[R-P] Ciertas aclaraciones, por Gabriel Fernández

La Señal radio y periodico lasenialmedios en sinectis.com.ar
Mar Feb 5 22:45:55 MST 2002


Apuntes sobre el tiempo y ciertas aclaraciones

Hacia una nueva coalición social

por Gabriel Fernández

Dadas las presentes circunstancias y la secuencia de debates cruzados en varias listas y entre compañeros, voy a realizar algunas consideraciones con la intención de puntualizar temas y efectuar aclaraciones que en primera instancia no consideré necesarias.
Ya tengo listo el mate y sin premura enciendo el primer cigarro de la nota. Le pido al lector que afloje su espalda y se predisponga a leer con buena intención, ya que el presente trabajo está realizado con ese mismo trasfondo. 
Uno de los desafíos centrales del período que se abre es la consolidación de la incipiente alianza de hecho entre piqueteros y caceroleros, o si se desea, entre trabajadores --muchos de ellos desempleados-- y trabajadores --muchos de ellos autocaracterizados como sectores medios--.
Ese reto, que no es otro que la articulación de la fuerza que va a modificar este país a fondo, posee varias dificultades (culturales, políticas, económicas) que podríamos condensar con sencillez en la palabra "tiempo". 
Admitir que necesitamos "tiempo" no implica fomentar la desmovilización sino, en cierto modo, profundizar la acción popular en las calles. La población, al reconocer su poder el 19 y el 20, ha generado una fisura en la historia de la cual no se vuelve: el modelo carece de consenso y a partir de ahora sólo podemos avanzar. 
Aquí aparece un asunto que ha molestado a algunos compañeros: las dificultades para avanzar son, en parte, responsabilidad de una dirigencia popular que no asumió sus responsabilidades en los años recientes y se negó, mezquinamente, a desplegar construcciones que trasciendan la atomización.
Es decir, cuando marco esta realidad, lejos de remitirme a "los errores de la izquierda" cual muletilla, estoy señalando un problema de dimensiones históricas que esos sectores ni siquiera pueden resolver ahora, con la gente en las calles. El vacío organizativo popular no sólo es "culpa" del triunfo neoliberal. 
Cuando muchos de esos segmentos irrumpen hoy e intentan "forzar" el camino de la elaboración colectiva "esclareciendo" sobre la transferencia de recursos y la consiguiente necesidad de voltear al gobierno, vuelven a equivocarse: tienen razón argumental, pero no política. 
Le están quitando, con su apurón, el "tiempo" que la población movilizada necesita para articular a las franjas medias con las más humildes y forjar, a falta de opciones preexistentes, alternativas de poder concreto que les permitan, efectivamente, lograr "que se vayan todos". Esto es, cambiar la orientación de toda la Nación.
Muchos compañeros sacan cuentas que "demuestran" que la pesificación beneficia a los vencedores de la concentración --lo cual es cierto-- y por lo tanto concluyen que este es el gobierno del bloque de poder, incluídos bancos, privatizadas y AFJP. Y eso ya no es tan cierto.
Al buscar la razón argumental, dejan de lado la gigantesca campaña en marcha para lograr una salida por derecha que elimine no tanto a Duhalde, un problema menor, sino a la población movilizada. Fundamentalmente, que anule la coalición entre trabajadores que se está gestando al calor de la lucha callejera y debates como los presentes.
Ya lo hicieron: mediante el golpe del 76 cortaron el proceso de maduración colectiva observado en el 75, cuando ya no era tan importante la organización a la cual pertenecía cada persona, sino la coalición en las calles de las juventudes políticas y las coordinadoras sindicales de base. A eso le teme el poder, y tiene mucha razón. 
Es probable que debido al desarme moral y financiero de las fuerzas armadas, estemos mejor que en ese momento. Pero yo no me descuidaría: los movimientos de Lopez Murphy, De la Sota, Menem, Balza y el conjunto del sector financiero de la economía, brindan pautas serias para intuír que nadie renuncia a semejante renta sin patalear un poco. O algo más.
Ellos saben que si el proceso en marcha se desplaza "normalmente" --dentro de lo que es ¿normal? en la Argentina-- las próximas elecciones brindarán un respaldo mayoritario a las vertientes transformadoras. Por eso desean enrarecer el ambiente político al máximo, generando desmovilización, temor y sectarismo; esto es, división entre las franjas que tienden a coaligarse.
Lejos de hacer este análisis, las corrientes que deberían estar pensando seriamente en una propuesta estratégica de gran alcance, andan por ahí buscando acrecentar el caudal de su partidito, y acusando a los piqueteros de tal o cual sector por muy duros o por muy blandos. Hay que leer los materiales partidarios para entender esta afirmación. 
Mientras tanto, el pueblo en las calles ha brindado un claro ejemplo de unidad práctica y sus debates, con aciertos y desaciertos, muestran la posibilidad de forjar efectivamente una fuerza política popular profunda. Esta gente, nuestra gente, sigue tanteando para ver cómo vertebrar lo existente, habida cuenta del hueco organizativo que percibe --con razón-- en su derredor.
Es curioso, pero la formulación cruda de este planteo para su difusión, ha sido interpretado por muchos compañeros como "apoyo al neoliberalismo de Duhalde y Remes Lenicov". Creo que para quienes no desean crecer, siempre habrá un buen argumento para no reflexionar sobre los desafíos profundos de cada momento político. 
Cuando me retiré --allá lejos y hace tiempo-- del Partido Justicialista, lo hice (sintetizando) por hombres como Menem, Cafiero, Duhalde. ¿Porqué intentaría subordinarme y sugerirle a otros que se subordinen a conducciones así? El tema es cómo ayudar a la configuración de la nueva coalición social y, ahí sí, subordinarnos a las decisiones colectivas.
En lugar de aprender del proceso en marcha, esto es, reconocer la capacidad pensante y movilizadora del pueblo, muchos sectores insisten en la apertura del show a su llegada y en "ponerle música" al concierto colectivo. Es una clave: la partitura no está escrita en el programa partidario, la compone la gente en medio del debate y de la acción. 
Por eso la razón argumental no sirve. No sirve la esgrima verbal para "desenmascarar" a los que nos quieren conducir a la derrota. Quienes confiamos en la gente, solemos pensar que esa disquisición sólo puede comprobarse en vivo y en directo. Sobre los hechos. 
Más interesante sería empezar a considerar seriamente, como lo están haciendo muchas asambleas y no pocos sectores piqueteros, cómo concretar una coordinadora nacional del pueblo, se llame del modo que sea. Y de qué modo lanzar una profunda campaña cultural -- social basada en conceptos del tipo "conservadores nunca más", para delimitar la influencia de la propaganda insistente sobre el zonzaje que pervive en el seno de capas damnificadas por el neoliberalismo.
Es decir, en lugar de sobreponer andamiajes políticos débiles encima de conglomerados populares fuertes, tomar la potencia de este pueblo en lucha y favorecer su desenvolvimiento. No es tan difícil; no hay que hacer maniobras especiales: hay que cooperar con humildad, escuchando los rumores de la calle y apuntalando los aspectos más dinámicos de una realidad dinámica.
Los militantes populares no somos el eje de este proceso. Pero todavía podemos hacer mucho daño. Por caso, traer nuestras viejas reyertas al seno de las luchas presentes. E insistir con dualidades del tipo "revolucionarios - reformistas" traducidas en "combativos - traidores" o "demócratas -- violentos" y cosas así. 
También podemos hacer algo de bien, ayudando a la unidad concreta y sugiriendo a los compañeros movilizados en las grandes ciudades que no olviden observar con detenimiento lo que sucede en las franjas más humildes de la población, especialmente en aquellas zonas donde la organización autónoma viene desde hace varios años y ha marcado senderos de interés.
Es más lindo, qué duda cabe, sentirse convocante, creerse que uno "le pone ideología" a la masa que pelea sin saber porqué. Pero no es así. El pensamiento se construye colectivamente y las ideas surgen de la experiencia que, sin desdeñar teorías ni saberes previos, pone a prueba todo y descarta lo innecesario. 
De este conglomerado tendrán que surgir los organizadores que, con el tiempo necesario, ordenen y potencien este aluvión. Creo que no seremos nosotros, los militantes populares que venimos de tiempo atrás, los referentes de este proceso.
¿Tendremos la humildad de respetar las ideas, las acciones y las referencias que surjan del aluvión? ¿O cuando la movilización multitudinaria caiga un poco vamos decir "viste, éstos sin ideología son puro corralito y bolsas de comida"? Todos sabemos que muchos "corraleros"  y oportunistas se van a piantar cuando puedan. Pero el trasfondo de este movimiento nuevo quedará, y permitirá aniquilar al modelo neoliberal. 
Si tiene tiempo, claro. Con todo lo que ello implica.
Gracias por leer estas líneas.
------------ próxima parte ------------
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