[R-P] Frei Betto analiza a Lula
Nestor Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar
Mar Dic 31 06:21:01 MST 2002
Vale la pena. Se le escapa, quizás, un aspecto importante, el de Lula
(no el PT, Lula) como constructor de un Frente Nacional en Brasil.
Pero muy interesante.
------- Forwarded message follows -------
----------------------------------------------------------------------
--
Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Lunes 30 de diciembre de 2002
Contra
----------------------------------------------------------------------
--
Lula: el nuevo tiempo de la izquierda
Su elección, resultado de un movimiento social construido a lo largo
de
40 años
FREI BETTO
Lula fue elegido presidente de Brasil con más de 52 millones de
votos,
lo que parece increíble. ¿Cómo un mecánico tornero, fundador de un
partido que en su carta de principios defiende el socialismo, llegó
al
gobierno por el voto popular?
Noten que escribí "llegó al gobierno" y no al poder. Son instancias
distintas. Quien tiene poder no acostumbra ser institucionalmente
gobierno, como es el caso del capital financiero. Quien es gobierno
no
necesariamente tiene poder, como los estados de América Latina, que
dependen del flujo de capital externo.
La llegada de Lula al cargo más importante de la república
¿representa a
la izquierda en el gobierno? Algunos dicen que no, pues, según ellos,
Lula sólo fue elegido gracias al abandono de su discurso ideológico,
al
maquillaje de los asesores de marketing, al corrimiento político de
la
izquierda hacia el centro (o hacia la socialdemocracia). Según otros,
Lula imitó al camaleón, disfrazando de verdeamarillo su color rojo.
Una
vez elegido, cambiaría la paz y el amor por el enfrentamiento con las
fuerzas retrógradas del país.
¿Cambiamos nosotros o cambió Lula?, preguntaba Machado de Assis.
Cambiamos ambos. Con excepción de los militantes del PSTU y del PCO,
ninguna otra instancia de la izquierda brasileña se opuso al
candidato
Lula. Y no hay duda de que los electores de esos dos pequeños
partidos
han dado su voto en la segunda vuelta al candidato del PT.
Pero eso significa que el conjunto de la izquierda brasileña, salvo
los
reduclula_braz_da tos citados, apoyó o participó en la elección de
Lula.
En tal sentido, su elección es una victoria de la izquierda. Cuando
hablo de la izquierda no me refiero a los militontos rabiosos que se
hinchan las bocas con consignas oficiales y lamentan no morir como
guerrilleros en la sierra de la Mantiqueira... Militontos que no
siempre
son capaces del sacrificio de dar atención a su propia familia o de
hacer autocrítica frente a sus compañeros. No me refiero a aquellos
que
adoran estereotipos cinematográficos, visten la boina del Che y
llaman
burgués a quien no piensa como ellos. Hablo de aquellos que Norberto
Bobbio considera posicionados en la izquierda: los que miran como una
aberración la desigualdad social (pues según el científico italiano,
la
derecha la ve como fruto del orden natural de las cosas o, según
otros,
contingencias del mercado).
Tras la caída del Muro de Berlín en 1989, es la primera vez que la
estrella, símbolo de la izquierda (presente en las banderas de China
y
de Cuba, y también del PT; y en la boina del Che), hace una curva
ascendente. En los últimos 13 años la izquierda quedó condenada al
purgatorio. Revisó sus errores, hizo autocrítica, trató de
rearticularse
en nuevos partidos, promovió manifestaciones contrarias al actual
modelo
de globalización y, en el Foro Social Mundial de Porto Alegre, trató
de
vislumbrar otro mundo posible. Huérfana de paradigmas, la izquierda,
que
tanto presumía de su conciencia crítica y de su lógica dialéctica,
vio
cómo se derrumbaban sus dogmas religiosos: el retorno de los países
socialistas al capitalismo quebró la espina dorsal del materialismo
histórico; la física cuántica mandó al espacio el principio del
determinismo; la miseria de Corea del Norte y la apertura de Cuba al
turismo, con toda la infraestructura importada de países
capitalistas,
hicieron que, en la práctica, la teoría fuera otra.
¿Qué significa ser de izquierda hoy? Antes significaba profesar un
catálogo de doctrinas basadas en las teorías de Marx y Engels, según
las
hermenéuticas de Lenin, Trotsky, Stalin o Mao Tse Tung. Terminado el
Muro de Berlín, presencié, en viajes por países socialistas, algo
semejante a un grupo de cardenales que al morir descubren que no hay
ni
Dios ni cielo: teóricos del partido se adhirieron a los nuevos
tiempos
neoliberales y fueron rarísimos los militantes que se escondieron en
trincheras para reiniciar la lucha por el socialismo. Y menos aún los
que se aliaron con los pobres, las grandes víctimas de la
desaparición
del socialismo real. En resumen, ¿qué diablos de hombre y mujer
nuevos
eran aquellos que, ante la conmoción del sistema, no llevaban en sí
convicciones, valores subjetivos, capaces de mantener encendida la
vocación revolucionaria?lula_shoe_bci
Con la caída del Muro de Berlín quedó claro que había tres tipos de
militantes de izquierda: los adaptados, los ideológicos y los
orgánicos.
Adaptados eran aquellos que se acomodaron al socialismo con el mismo
espíritu oportunista con que se adaptaron después al capitalismo; su
negocio era mamar de las tetas del Estado. Hacían del partido único
el
trampolín para alcanzar sus ambiciones personales. Eran izquierdistas
fisiológicos, sin ninguna convicción subjetiva de las tesis que
defendían de la boca para fuera.
Los ideológicos sabían de corazón toda la cartilla marxista, citaban
de
memoria una extensa bibliografía, adoraban tener infinitas reuniones,
rendían culto a sus jefes en el poder, pero no demostraban amor al
pueblo, trataban a sus subalternos con la misma arrogancia con que un
burgués lo hace en las obras de Gorky, y nunca estrechaban vínculos
con
los sectores más pobres de la población.
Los orgánicos se mantenían permanentemente sintonizados con el
movimiento social, ayudando a fortalecer las organizaciones de la
sociedad civil, como fue el caso, en Brasil, de los comunistas que
actuaron junto a sindicatos rurales y urbanos y de los cristianos
vinculados a las comunidades eclesiales de base y a las pastorales
populares, que ayudaron a expandir el movimiento popular. Sólo los
orgánicos sobreviven en las izquierdas en los ex países socialistas;
sólo ellos, en Brasil, no se sintieron derrumbados con la
desaparición
del socialismo e el este europeo, como si el Muro de Berlín hubiese
caído sobre sus cabezas.
Lula es fruto del objeto de la izquierda: la clase trabajadora.
Recuerdo
bien la fundación del PT. Los políticos afiliados a los partidos de
izquierda se pusieron furiosos ante la petulancia de un obrero que se
negaba a ingresar a los partidos que representaban los intereses de
las
clases trabajadoras y con gesto osado creaba lo que nadie todavía
había
pensado: un partido de los trabajadores. Vi a un dirigente comunista,
renombrado intelectual, tirarse del pelo, indignado, como si dijera:
¿por qué un proletario anhela ser vanguardia del proletariado? ¿Será
que
no conoce la historia? ¿No sabe que los partidos de la vanguardia del
proletariado casi siempre fueron dirigidos por intelectuales (Lenin,
Stalin, Mao, Fidel...)?
Enfocar a Lula desde la óptica ideológica, antes de fijarse en su
extracción social, es invertir los términos de la ecuación política.
Sin
embargo, Lula no es resultado de sí mismo, sino de un movimiento
social
construido durante 40 años (1962-2002), en el que las teorías de Marx
tuvieron menos importancia que la pedagogía de Paulo Freire. Lula es
fruto de las CEB y de la Teología de la Liberación, de la izquierda
que
enfrentó a la dictadura y de las oposiciones sindicales, de la CUT y
del
MST, del agravamiento de la crisis social brasileña y de la actual
globocolonización. Lula es lo que queda de la izquierda orgánica
después
de la caída del Muro de Berlín. Ahora sube la estrella.
La coyuntura nacional e internacional sufrió cambios sustanciales
después de 1989. El mundo unipolar quedó bajo la hegemonía
neoliberal,
el capital especulativo sobrepasó al productivo, aumentó la
desigualdad,
las teorías de izquierda pasaron por una rigurosa evaluación crítica,
movimientos como el MST fueron innovadores en sus métodos de lucha,
adecuando propuesta y conquista; las revoluciones se hicieron
inviables
(Nicaragua, El Salvador, Colombia...) frente a la guerra de baja
intensidad de las potencias.
En tanto, la piedra angular de todo el edificio de la izquierda,
desde
los socialistas utópicos hasta Fidel Castro, no sólo se mantuvo, sino
que se amplió: la pobreza como fenómeno colectivo. Pues sólo los
cínicos
fingen ser de izquierdas para buscar parcelas de poder. Estar en la
izquierda es, como principio ético, luchar para que todos tengan
acceso
a los bienes esenciales para la vida y la felicidad.
Es por lo profundo del agravamiento de la cuestión social por lo que
Lula ganó la elección. Sus fuerzas de sustentación política, como la
CUT
y el MST, ya habían obligado a la agenda política del país a tratar
temas como las reformas obrera y rural. El desempleo, el hambre, la
mala
calidad de la salud y de la educación hicieron que el electorado
reconociera que con Lula es posible otro Brasil. Posible en la medida
en
que la izquierda tenga claridad acerca de que una elección no es una
revolución. Esta es la ruptura de un sistema; aquélla es un cambio de
gobierno. Lula no va a implantar el socialismo por decreto. Va a
modernizar el capitalismo, aumentando la capacidad productiva del
país y
reduciendo el desempleo y el hambre. No hará lo deseable, sino lo
posible. No inventará la rueda, pero le imprimirá la suficiente
velocidad para atenuar la deuda social.
Para este propósito Lula cuenta con el apoyo de una amplia mayoría de
la
población. Aunque algunos militantes le pidan un discurso ideológico,
que sonaría bien en oídos acostumbrados a la música ortodoxa (y
asustaría al pueblo), es necesario reconocer que Lula rescató para la
izquierda, entre otras, una virtud preciosa ya hace tiempo dejada de
lado por los defensores de la nueva sociedad: el buen humor. Sí,
porque
era casi una marca registrada el militante hosco, ceñudo, incapaz de
sonreír, saltar y alegrarse con las cosas buenas de la vida. Aquel
militante para quien el futbol era alienación; la religión, opio del
pueblo; el carnaval, promiscuidad; el hombre de saco y corbata,
burgués;
la mujer bien arreglada, superficial. Militante que soñaba con
construir
un mundo nuevo adoptando comportamientos tópicos de la persona vieja:
la
ira, la envidia, la sed de venganza, el autoritarismo, la ambición de
poder.
La izquierda, que siempre habló de táctica para la conquista del
poder,
tuvo dificultad de entender su aplicación en un proceso electoral.
Como
me dice Duda Mendonça: vendo productos a quienes no les gustan. En
otras
palabras, publicidad es convencer al mercado para que adquiera lo que
no
conoce o incluso rechaza. Y la oferta debe ser, a los ojos del
cliente,
una buena oferta. (Para quien no sabe de esto, la publicidad fue
inventada por Jesús, al envolver su mensaje con el rótulo de
evangelio,
palabra griega que significa buena nueva. Los apóstoles y los
misioneros
son los vendedores del cristianismo.)
La táctica electoral dio en el blanco. Atrajo a elegir a Lula a
sectores
de la población que antes lo miraban con prejuicios. Amplió el arco
de
apoyos en la esfera partidaria. (Apoyo no es alianza. Lula no
prometió
ningún cargo a cualquier partido, ni cedió en su programa de
gobierno.
No hubo cambalache.)
Lula no hizo una campaña para agradar a los petista (del PT) o a la
izquierda. Ni hará un gobierno en ese sentido. Será el presidente de
todos los brasileños, coherente con los principios que lo llevaron a
fundar el PT y fiel a su programa de gobierno. Priorizará las
cuestiones
sociales, a las que estará supeditada la economía. Si eso no es ser
de
izquierda, ¿cómo será?
Habrá quien diga que ser de izquierda es derribar el capitalismo y
edificar la sociedad socialista. Estoy de acuerdo con esa tesis,
incluso
por razones aritméticas: no habrá futuro digno para la humanidad si
no
se da aquello que reza el sacerdote en la eucaristía: "fruto de la
tierra y del trabajo del hombre". Pero ¿cómo poner fin al sistema que
sitúa el lucro individual por encima de los derechos colectivos?
¿Mediante revoluciones? Dudo que en la coyuntura actual sean viables.
Desde la cubana, hace 43 años, ninguna otra fue posible en América
Latina, excepto la sandinista, en Nicaragua, abortada pocos años
después.
Quizás el efecto Lula venga a demostrar que mediante la acumulación
progresiva de los movimientos sociales es posible conquistar parcelas
de
poder e introducir nuevos cuadros en la esfera del gobierno. Si eso
significa la superación paulatina de las políticas neoliberales y la
mejora de la calidad de vida de la mayoría de la población, lo
aplaudiré
como un gran salto adelante. En caso contrario le daré la razón a
Robert
Michels, que en 1912, en su clásico Los partidos políticos, defendió
esta tesis, hasta ahora confirmada por la historia: todo partido
revolucionario que insiste en disputar espacio en la
institucionalidad
burguesa termina por ser asumido por ella, en vez de transformarla.
La suerte está echada. Y no debemos preguntar qué hará Lula por
Brasil.
Debemos preguntarnos lo que cada uno de nosotros hará para fortalecer
las bases populares de su gobernabilidad.
Tomado de ALAI América Latina en Movimiento
Traducción: José Luis Burguet
----------------------------------------------------------------------
--
http://www.jornada.unam.mx/040n1con.php?printver=1
------- End of forwarded message -------
Néstor Miguel Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar
_ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _
"Aquel que no está orgulloso de su origen no valdrá nunca
nada porque empieza por depreciarse a sí mismo".
Pedro Albizu Campos, compatriota puertorriqueño de todos
los latinoamericanos.
_ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _
Más información sobre la lista de distribución Reconquista-Popular