[R-P] DOS SEMANAS DE FRAUDE EN VENEZUELA

René C. Baralt M. rbaralt2002 en cantv.net
Lun Dic 16 21:23:07 MST 2002


LE MONDE Diplomatique, Edición Cono Sur.
Servicio Info-Dipló
16/12/2002

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INFO-DIPLÓ I
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Decisiva prueba de fuerza
DOS SEMANAS DE FRAUDE EN VENEZUELA

Desde el 2 de diciembre pasado, el futuro de la democracia venezolana se
juega en el actual enfrentamiento entre gobierno y oposición. Ante la
descarada manipulación de los medios de comunicación, el presidente Hugo
Chávez moviliza a la ciudadanía y parece contar con el apoyo de las
fuerzas armadas. El desenlace es decisivo para América Latina.

Por Luis Bilbao
De la redacción de Le Monde diplomatique, edición Cono Sur.


"Puedo prometer ser sincero, pero no ser imparcial" Goethe (1)

No es nuevo el actor, pero sí lo es su protagonismo central, su
transformación de figura de reparto en autor, director y primer
personaje de la obra: los medios de comunicación en Venezuela dejaron de
reflejar e interpretar los acontecimientos para pasar a diseñarlos según
su voluntad, imponerlos como realidad virtual y luego conducirlos. La
osada operación ha fallado. Pero deja hondas y peligrosas heridas en la
sociedad venezolana e inaugura una fase singular de la lucha política,
más allá de aquel país y del presidente Hugo Chávez. Es un hecho nuevo
en cuanto al papel de la prensa en la política contemporánea, incluso en
comparación con la función cumplida por estos mismos medios durante el
golpe de Estado de abril pasado. Entonces, un paro fallido encubrió un
golpe exitoso (durante sólo 36 horas, es verdad, pero exitoso) de
grandes empresarios, una parte sustantiva de los mandos militares y las
zonas más corruptas del aparato del Estado. En esta oportunidad, a la
imposibilidad de paralizar al país se sumó la hasta ahora inconmovible
actitud militar de subordinación a sus mandos naturales y alineamiento
explícito con el gobierno del presidente Hugo Chávez. Además, muchos de
los sectores empresarios que se sumaron a la asonada de abril, ganados
por las concesiones ofrecidas por Chávez, se alinearon del lado oficial
en esta oportunidad. Importantes sectores medios, que en abril marcharon
contra Chávez, retrocedieron luego horrorizados ante la descarnada
condición fascista, ultrarrepresiva y proestadounidense del fugaz
presidente Pedro Carmona. Y a diferencia de la actitud inicialmente
pasiva de las organizaciones sindicales en abril, ahora las nuevas
estructuras y dirigencias, enfáticamente convocadas e impulsadas por
Chávez en los últimos 9 meses, tomaron la iniciativa e hicieron
imposible siquiera una apariencia presentable de huelga general.En abril
los medios de prensa habían propagandizado la huelga y transformado
radios, diarios y canales de televisión en instrumentos de propaganda
para llamar al derrocamiento de Chávez. Luego magnificaron algunos
hechos, ocultaron otros y manipularon todo. Ya aquello, puesto al
servicio de un golpe fascista, era una enormidad anunciadora de graves
males. Pero ahora se trata de otra cosa: como el escenario social era
antes del punto de partida adverso a los intereses y planes
representados por los medios de comunicación privados, fabricaron una
realidad a la medida de sus intenciones y la machacan con absoluto
desprecio por los hechos objetivos, durante 24 horas y en cualquier
circunstancia, al parecer convencidos de que es posible convencer a cada
ciudadano de que su mundo es el que se le impone desde la pantalla de
los televisores y no el que cada uno vive en su hogar, en su trabajo, en
su ciudad.No es posible dejar de sorprenderse -y de alarmarse- ante la
conducta de tantos periodistas y profesionales que, atrapados al parecer
por un torbellino enajenante, se encapsulan en esta licantropía
colectiva y ensayan una operación masiva que ya no es de desinformación,
sino de reemplazo del mundo real, con la aparente certidumbre de que
lograrán su objetivo.Acompañado no sin fruición por la casi totalidad de
los grandes medios de todo el mundo -y muy especialmente en Argentina,
acaso porque un tobellino semejante azota estas latitudes- este fenómeno
se transformó, en las últimas dos semanas, en una estafa informativa sin
precedentes. El fenómeno importa por lo que atañe a Venezuela y por su
ineludible proyección urbi et orbi. Pero acaso lo más relevante es el
anticuerpo a su medida que ha creado allá y en todo el mundo, lo cual no
dejará de tener también una proyección de seguro impacto político.

Los hechos

Por tercera vez en el año, Fedecámaras, CTV (Central de Trabajadores de
Venezuela) y la Coordinadora Democrática convocaron a una huelga general
para el 2 de diciembre. En abril, como se sabe, la paralización fracasó,
no obstante lo cual sirvió como telón de fondo para el golpe de Estado
cuyo desenlace es por todos conocido (2). En octubre, tras otro pico de
tensión, volvió a fracasar, pero esta vez con mengua notoria en la
participación empresaria y, como se ha dicho, una actitud diferente de
la clase obrera, ya ostensiblemente ajena a la estructura de la CTV.
Cabe hacer un paréntesis para subrayar que "huelga general" es un
concepto que sólo puede aplicarse a la conducta de los trabajadores.
Cuando son los empresarios quienes convocan a detener la actividad
productiva y comercial, el término que describe el hecho es la voz
inglesa lock out. Esta es la primera razón por la cual en Venezuela no
hubo huelga el lunes 2 y mucho menos los días siguientes. La segunda, es
que el sector patronal que adhirió a la medida de fuerza fue mínimo,
circunscripto sobre todo al sector comercial y dentro de éste al área
rica de Caracas, en la zona Este. La tercera, es que en esta oportunidad
un gran número de establecimientos cerrados por sus dueños fueron
abiertos por los trabajadores, lo cual sumado al hecho de que funcionó
sin mengua el transporte, completó un panorama de casi total normalidad
en la capital venezolana y tanto más en el interior del país. Al
atardecer del lunes 2, el paro había fracasado por tanto
estrepitosamente, no obstante lo cual -y con el respaldo de la insólita
cobertura televisiva, capaz de mostrar la calle donde uno está parado
frente a un tránsito infernal como un desierto, como le ocurrió a este
corresponsal el 21 de octubre pasado- la cúpula opositora llamó a
continuarlo al día siguiente. Así ocurrió día por día durante toda la
semana, pese a que en cada jornada desertaban los pocos adherentes a la
protesta. Una excepción a esta regla ocurrió en PDVSA, la empresa
petrolífera de Venezuela, donde la llamada "nómina mayor", es decir el
cuerpo de gerentes de mayor nivel, lograba dificultar en grado
diferente, pero en todo caso preocupante, la producción, la refinación y
distribución de petróleo.Al cabo de la semana, el viernes por la noche
un tirador solitario disparó un arma en la Plaza Francia, elegante
bastión de un grupito de altos oficiales golpistas instalados allí desde
el 21 de octubre, y asesinó a tres personas. Los jefes militares ahora
sin mando más allá de las 200 personas que los acompañan en su lánguida
estadía en Plaza Francia, acusaron de asesino a Chávez. En cadena
espontánea, los medios amplificaron la acusación. Pero el asesino fue
detenido y su identidad (es portugués y había entrado cinco días antes
al país), sugiere una cantidad de conexiones que por el momento están en
investigación pero tienden líneas de explosivas derivaciones hacia la
dirección ideológica y política de la oposición que pretende derrocar a
Chávez. Como de rayo, la población asoció este atentado terrorista con
la provocación montada en abril, cuando francotiradores luego
identificados como mercenarios pagados por la propia oposición,
dispararon contra manifestantes opositores, provocaron muertes y
detonaron la movilización y los hechos posteriores. Hecha la asociación
y ante la convicción de que se estaba ante un nuevo golpe de Estado,
esta vez las masas no esperaron a que Chávez fuera desplazado de
Miraflores, sino que se volcaron en masa desde todos los puntos
cardinales hacia el centro de Caracas: el sábado 7 una multitud que
cubría unos 20 kilómetros de avenidas centrales ponía de manifiesto la
correlación de fuerzas sociales existente hoy en Venezuela. Y el alto
mando de la Fuerza Armada Nacional (FAN), en su totalidad, como lo había
hecho el 22 de octubre, cuando 14 oficiales llamaron a la rebelión desde
la Plaza Francia, se presentó en televisión junto con el ministro de
Defensa para garantizar a la población que respaldaba el orden
constitucional y al presidente Chávez. Éste habló el sábado ante la
multitud, denunció la escalada golpista y llamó al pueblo a quedarse en
las calles e impedir toda provocación. Al día siguiente, desde su
programa "Aló presidente", hizo un cuadro de situación, garantizó que no
había posibiliad de golpe de Estado exitoso y ratificó el llamado a la
población a mantenerse alerta y movilizada. Horas más tarde se sabría
que había sido descubierto y neutralizado un ataque a Miraflores, que
pretendía bombardear el Palacio y asesinar al Presidente. La prensa
internacional calló toda esta información. La prensa venezolana fue más
allá: agudizó su prédica golpista, mostrando una ficción según la cual
Chávez se debilitaba, la huelga general se fortalecía y el fin era
inminente. Ni siquiera por un elemental sentido de autopreservación los
analistas de la oposición aludieron a un dato ya señalado con hechos
incontrovertibles como prueba: si no infiltrados, los grupos opositores
embarcados en actos terroristas destinados a matar a Chávez, están
seguidos muy de cerca por la seguridad que defiende al Presidente (2).El
lunes, sin embargo, sería el día clave. Pasó también inadvertido para la
prensa, pero es probable que tenga hacia el futuro una relevancia mayor
aun que la del 13 de abril, cuando las masas populares se lanzaron a las
calles en todo el país y rescataron a Chávez para reubicarlo en su cargo
de Presidente. Por un lado, cientos de miles de personas rodearon los
canales de televisión, en una pacífica pero no por ello menos amenazante
demanda de que se dejara de mentir y de convocar a la violencia y al
golpe. Por otro lado, los obreros petroleros comenzaron a actuar para
neutralizar el accionar de la plana mayor asociada a los golpistas. Y
aquí ocurrió un hecho importante: cuando la antigua cúpula de la empresa
vio que comenzaba a perder terreno ante la embestida obrera, lanzó una
ola general de acciones de sabotaje: si no lo puedo controlar, lo
paralizo o lo destruyo. Advertido, Chávez ordenó la intervención de las
FAN para garantizar la seguridad de la empresa y la continuidad de la
producción. Y se produjo allí una significativa conjunción de cuadros
militares y obreros físicamente enfrentados con la cúpula de PDVSA, a la
que se sumaron los pobladores de los barrios donde hay instalaciones de
la empresa. Entre cientos, hay una anécdota impresionante: en Anaco,
cerca de Puerto La Cruz, los gerentes decidieron cortar el suministro de
gas con el que funcionan las grandes plantas de aluminio de Puerto
Ordaz. Enterados, los obreros, encabezados por Machuca -un dirigente
independiente que no milita en las filas del oficialismo- ocuparon
varios colectivos, se dirigieron a Anaco, enfrentaron y neutralizaron a
la policía enviada por el alcalde local -obviamente asociado a la
oposición golpista- ocuparon las instalaciones y restablecieron el
suministro de gas, impidiendo que se apagaran los altos hornos de su
empresa. Paralelamente, se tomaban medidas frente a algunos capitanes de
barcos petroleros que pretendieron paralizar el transporte y obstruir
las vías fluviales. Ese mismo lunes renunciaba la comisión directiva de
PDVSA y luego, en un acto de autoridad de inequívoco significado, el
presidente de la empresa, Alí Rodríguez, un hombre de larga trayectoria
e inequívoco alineamiento con la revolución bolivariana y el presidente
Chávez, destituyó a todos los involucrados en actos de sabotaje y
anunció una reestructuración profunda de PDVSA, la ansiada presa de
grandes capitales locales e internacionales que pretenden privatizarla y
que está en el centro de las intentonas golpistas.

Horas de riesgo extremo

Recrudecieron en esos momentos los rumores y temores de que se
sublevarían algunas divisiones militares. De hecho, falladas todas las
instancias previas, la oposición afrontaba la opción de jugar el todo
por el todo o sufrir una derrota de la que no podría levantarse. Por lo
demás, nadie imagina que, pese a la exoneración de más de 400 altos
oficiales de las cuatro fuerzas desde el golpe de abril, en la FAN no
hay remanentes opositores, eventualmente dispuestos a sublevarse contra
la Constitución y contra Chávez con el aliento del gran capital opositor
y de la embajada estadounidense. Sin embargo, desde el martes 10 hasta
el momento en que se redacta este informe (en la mañana del lunes 16),
no hubo signo alguno de malestar militar. Oficialmente, la oficialidad
mayor se mantiene subordinada a los mandos naturales, en una cadena hoy
de altos jefes que según todos los indicios se mantiene fiel a Chávez y
dispuesta a defender la vigencia de la Constitución. Informes
confidenciales no niegan la posibilidad de que algún cuerpo pudiera
sublevarse. Pero no se lo considera probable, por la abrumadora
disparidad de fuerzas entre chavistas y antichavistas, entre legalistas
y golpistas. De hecho, la FAN está cumpliendo un papel múltiple en
relación con la recuperación de PDVSA, que se extiende además a una
operación de alto contenido político, un "megamercado" instalado en las
calles de Caracas y otras capitales, destinada a garantizar no ya el
abastecimiento, sino precios significativamente más baratos, de
comestibles y otras mercaderías para las fiestas de fin de año.Desde las
filas golpistas el sábado 14 fue convocada a una manifestación a la que
denominó Marcha sobre Caracas. Tuvo un eco considerable, aunque los
manifestantes fueron menos que los reunidos en la embestida del 9 de
octubre, oportunidad en que ante unas 300 mil personas se lanzó el paro
del día 21 de ese mes. Pero más allá de las cantidades -que como se ve
no son menores e indican una fractura importante de una franja social-
lo significativo fue que en lugar de marchar hasta Miraflores, como
habían anunciado sus organizadores, la concentración se realizó fuera de
esa área, en la Autopista Fajardo, y no intentó aproximarse al Palacio
de gobierno, rodeado por cientos de miles de partidarios de Chávez. El
día anterior, otro dato mayor apareció en el tablero de la crisis: el
gobierno de Estados Unidos, hasta entonces limitado a "hallar una salida
democrática", se vio obligado a acudir en respaldo de quienes demandan
"Fuera Chávez ya" y anunció oficialmente que en Venezuela debían
adelantarse las elecciones. Pocas horas después Chávez respondió que no
cree que el gobierno de Estados Unidos esté interesado en que se viole
la Constitución; ofreció enviarle al gobierno de Washington un ejemplar
de los que siempre carga en sus bolsillos y subrayó que no existe la
menor posibilidad de adelantar las elecciones al margen de las
disposiciones constitucionales. En su programa radial del domingo 15,
Chávez denunció la última táctica empleada por la oposición, que por
cierto volvió a llamar a "continuar con la huelga general el lunes 16":
transmitiendo desde Miraflores, el presidente sostuvo que "el gobierno
constitucional y defensor de los intereses nacionales, enfrenta ahora un
autobloqueo intentado por venezolanos, pero que ya hemos comenzado a
derrotar". Se refiere a la ola de sabotajes en PDVSA y lo hace en
explícita comparación con el bloqueo que Venezuela sufrió a fines del
siglo XIX, cuando el presidente Cipriano Castro resolvió no pagar la
deuda externa y fue bloqueado por Francia y Alemania (3). Chávez
denunció que el bloqueo cuenta con la participación desembozada de los
gobernadores del Estado Zulia, Manuel Rosales, y del Estado Carabobo,
Enrique Salas Feo, lo cual subraya la magnitud del conflicto político
planteado.Sea como fuere que se desenvuelva esta confrontación, parece
evidente la imposibilidad de cualquiera de las partes involucradas para
volver sobre sus pasos. Aparece así en toda su trascendencia el carácter
y las perspectivas de un conflicto económico, social y político que,
mucho más allá de las fronteras venezolanas, muestra que en este
naciente siglo XXI, mucho más que el anterior, la mera intención de un
gobierno de defender la soberanía, propender al desarrollo económico y a
una distribución menos inequitativa de la renta, desata fuerzas
poderosísimas empeñadas en impedirlo sin reparar en métodos. Y como
siempre, pero más, Estados Unidos está allí para intervenir en la
política interna de otros países. Y como siempre, pero mucho más, los
medios de prensa se distancian de su función original para intentar
reemplazar la ausencia -por agotamiento y muerte- de los partidos,
sindicatos y otros instituciones que hasta ahora obraron como efectivos
instrumentos de poder, para transformarse en vehículo de la mentira y la
manipulación, creando involuntariamente una necesidad cuya satisfacción
acaso sea más relevante que el triste papel de los medios comerciales de
difusión: una red multiforme y omnipresente de medios alternativos de
toda escala y condición, que lenta pero efectivamente va ocupando el
espacio informativo abandonado por los medios.

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1 J.W. Goethe, Obras Completas; T. I. Aguilar, México, octubre de1991.
2 Ver dossier "Lecciones desde Venezuela", por Carlos Gabetta, Maurice
Lemoine, Bernard Cassen y Alfredo Eric y Eric Calcagno, en Le Monde
diplomatique, edición Cono Sur, mayo de 2002.
3 Esto daría lugar a la célebre "Doctrina Drago", por el canciller
argentino Luis María Drago, quien denunció la ilegalidad del cobro
compulsivo de deudas a un Estado. Ver Salvador María Lozada, "Moderna
condena de Sísifo", Le Monde diplomatique Edición Cono Sur, junio de
2.000.
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