[R-P] lA CAÍDA DEL VIEJO RÉGIMEN

fernando ffelix en sinectis.com.ar
Dom Feb 3 12:23:20 MST 2002


Por Leonardo Moledo - La caída del viejo régimen -

Uno de los enigmas que desveló a los historiadores fue encontrar una
explicación a la extraordinaria violencia que signó cada uno de los
pasos de la Revolución Francesa. Cuando se cumplió el bicentenario de la
Toma de la Bastilla, celebrada en toda Francia y de alguna forma en todo el
mundo, hubo una intensa polémica al respecto. Naturalmente, no se
llegó a ninguna conclusión certera y, con casi total seguridad, no podría
haberse llegado a ninguna. Pero hay algunas pistas.
Al acercarse el año 1789, la distribución de 1a riqueza en Francia no
solamente era injusta sino irritante; el peso de los impuestos caía
"exclusivamente sobre la población en general, burguesía y
campesinado. mientras que la clase dirigente estaba exenta de ellos:'( "En
Francia no hay impuestos a la riqueza, hay solamente impuestos c de los que
uno se libra a fuerza de riqueza", decía Turgot, uno de Ios  ministros de
Finanzas de Luis XVI. Al mismo tiempo, esa misma clase dirigente llevaba en
Versalles un tren de vida rumboso que pesaba por cierto sobre el erario un
cinco por ciento del
presupuesto, pero no era el factor decisivo del déficit fiscal, aunque los
mismos beneficiarios se encargaban de que lo pareciera. La corrupción entre
la dirigencia tampoco era la causa de la bancarrota general, pero se la
ostentaba imprudentemente y cada tanto los escándalos cortesanos que en
cierta forma la corte publicitaba alimentaban la maquinaria del odio.
Cuando se convocó a los Estados Generales, proliferaron los panfletos
y "cuadernos" en los que los diversos estamentos de Francia, y en especial
su clase media, la burguesía, planteaban sus bastante modestas exigencias:
justicia independiente, respeto a la propiedad, cese de las arbitrariedades
de la aristocracia dominante, respeto a la ley, 1irriitacionesa la corte.
Sieyes, en un cuaderno que causó sensación, se preguntaba: "¿Qué es el
Tercer Estado ? Todo. ¿Qué ha sido hasta ahora? Nada. ¿ Qué es lo que
pretende ser? Algo". No era demasiado, pero la clase dirigente no lo tuvo en
cuenta. Al inaugurarse los Estados Generales, el discurso del trono fue
harto vago, limitándose a generalidades sobre la prosperidad y el futuro de
Francia. El rey se retiró; la nobleza y el clero salieron con él, el tercer
estado permaneció en su sitio sin que nadie de la corte prestara demasiada
atención a su humor sombrío. Pocos días más tarde, el tercer estado se
constituía en Asamblea Nacional y proclamaba que, el día en que se
disolviera, cesaría en Francia toda percepción de impuestos que no hubiera
sido votada por esa misma asamblea. Los barrios de París(1as secciones)
empezaban a organizarse y móvilizarse.
Pero lo que impresiona cuando se recorren las jornadas de la Revolución
Francesa es la increíble miopía y el estúpido . empecinamiento de la clase
dirigente: no oían, no veían y, desde ya, no olfateaban nada, mientras se
dirigían hacia el desastre y arrastraban a Francia con ellos. Permitían que
jueces corruptos les garantizaran los juicios y los privilegios, y
derrochaban delante de la nariz de los que carecían de todo...Jugaban con
harina mientras el país pasaba hambre y se lo hacía saber , imponían
privaciones y trabajos de los que eran inmunes, duplicaban los gastos de sus
fiestas y se encargaban de que todos se enteraran. .'¿Cómo encontráis mis
fiestas?", preguntaba el rey. ., Ah, Majestad, impagables!", contestaba un
ministro.
Y es que desde hacía tiempo ya, la clase dirigente había perdido todo
contacto con la ilación, con el país real. Ya no representaban a nadie, ya
no simbolizaban nada, ya no decidían nada, ya no cumplían ninguna función,
real o simbólica, ya eran incapaces de tomar ninguna decisión que sacara ala
nación del atolladero y, lo que era peor para ellos, la nación se daba
cuenta, aunque ellos, desde luego, no. Encerrados en sus carrozas y sus
fiestas, abroquelados en un autismo impasible y consecuente, que ni siquiera
protegía sus propios intereses de clase. Tampoco bastaron los primeros
hechos de violencia, como la insurrección de los barrios de París, la
sangrienta toma de la Bastilla y el virtual linchamiento de sus defensores
los convencieron de que algo había que aflojar. La misma corte estaba
construyendo la guillotina, a cuyo pie, quizás, entendieron lo que pasaba.
Es difícil comprender por qué razón surgen, aquí y ahora, este tipo de
asociaciones, petulantes y arbitrarias como cualquier asociación histórica,
mientras s~' ve el cuerpo del país devorado por ejércitos de bacterias y no
se sabe si los movimientos que aparecen son la señal de algo nuevo, o
simplemente esas contracciones musculares provocadas por el calor que hacen,
a veces, que un cadáver se agite en el cajón dando la ultima apariencia de
vida.





FERNANDO LAVAYEN
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