a cada uno de los 
componentes de esa organización un alma conformada a lo que 
se quiere organizar, o, en otras palabras, lo primero que hay 
que conformar y lo primero que hay que organizar es el 
alma...Cuando se trata de organizar en un solo organismo a 
muchas personas, lo primero que se necesita es que haya 
asiduidad en el conjunto de sus valores, vale decir, que se 
haga una cosa uniforme de lo que es heterogéneo. Por esa 
razón, antes de organizarse, antes de crear los organismos, 
hay que crear los sentimientos que lo han de hacer unido y 
solidario. 
Por esa razón sería inútil que nosotros juntáramos millones 
de hombres y de mujeres en una organización donde las almas, 
los sentimientos y los pensamientos de esos hombres fueran 
contrapuestos y dispares, porque al instante de juntarlas se 
disociarían y no habría organización posible.
En esto hay que operar algo de milagro, buscando formar de 
todas las almas una sola alma colectiva, que sienta, piense y 
actúe de la misma manera. Entonces, esa unidad de concepción 
y de acción asegurada por el sentimiento y por el pensamiento 
de los que se organicen, es la que va a dar su futuro valor.
Para esto, compañeros, se ha hecho la doctrina, que tiene una 
finalidad, formar un alma colectiva...solamente así tendremos 
el germen de la organización indestructible...Cuando todos 
sintamos la doctrina, cuando todos la practiquemos, no habrá 
necesidad ni siquiera de organización, porque seremos todos 
uno y esa es la mejor organización que pueden alcanzar los 
hombres en esta vida...Una vez que uno ha organizado 
espiritualmente, entonces puede comenzar la organización 
material.” (Juan Domingo Perón).

“Para nosotros, organizar es adoctrinar.” (Juan Domingo 
Perón).

“La mejor organización para la acción política es aquella 
que se cimenta en la unidad de concepción que nace de una 
doctrina lógica, congruente, fundamental y profundamente 
humana.” (Juan Domingo Perón).

“Las organizaciones no valen tanto por el número de sus 
adherentes como por la calidad de sus dirigentes.” (Juan 
Domingo Perón).

“Ocupen en el tablero el lugar que les corresponde a cada 
uno de ustedes y en ese tablero realicen la jugada que deben 
hacer porque, generalmente, uno es menos eficaz si no se 
encuentra bien encuadrado en el panorama de conjunto. Debe 
conocer cuál es su ubicación en el panorama de conjunto y 
comprender su misión para no confundir su función. Allí es 
donde su acción es realmente eficaz...Les digo esto a ustedes 
para que puedan colocarse en el tablero, en las casillas que 
les corresponden, y puedan hacer después el movimiento 
adecuado, como en el juego de ajedrez.” (Juan Domingo 
Perón).

Nuestros intereses argentinos sólo admiten jugada única, y 
para hacerla con éxito debemos contar con un pueblo 
organizado que la sustente y la defienda. Conseguido esto, 
entonces sí, podremos avanzar sin titubeos hacia la reforma 
de las instituciones y hacia la nacionalización de la 
economía. 

“Todos los artefactos que directamente perjudican a la 
industria del país, como son: ropa hecha, blanca y de color; 
cueros curtidos, suela, zapatos, botas, sillas, zofás, mesas, 
cómodas, coches, calesas, sillas de montar y manufacturas de 
talabartería, lampas, herraduras, velas de cera, esperma y 
cebo, pólvora, pagarán el duplo respecto de los derechos 
señalados en los artículos 6,8 y9.”  (José de San Martín, en 
el Reglamento Provisional de Comercio del Perú).

“Largo tiempo hacía que la agricultura y la naciente 
industria fabril del país se resentían de la falta de 
protección, y que la clase media de nuestra población, que 
por la cortedad de sus capitales no puede entrar en empleos 
de ganadería, carecía del gran estímulo al trabajo que 
producen las fundadas esperanzas de adquirir con él medios de 
descanso a la ancianidad y de fomento a sus hijos. El 
gobierno ha tomado este asunto en consideración, y notando 
que la agricultura e industria extranjeras, sin que por ellos 
reporten ventajas en la forma y calidad...ha publicado la ley 
de aduana que será sometida a vuestro examen por el ministro 
de Hacienda.” (Juan Manuel de Rosas, presentando la Ley de 
Aduana). 

“La riqueza de la tierra como la del subsuelo mineral de la 
República, no puede ni debe ser objeto de otras explotaciones 
que las de la Nación misma.” (Hipólito Yrigoyen).

“El Estado debe adquirir una posición cada día más 
preponderante en las actividades industriales que respondan 
principalmente a la realización de servicios públicos.” 
(Hipólito Yrigoyen).

“La organización de la riqueza y su explotación tienen por 
fin el bienestar del pueblo, dentro de un orden económico 
conforme a los principios de la justicia social. El Estado, 
mediante una ley, podrá intervenir en la economía y 
monopolizar determinada actividad, en salvaguarda de los 
intereses generales y dentro de los límites fijados por los 
derechos fundamentales asegurados en esta constitución.
Salvo la importación y exportación, que estarán a cargo del 
Estado de acuerdo con las limitaciones y el régimen que se 
determine por ley, toda actividad económica se organizará 
conforme a la libre iniciativa privada siempre que no tenga 
por fin ostensible o encubierto, eliminar la competencia o 
aumentar usurariamente los beneficios.
Los minerales, las caídas de agua, los yacimientos de 
petróleo, de carbón y de gas, y las demás fuentes naturales 
de energía con excepción de los vegetales, son propiedad 
imprescriptibles e inalienables de la nación, con la 
correspondiente participación en su producto, que se 
convendrá con las provincias. 
Los servicios públicos pertenecen originariamente al Estado, 
y bajo ningún concepto podrán ser enajenados o concedidos 
para su explotación. Los que se hallaren en poder de 
particulares serán transferidos al Estado, mediante compras o 
expropiación con indemnización previa, cuando una ley 
nacional lo determine.” (Juan Domingo Perón, artículo 40 de 
la Constitución Justicialista de 1949).

“La economía libre y el libre comercio son sólo afirmaciones 
para el consumo de los tontos y de los ignorantes. La 
economía nunca ha sido libre: o la controla el Estado en 
beneficio del pueblo o lo hacen los grandes consorcios en 
perjuicio de éste.” (Juan Domingo Perón).

El enemigo tiene muchos agentes colocados inteligentemente en 
posiciones estratégicas, maneja mayormente los medios de 
comunicación y de prensa, y se mueve con mucha rapidez. Así, 
pronto nos puso a discutir si fue o no el pueblo quien tiró a 
De la Rúa, si fueron los partidos, la militancia, la clase 
media o vaya a saber quién; también usó el latiguillo de que 
“si a la gente le devuelven la plata ya no sale nadie a la 
calle”. Son todas formas de intentar desvirtuar nuestra 
lucha nacional, desgastar nuestra moral y de querer frenar 
nuestro ímpetu patriótico. Con todo esto, el enemigo busca 
dispersar, licuar y diluir el resurgir de la conciencia 
nacional de los argentinos. Frente a semejante maniobra, 
nuestra respuesta inmediata y directa debe ser una campaña 
masiva de adoctrinamiento que permita neutralizar la acción 
enemiga y profundizar el proceso revolucionario iniciado por 
el Pueblo Argentino el 20 de Diciembre del 2001, Día de la 
Dignidad Nacional Argentina.



info en mr-jsm.com.ar

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Néstor Miguel Gorojovsky
gorojovsky en arnet.com.ar

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Compañeros del exercito de los Andes. 

...La guerra se la tenemos de hacer del modo que podamos: 
sino tenemos dinero, carne y un pedazo de tabaco no nos 
tiene de faltar: cuando se acaben los vestuarios, nos 
vestiremos con la bayetilla que nos trabajen nuestras mugeres, 
y sino andaremos en pelota como nuestros paisanos los indios: 
seamos libres, y lo demás no importa nada...

Jose de San Martín, 27 de julio de 1819.

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