[R-P] Alguien que no se chupa el dedo...

Gorojovsky Gorojovsky en arnet.com.ar
Dom Feb 3 13:14:41 MST 2002


EMITAAAAAN!!!
 “Qué sueño es ese del que no se sale” Chico Buarque
Ya el sabio lo dijo: “la tradición de todas las 
generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de 
los vivos”. Es cierto: la memoria de preconvertibilidad 
oprimió el cerebro de la sociedad de la convertibilidad; 
como entre una y otra surgió un cambio cualitativo, el 
análisis debía ser otro. La memoria pudo más. 
Así durante una década se temió, por ejemplo, considerar 
cualquier devaluación ante el espanto que producía la 
posibilidad que suceda lo que había sucedido (en la 
preconvertibilidad): la inflación. Pero el análisis había 
dejado de ser ‘qué implicaba salir de la convertibilidad’, 
sino ‘qué implicaba no salir de la convertibilidad’. Ahora 
que por fuerza de los hechos, por medio de la ley de hierro 
del sufrimiento, la convertibilidad finalmente sucumbió, la 
misma sigue oprimiendo cerebros. Así, esta etapa nueva 
comienza a vislumbrarse como la de la memoria de la memoria: 
una economía argentina como si tuviera la estructura 
preconvertibilidad pero que debe manejarse con las reglas 
económicas y, sobretodo, monetarias de la época de la 
convertibilidad, pero derogado este sistema cambiario. La 
memoria de la convertibilidad oprime tanto como ella misma. 
Dicho de otra manera: ¿hay convertibilidad aún? ¿Hace falta 
que se implemente este sistema cambiario para sufrir sus 
efectos?
A la convertibilidad hay que darle lo suyo, ni más ni menos. 
Pero corrientemente, en gran medida gracias a la magna 
ignorancia de muchos personajes mediáticos, a la 
convertibilidad se le asignaron, grosso modo, tres 
significados distintos que se caracterizan por lo mismo: ser 
erróneos. 1°) se la vincula con la “estabilidad”. Esto 
claro es empíricamente incorrecto: los años noventa 
registraron leves tasas de inflación al comienzo y luego 
fuertes tasas de deflación. En sí, la convertibilidad no 
implica ni una ni la otra. Lo que se verificó en Argentina 
se vincula con la forma específica que tuvo la 
convertibilidad en lo que hace a la moneda de referencia, el 
tipo de cambio, etc. 2°) justamente, se entendió por 
convertibilidad el “1a1”. Pero la convertibilidad no tiene 
por qué tener ese tipo de cambio. De hecho, la Ley de 
Convertibilidad se sancionó como “A 10.000= US$1”. 3°) se 
entendió por convertibilidad en términos genéricos a todas 
las medidas de reforma estructural: privatización, 
desregulación, apertura comercial, libre entrada de 
capitales, sistemas financiero bimonetarios, etc. Pero 
ninguna de estas medidas necesariamente exige la 
implementación de la otra.
Por eso, ¿qué es la convertibilidad? Es un régimen cambiario 
en el cual un Gobierno se compromete a convertir una cierta 
cantidad de la moneda de su emisión en una cierta cantidad 
de moneda que no es de su emisión. Por ende, implica 
determinar una política monetaria. La moneda propia queda 
sujeta al régimen de convertibilidad por medio del tipo de 
cambio entre ambas monedas. Pero este tipo de cambio puede 
variar así como también la moneda de referencia. Es decir, 
en nuestro caso, ni tuvo que ser “1a1” ni tuvo que ser el 
dólar. 
Recién ahora se puede pensar qué pasó en la Argentina de la 
convertibilidad. 1°) sí fue “1a1” y sí fue el dólar. 2°) 
sí se implemento la convertibilidad juntamente como todas 
las otras medidas de reforma económica y sí éstas reformas 
se hicieron de la manera más desinteresada y velozmente 
posible. 3°) la convertibilidad no cumplió la función de 
regenerar una moneda nacional sino para acumular dólares. 
Durante la convertibilidad el dólar y no el peso cumplía las 
funciones del dinero. Las cabezas estaban dolarizadas. 
Así, la dinámica económica de los ’90 quedó sujeta al 
ingreso neto de dólares. La apertura comercial generó un 
sesgo sobre la capacidad para incrementar precios: quienes 
menos tenían competencia externa, más podían hacerlo. Por 
eso, es que seguramente nunca la variación de precios 
relativos internos fue tan fuerte en términos reales. Como 
las privatizaciones fueron sinónimo de extranjerizaciones 
quedaba asegurada una importante entrada de dólares en 
cuanto dicho proceso duró (hasta 1995 como mucho). Los 
dólares de los “programas” del FMI, BID, Banco Mundial, 
etc., sirvieron para endulzar la inocencia de muchos 
argentinos. La vista gorda en los “cómo” se privatizó, 
bancarizó, bimonetizó, creditizó, flexibilizó, agregó 
dinamismo al proceso de empobrecimiento con concentración de 
riqueza achicando al mercado interno. El “1a1” + “con el 
dólar” quitó competitividad internacional a la producción 
nacional e inundó al país de baratijas “por $2”, y los 
déficit comerciales, las quiebras y el desempleo comenzaron 
a crecer. El régimen de conversión al dólar con libre salida 
de capitales transformó a la Argentina en una gran fábrica 
de dólares para saquear hacia el exterior, mantenida luego 
por medio de nuevo endeudamiento público – ahora a pagar 
por todos.
Tras la convertibilidad surgió otra estructura 
socioeconómica, diferente a la anterior: adiós a la clase 
media y el surgimiento de medio país en la pobreza y en el 
desempleo, ciento de miles de fábricas y empresas quebradas 
o al borde, campos hipotecados, Estado saqueado, 
endeudamiento duplicado, etc. Tanta gente fue empobrecida 
que finalmente la convertibilidad: se fue casi 
imperceptiblemente. ¿Pero qué significa que no haya más 
convertibilidad? Que el Estado argentino deja de 
comprometerse a convertir pesos en dólares. Punto. 
Pero la convertibilidad era a la vez una política monetaria. 
Implicaba la definición de una regla de emisión de dinero. 
Al haber optado hacer la convertibilidad al dólar y al tipo 
de cambio “1a1” implicó una política de fuerte restricción 
monetaria. No obstante, para hacer una política de fuerte 
restricción monetaria no hace falta que exista un régimen de 
convertibilidad. La convertibilidad al dólar “1a1” era la 
garantía para el establishment económico de una fuerte 
restricción monetaria con posibilidad de dolarizar y 
extranjerizar sus excedentes; las demás reformas económicas 
eran la garantía de que ellos serían los minúsculos 
beneficiados de este mecanismo de fuga de capitales. Como la 
memoria de la convertibilidad sigue oprimiendo cerebros, 
ahora, sin ella, se sigue manteniendo su lógica más temible: 
fuerte restricción monetaria. 
Se teme ante cualquier “emisión sin respaldo” que se salga 
corriendo a “comprar dólares”. Pero la compra de dólares 
era un actitud de ahorrista-especulador. Era viable en una 
sociedad dónde las riquezas y los ingresos estaban más 
equitativamente distribuidos, las necesidades básicas de la 
gran mayoría de la población satisfechas, y la capacidad de 
defensa económica antes los dictámenes del “mercado” más 
equilibrada. Tras la convertibilidad, con 20% de desempleo o 
más, otro tanto de subempleo, media argentina pobre según el 
INDEC, gran cantidad de PYMES cerca de la quiebra y sin 
mercados, ¿quién puede imaginarse que ante el primer peso en 
manos quienes así se encuentran saldrán desesperados a 
adquirir algún dólar? La salida de la convertibilidad tiene 
que ser la partida para la recuperación de una moneda 
nacional. La lógica del “respaldo”, y “respaldo 1a1 con 
el dólar”, plantea la pregunta: ¿y a la emisión de dólares 
qué lo respalda? EE.UU. lo tuvo claro después del atentado 
del 11 de septiembre, por eso sin problemas decidió extender 
gasto público hasta por US$ 130.000 millones causando 
deliberadamente déficit público e inyectando más dinero para 
evitar cae en una aguda recesión. En toda economía tiene que 
haber una cierta cantidad de emisión, y en la Argentina esa 
cantidad es claramente insuficiente porque en lugar de estar 
determinada por las necesidades de su actividad económica 
interna, lo está por la cantidad de dólares. La Argentina no 
puede emitir dólares, por lo que dicha cantidad sólo puede 
incrementarse por superávit comercial (pero los ’90 se 
caracterizaron fuertes déficits), inversiones externas (el 
famoso shock de confianza de Alsogaray), inversiones 
financieras (pero que se van con más dólares) o nuevo 
endeudamiento. 
Un cambio de rumbo implica dejar atrás, críticamente, la 
memoria de la convertibilidad y la memoria de la memoria 
sobre los temores que llevaron a creer en tal magia para 
retornar al debate de cómo establecen prioridades. Y eso no 
se puede hacer con más de media población excluida. La 
emisión tiene que unificar todas las monedas y pseudo 
monedas existentes para unificar el mercado nacional. Pero 
más: tiene que valorizar como necesaria a la gente que el 
Estado contrate porque es ridículo que un país tan pobre 
como la Argentina tenga a tanta gente parada dispuesta a 
trabajar por lo dictaminado por una absurda teoría 
económica. Finalmente, tiene que regenerar el circuito 
económico, o como se lo llama en todo Manual, el 
multiplicador, para que de dinámica nuevamente a la 
actividad económica. Muchas empresas están con muy bajos 
niveles de rentabilidad por unidad y con capacidad 
productiva ociosa, y sólo extendiendo sus ventas podrán 
evitar incrementar el desastre.
Por la convertibilidad “1a1”, la emisión de pesos seguía 
la evolución de las reservas del Banco Central. Pero lo que 
se observó es una fuga de dólares, por lo que se redujo el 
nivel de pesos en consecuencia. Según datos del BCRA, la 
contracción de la base monetaria es de $5.000 millones 
actualmente respecto a cuando asumió De la Rúa. Y si se 
considera el agregado monetario mínimo (“M1”) en noviembre 
estuvo casi $10.000 millones inferior a diciembre del 98. Si 
se toma el M3, la caída llegó a $20.000 millones. ¡Y todo en 
medio de fuertes deflaciones, desempleo y quiebras! Por eso, 
más allá de la convertibilidad: ¿si en 1998 hubo $10.000 más 
y no hubo hiperinflación sino lo contrario, por qué lo 
habría ahora? ¿Qué tiene que ver la convertibilidad?
Pero la memoria de la memoria parece que puede más, y se 
insiste en los recortes de gastos y en el déficit cero, 
cuando la emisión no inflacionaria es el financiamiento por 
excelencia de los Gobiernos. Eso sólo incrementará la 
recesión porque reducirá el circuito comercial y productivo 
afectando a toda la economía. A la inversa, el millón de 
puestos que reclaman los piqueteros a, por ejemplo, $4.000 
al año cada uno, implicaría re-inyectar $4.000 millones 
¿Ellos saldrán corriendo a comprar dólares? 
Muchas discusiones quedan en pie: el pago de la deuda 
externa, modificar la estructura tributaria, el corralito, 
etc. Nadie dice que no deban discutirse. Pero mejor 
discutirlas en un contexto socioeconómico menos tenso, o 
¿hace falta llegar a la desesperación para interesase sobre 
cómo es la realidad? 
“Si la Tesorería se pusiera a llenar botellas viejas con 
billetes de banco, las enterrara a profundidad conveniente 
en minas de carbón abandonadas, que luego se cubrieran con 
escombros de la ciudad, y dejara a la iniciativa privada, de 
conformidad con los bien experimentados principios del 
laissez-faire, el cuidado de desenterrar nuevamente los 
billetes no tendría por qué haber más desempleo y, con ayuda 
de las repercusiones, el ingreso real de la comunidad y 
también su riqueza de capital probablemente rebasarían en 
buena medida su nivel actual. Claro está que sería más 
sensato construir casas o algo semejante; pero si existen 
dificultades políticas y prácticas para realizarlo, el 
procedimiento anterior sería mejor que no hacer nada” (J.M. 
Keynes, Teoría General) 
www.mafaldaresiste.com.ar
Documento N° 54.

5. Documento N°54.
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Néstor Miguel Gorojovsky
gorojovsky en arnet.com.ar

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Compañeros del exercito de los Andes. 

...La guerra se la tenemos de hacer del modo que podamos: 
sino tenemos dinero, carne y un pedazo de tabaco no nos 
tiene de faltar: cuando se acaben los vestuarios, nos 
vestiremos con la bayetilla que nos trabajen nuestras mugeres, 
y sino andaremos en pelota como nuestros paisanos los indios: 
seamos libres, y lo demás no importa nada...

Jose de San Martín, 27 de julio de 1819.

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