[R-P] Penetrante nota de Enrique Lacolla
Gorojovsky
Gorojovsky en arnet.com.ar
Lun Feb 4 11:36:56 MST 2002
BUENOS AIRES, 4(PSI). UNA NACIÓN EN TRÁMITE.- (por Enrique
Lacolla, columnista de La Voz del Interior.).- Los
acontecimientos que se vienen precipitando desde el 19 de
diciembre tienen dos vertientes posibles. Una de ellas, de
proseguir el desconcierto gubernamental y la virtual anomia
de las fuerzas políticas, incapaces de generar un cambio
drástico respecto al modelo económico y cultural que ha
predominado durante los últimos 25 años, es lisa y
llanamente la disolución nacional. La otra es la forja,
seguramente lenta y difícil, de un modelo alternativo de
sociedad que realice las potencialidades ínsitas en la
Argentina y la hagan nacer de nuevo. No hay razones, más
allá de la esperanza en la capacidad de autorredención del
pueblo, para que se estime a la segunda como más probable
que la primera. Hay que apostar por ella, empero, a
despecho de la confusión ambiente. Pues esta opción sólo
podrá generarse en medio de la otra. Es decir, a través del
desorden aparentemente insanable engendrado por una clase
política afligida de pusilanimidad y que aun hoy, en medio
del desastre, preferiría abrazarse al enemigo antes que
enfrentarlo francamente.
Ese enemigo, digámoslo abiertamente, es en este momento el
sistema globalizador hegemonizado por Estados Unidos. Sus
agentes locales son múltiples y poderosos. De hecho han
estado rigiendo al país desde 1975, han colonizado a gran
parte de su clase política y de sus estamentos
comunicacionales y son los responsables del actual desastre.
Su poder deviene en gran medida de la resonancia atronadora
del discurso único, pero también de la carencia o el escaso
arraigo de la identidad argentina, que nos hizo sensibles a
la penetración de ese discurso desde una experiencia
histórica desasida de parámetros firmes respecto al pasado y
a la naturaleza de los fenómenos que nos formaron como
país. Como país, digo, pues no hemos sido nunca otra cosa
que un país en trámite de devenir nación. Del sufrimiento
actual quizá surja la necesidad de explicarnos la incógnita
de nuestro fracaso histórico. Y por cierto que, en esta
tarea, la revisión del presente a la luz de la experiencia
contemporánea se constituirá en la clave de bóveda de
cualquier construcción a futuro.
Un discurso repetido. Ultimamente han vuelto a tener
presencia mediática los portavoces del sistema. Por ejemplo,
Ricardo López Murphy y Carlos Escudé, desde ángulos
distintos, han vuelto a definir la situación argentina en
los mismos términos utilizados durante todos estos años,
como si nada hubiera pasado o como si la crisis se debiera a
que las premisas por ellos establecidas no hubiesen sido
aplicadas correctamente. Escudé, que al menos tiene el
mérito de la lucidez, amén de cierto refrescante candor,
pone las cartas sobre la mesa. En un reportaje concedido a
la revista La Primera afirma que cualquier retorno al
populismo sería un desafío a las reglas de la economía
global, califica al discurso inaugural de Duhalde como una
guerra de Malvinas económica, lamenta que no se haya
avanzado oportunamente hacia la dolarización, establece una
tajante diferenciación entre el Mercosur y el Alca, y
sostiene que a la Argentina no le queda otro camino que
optar por Estados Unidos o Brasil. Pesarosamente, da a
entender que a la larga quizá esta última sea la ruta que
obligadamente tendremos que seguir..., si Estados Unidos no
tiene interés en ejercer la presión necesaria sobre nuestro
país para que tal cosa no ocurra. En todo su ejercicio
analítico se percibe el mismo “realismo” que presidió los
sucesivos renunciamientos que en toda Sudamérica achicaron
el proyecto independentista de San Martín y Bolívar. Pero,
por otra parte, la asimilación que hace Escudé del discurso
de Duhalde a una guerra de Malvinas económica pone el dedo
en la llaga: si Duhalde se enfrenta al imperio con la misma
irresolución con que el oportunismo de Galtieri encaró la
cuestión de Malvinas, más le valdría no haber hablado.
Convengamos que somos débiles. Pero admitamos también que no
vamos a crecer por plegarnos dócilmente a un modelo
globalizador que nos incluye como objetos y no como sujetos
de la historia. La relación con el socio mayor del Mercosur
siempre será difícil, pero se plantea en términos de una
regionalización que ya existe, donde los elementos de la
ecuación son mucho más equilibrados y la complementariedad
económica es una realidad que se traduce en la posibilidad
de nuestro país de acceder a un mercado interno tres veces
mayor que el suyo propio.
A espaldas de su pueblo, a la Argentina se le ha hecho jugar
repetidamente el papel del niño pillado de América latina,
del petimetre que mira por encima del hombro a sus hermanos
de tez más oscura. En dos ocasiones esa tendencia fue
revertida, con gran repercusión en todo el continente y con
consecuencias profundamente democratizadoras para nuestra
sociedad. Esos dos momentos fueron el yrigoyenismo y el
peronismo, ambos denostados hoy día como “populistas”.
Esos movimientos están agotados, como debería estarlo la
petulancia del carácter nacional que imbuyó en particular al
último de los dos, restándole eficacia en su relación con el
resto de América latina.
Hoy, en el magma indistinto que exhibe esta sociedad en
trance, quizá se esté gestando una tercera oportunidad. La
senda que puede llevarnos a ella es enrevesada y está
sembrada de dificultades. Sin embargo es preciso buscarla,
por mucho que cueste encontrarla. La inédita coincidencia de
la clase media con los sectores más marginados de la
sociedad puede ser un fenómeno pasajero o el síntoma de un
cambio estructural, está por verse. Pero, sumada a la
convicción de que se ha llegado al fin de una era, puede
suministrar la materia para un cambio político de fondo. El
parámetro identificador de esta eventual convergencia no
pasará por la tradicional división entre izquierda y
derecha, sino entre nacional y antinacional, siempre y
cuando se admita que lo nacional sólo puede ser un fenómeno
inclusivo, capaz de mirarse en el conjunto del pueblo y no
en un estamento “elegido” del mismo.-
Néstor Miguel Gorojovsky
gorojovsky en arnet.com.ar
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Compañeros del exercito de los Andes.
...La guerra se la tenemos de hacer del modo que podamos:
sino tenemos dinero, carne y un pedazo de tabaco no nos
tiene de faltar: cuando se acaben los vestuarios, nos
vestiremos con la bayetilla que nos trabajen nuestras mugeres,
y sino andaremos en pelota como nuestros paisanos los indios:
seamos libres, y lo demás no importa nada...
Jose de San Martín, 27 de julio de 1819.
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