[R-P] (de Hugo Presman) Una crónica del 19/20

Nestor Gorojovsky nestorgoro en fibertel.com.ar
Jue Dic 5 05:20:16 MST 2002


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A un año del 17 de octubre de la clase media

                 ¿ UNA SOMBRA YA PRONTO SERÁS? 

                                                                      
                                              Por Hugo Presman


La primavera cumplía su rutina anual, extinguiéndose en los calores 
del verano. Fernando de la Rúa se diluía en su inoperancia y se 
precipitaba a una expulsión indigna. De la Alianza quedaba nada más 
que recuerdos y decepción. La economía retrocedía a paso redoblado 
transformando la recesión en depresión. El blindaje había sido un 
bluff, tan débil como la línea Maginot. Domingo Cavallo, provisto de 
superpoderes y con casi la suma del poder público, miraba como sus 
amigos fugaban los capitales precipitando al país hacia el corralito, 
donde quedarían los perejiles poco informados o los ingenuos que se 
amparaban en la ley de la intangibilidad de los depósitos. El 
mediterráneo sacaba raquíticos y contradictorios conejos de su 
chistera sin magia y superlativos negocios para sus socios, entre 
otros el megacanje. Como una burla impiadosa Menem salía de la 
prisión vip el día de la soberanía. La convertibilidad agonizaba 
después que la perdurabilidad del empate monetario infringiera al 
país una goleada estruendosa. Por debajo y a los costados del modelo, 
cuya paternidad disputó Cavallo con Menem, la fila de los excluidos 
crecía y crecía. Eran los hijos no reconocidos y desheredados de la 
pareja rutilante de los noventa. El economista, después de 
divorciarse del riojano y de denostar a la Alianza se unió en 
concubinato con el insondable Fernando de la Rúa, experto en bonsai . 
Las elecciones del 14 de octubre habían sido un enorme alerta que el 
inepto presidente radical no registró. A la noche de aquél día, diría 
en uno de sus habituales discursos insípidos que: " Es un deber de la 
clase política escuchar los cambios que pide el pueblo. Pero los que 
no han cambiado son los motivos por los que fui elegido". Dos días 
después llegó a Madrid para participar del II Congreso de la Lengua 
en la Sociedad de la Información. Había perdido 5.400.000 votos con 
relación a las elecciones anteriores, fue derrotado en todas las 
provincias importantes, era minoría en las dos cámaras pero ajeno a 
la realidad, con su antológica inexpresividad sostenía: " Los 
resultados electorales del domingo último muestran un relativo 
equilibrio de fuerzas". 

UNA ALIANZA TIMORATA

La Alianza se había constituido por las exigencias de sectores muy 
importantes de la sociedad para enterrar los aspectos abyectos del 
menemismo, pero con la promesa de conservar la viga maestra que 
seducía en forma mayoritaria a la mayoría de los argentinos, a las 
empresas privatizadas, a los sectores concentrados y a los acreedores 
externos: la convertibilidad. Esos dirigentes, que conformaron la 
coalición provenían de un radicalismo tradicional castrado en mil 
trapisondas y por un "progresismo" encarnado por algunos radicales y 
algunos frepasistas cuyas audacias no trascendían del campo verbal. 
No creían en la continuidad de la convertibilidad, pero carecían de 
la audacia de violar la única promesa que cumplieron y que 
paradojalmente garantizaba, cuando implosionara, su expulsión del 
gobierno. Creían que el problema central era la corrupción y no la 
devastación del país que se hacía al amparo de la corrupción. La 
coima que se quedaba en las estaciones de peaje político era el 
porcentaje que grupo económicos concentrados abonaban para quedarse 
con negocios fabulosos, con utilidades desproporcionadas, por 
apropiarse a precio de remate del patrimonio social de los 
argentinos. La figura más lúcida de la Alianza confundió, en su 
endulzada autocrítica, a un conservador inútil como Fernando de la 
Rúa con un moderado. Dos años después de su renuncia a la 
vicepresidencia, Carlos " Chacho" Alvarez continúa criticando las 
coimas que facilitaron la sanción de la infame ley laboral sin hacer 
ningún comentario crítico sobre lo fundamental, que era precisamente 
la ley. En esa visión meramente "moralista" de la historia, que omite 
lo central, la conformación de la sociedad extremadamente injusta que 
se gestaba, está una de las fragilidades permanente del "progresismo" 
de clase media. Sus dirigentes suelen tener una moderación timorata 
exasperante. Necesitados de "hacer buena letra" con los sectores del 
poder, son incapaces de realizar el viraje, que en forma conservadora 
y reaccionaria, realizó Menem en el justicialismo. La Alianza carecía 
de alguien que afrontara la decisión imprescindible de incumplir la 
promesa de mantener la convertibilidad para poder cumplir con todas 
las demás proposiciones. Pequeños, con la estatura política ajustada 
a las encuestas, mantuvieron la convertibilidad, que les 
imposibilitaba revertir una distribución de los ingresos cada vez más 
inequitativa, lo que los condujo a la debacle. Respondieron a un 
reclamo social que llevaba implícito el suicidio. La Alianza, en lo 
económico, es el menemismo en el crepúsculo de la convertibilidad. En 
lo social careció del apoyo que si tenía el menemismo de importantes 
sectores de menores recursos y de la confianza ilimitada de los 
sectores concentrados de la economía y de los acreedores externos. Y 
sin contar, en el campo del reformismo con la audacia de un "Menem" 
progresista, capaz de ir contra la tradición histórica, conservando 
sin escisiones importantes el capital partidario. 


TRES DÍAS DE DICIEMBRE

El corralito había sido la consecuencia de la fuga de capitales 
iniciada en marzo y que al 30 de noviembre llevaba acumulado una 
cifra de veintidós mil millones de dólares, equivalente al 84% de las 
exportaciones anuales máximas. El efecto sobre la clase media fue 
demoledor. El capitalismo pseudo primermundista no sólo despojaba del 
trabajo a los que se convertían en piqueteros, sino que expropiaba de 
sus ahorros a profesionales, amas de casa, artesanos, pequeños y 
medianos comerciantes. Los bancos, las catedrales modernas de credo 
liberal, se revelaban como unos aguantaderos de delincuentes 
protegidos por el gobierno y el Fondo Monetario. La ingenua ley de 
intangibilidad de los depósitos era tan inservible como el intento 
actual de sancionar una ley que proscriba al hambre. Una década se 
desmoronaba. El sueño que la magia de un empate monetario era la 
llave para ingresar al paraíso mostraba su verdadero rostro. Ni los 
alquimistas de la Edad Media, que convertían metales en oro habían 
llegado a tanto. El prestidigitador Domingo Felipe Cavallo había 
logrado que se llamara al Banco y se solicitara transformar los 
saldos de pesos en dólares, para que el milagro quedara ejecutado. 
Sin sonrojarse había considerado eterno el tipo de cambio que 
vinculaba el PBI de un país que falsamente totabilizaba trescientos 
mil millones de dólares con otro de diez billones de dólares. La 
incongruencia irritaba los ojos, pero el sueño era mucho más 
placentero que la realidad. Los celulares, los viajes al exterior, 
las góndolas repletas de productos del mundo, la importaciones 
ridículas, el libre tránsito de los capitales, los dólares de las 
exportaciones que quedaban en el exterior, tenían como contrapartida 
la desocupación, el arrasamiento del país, la exclusión, la 
concentración del ingreso, la pobreza, la indigencia, el hambre, el 
endeudamiento, los pueblos fantasmas, la desindustrialización, la 
desintegración familiar, los suicidios, el exilio económico. La 
confiscación de los depósitos era un espejo roto en que la clase 
media se miraba y encontraba no su imagen sino la de los piqueteros y 
cartoneros. La sociedad diseñada por el modelo de sustitución de 
importaciones tenía movilidad social ascendente. El neoliberalismo 
colonial le mostraba a la clase media su auténtico rostro de 
movilidad descendente. Ya no le podía dar siquiera, las sobras del 
festín de los ganadores, y se quedaba con los excedentes ahorrados. 
El delivery de las achuras era la contraprestación, el soborno, la 
coima, para que los triunfadores se llevaran el país. De pronto la 
historia se presentaba como era y no como se la habían imaginado. El 
destino de la clase media no estaba guardado en los bancos, ni 
garantizado por la convertibilidad, sino que eran estafados como los 
excluídos en general y los piqueteros en particular.

El martes 18 de diciembre habían empezado los saqueos en Moreno, El 
Palomar, San Martín, José C Paz, Tres de Febrero, Tigre. En 
Concepción del Uruguay se habían vaciado cuatro de los siete 
supermercados. El miércoles 19 los objetivos fueron el Supermercado 
Norte de José León Suárez y el hipermercado Auchan en la Tablada. En 
la Sucursal Coto de Ciudadela los empleados se atrincheraron para 
defender su fuente de trabajo ante el avance de los excluidos. En el 
Centro de Distribución de Monte Grande, cuatrocientas personas 
soportaban el asedio de mil personas que lo tenían cercados 
reclamando alimentos. La imagen de la desintegración de las últimas 
tres décadas tenía una síntesis perfecta: los de afuera pedían comer, 
los de adentro querían seguir comiendo. 

Los rumores invadían el país. Los servicios de inteligencia 
trabajaban a destajo. Presuntos avances sobre la capital, columnas 
que se dirigían a los country y barrios cerrados. A medida que los 
supermercados importantes eran protegidos por la fuerza de seguridad, 
los excluidos se dirigían hacia los pequeños. El chino Jian Shi y su 
inconsolable llanto ante su local arrasado, se mezclaba con escenas 
africanas donde miles de personas pujaban por llevarse los alimentos 
que los supermercadistas arrojaban en el suelo como rescate. No los 
sensibilizaba el hambre sino el miedo. Las escenas se repetían en 
Mendoza, en Rosario, en Entre Ríos. 

A las 23 y 50 del 19 de diciembre, cuando como consecuencia de los 
enfrentamientos ya había 120 heridos, el Presidente, preso de su 
ineptitud, de su círculo de inútiles y del discurso único que repetía 
como una letanía (presupuesto equilibrado, déficit cero) anunció la 
vigencia del estado de sitio. Con su voz monocorde, impenetrable a 
las emociones, pidió " a los compatriotas mantener la calma y a los 
medios de difusión contribuir para crear el clima de paz que el país 
necesitaba"

De todos los barrios de la capital surgió una orquesta de cacerolas 
que tomó las calles, interrumpió el tránsito, formo asambleas 
espontáneas, mientras miles y miles de personas se dirigían hacia el 
Congreso y la Plaza de Mayo. En las esquinas de las principales 
calles las fogatas iluminaban la bronca. Hombres y mujeres sin 
experiencia en protesta sociales comprobaban lo que en una 
manifestación pituca descubriría Jorge Luis "Una emoción colectiva 
puede no ser indigna". Estaban, sin saberlo, protagonizando un hecho 
histórico. Dejaban de ser un objeto de la historia para convertirse 
en sujetos.

El ex todopoderoso Ministro de Economía, al que esa semana el 
Congreso le había quitado los superpoderes otorgados en marzo, se 
encontraba rodeado en su departamento del piso 23 de la Avenida 
Libertador 2201. Esa misma noche De la Rúa lo despediría mientras le 
prometía su continuidad. Como una muestra de lo efímero del poder, el 
Ministro de Economía más poderoso de la historia argentina llamó a 
las tres de la mañana a Olivos para solicitar un avión para sacar su 
familia al exterior. Según cuenta Jorge Camarasa en su libro " Días 
de Furia", el telefonista de Olivos se había negado a pasar la 
llamada. 

El jueves 20 de diciembre la Plaza de Mayo y sus alrededores fue el 
escenario de una batalla campal que duró varias horas. La represión 
fue despiadada, y los muertos se acumulaban mientras caía el telón 
ensangrentado sobre un gobierno que se empezó a desmoronar antes de 
haber asumido. Su cuenta final comenzó con el corralito y cuando el 
justicialista Ramón Puerta se convirtió en virtual vicepresidente. 

A las 16 y 15 el Presidente pronunció su último discurso. Como 
exteriorización de la soledad de un gobierno vaciado no pudo emitirse 
por la cadena nacional por un conflicto de los técnicos del canal 7. 
En síntesis solicitaba el apoyo del justicialismo reunido en San Luis 
para continuar gobernando. En caso contrario presentaría la renuncia.

A las 19 y 56 del luctuoso 20 de diciembre, el helicóptero que había 
aterrizado sobre la terraza de la Casa de Gobierno, encima del Salón 
Blanco , levantaba vuelo. Fernando de la Rúa emprendía el recorrido 
aéreo que perpetuó la última imagen de Isabel secuestrada el 24 de 
marzo de 1976. Pero la fuga del radical tuvo ribetes bochornosos. Fue 
expulsado por la furia del electorado que lo había votado y al que 
defraudó con una solidez de la que carecía para gobernar. Era menos 
que un principiante, después de haberse preparado más de treinta 
cinco años para llegar a ser presidente. Le faltaba todo y no le 
sobraba nada. Carecía incluso de la honestidad que muchos le 
atribuían. Su gobierno fue penoso y su final oprobioso. Será 
recordado por la imposibilidad de recordarlo por algo positivo.

¿ UNA SOMBRA YA PRONTO SERÁS?

Los días siguientes fueron un tembladeral. Se sucedieron los 
presidentes, mientras pululaban las manifestaciones, las Asambleas 
Barriales y las reuniones masivas de asambleístas en el Parque 
Centenario. Los sucesivos gobiernos temían a los cacerolazos y a los 
escraches. Experiencias de democracia directa con intervención y 
resolución de problemas concretos se sucedieron alentadoramente. La 
consigna " Que se vayan todos" retumbó en las calles. Los 
legisladores más conocidos no podían caminar por los espacios 
públicos, los representantes en el Congreso tuvieron que vallar su 
lugar de trabajo y pedir la protección policial para no soportar la 
ira de sus presuntos representados. Los políticos debieron recluirse 
en la clandestinidad mediática. La Suprema Corte de Justicia, que 
convalidó todas las iniquidades fue cercada semanalmente. Pero todo 
ello se fue diluyendo con el transcurso del tiempo. Una serie de 
circunstancias concurrentes fue agostando su vitalidad. La 
imposibilidad de mantener la potencia de un asambleísmo permanente, 
el infantilismo de los grupos de izquierda que en lugar de ser los 
más consecuentes a partir de las necesidades y las prioridades de la 
gente los intentan adoctrinar a través de su discurso monolítico y 
sin fisuras, confundiendo permanentemente la bronca y los esbozos de 
rebelión con la proximidad de la Revolución y la toma del Palacio de 
Invierno. El levantamiento de una consigna maximalista " Que se vayan 
todos" que nunca puede alcanzar el nivel de propuesta factible. El 
cansancio entre las fuerzas desplegadas y los resultados obtenidos. 
Las roturas en el entramado del corralito, que provocó la deserción 
de los más utilitaristas. 

Todos ellos son explicaciones concurrentes pero parciales. Comparado 
con el 17 de octubre de 1945 y el 29 de mayo de 1969, los otros dos 
grandes acontecimientos populares del siglo XX hay algunas 
diferencias significativas.

El 17 de octubre lo protagonizó la nueva clase obrera surgida al 
calor de la industrialización en contra de la vieja Argentina 
oligárquica y en favor del Coronel Perón.

El Córdobazo fue la confluencia de los trabajadores de la Córdoba 
Industrial con la pequeña burguesía universitaria para terminar con 
la dictadura autocalificada como Revolución Argentina. Aunque no se 
hizo invocando a Perón, la confluencia de fuerzas encontraban el 
desemboque y la esperanzas en el exiliado y proscripto radicado en 
Madrid.

Las jornadas del 19 y 20 de diciembre se realizaron como confluencia 
entre los sectores despojados y pauperizados de la clase media que 
descubrieron tarde el autoengaño consentido y apoyado de Menem y de 
la Alianza y los sectores marginales y excluidos que hasta ese 
momento eran visualizados como los derrotados más o menos 
justificados del mercado. Se hizo contra todo el sistema político 
enriquecido y cómplice de la devastación del país, más allá de 
algunos manejos clientelísticos de la estructura del justicialismo 
bonaerense. Pero no había nada ni nadie que encarnara o pudiera 
recoger y propulsar la enorme energía social desplegada. 

¿ Una sombra muy pronto serán las jornadas del 19 y 20 de diciembre 
del 2001?. No hay hechos de semejante envergadura que no queden 
incorporados a la tradición histórica. Se han puesto semillas que 
están invernando a la espera de circunstancias históricas propicias. 
Los que autodescubrieron el valor de la presencia del pueblo en los 
espacios públicos, difícilmente olviden la potencialidad que la 
hermandad en la lucha provoca. Como dice Mario Benedetti " ....en la 
calle, codo a codo, somos mucho más que dos". Sin el clima propicio 
creado por las movilizaciones de diciembre hubiera sido complicado 
mantener la magnífica experiencia de las fábricas autogestionadas. 
Sin la toma de conciencia de diciembre los cartoneros hubieran sido 
sometidos a los rigores de los Macri y no contarían con la cobertura 
de simpatía y colaboración de sectores significativos de clase media. 
Sin el despertar de diciembre no se hubieran multiplicado las 
experiencias comunitarias que son parches solidarios ante un estado 
ausente y la devastadora inundación neoliberal. Sin las 
movilizaciones, los piqueteros hubieran quedado aislados de la clase 
media como sucedía hasta entonces. 

El 19 y 20 de diciembre es un hito significativo de una larga marcha. 
El de volver a ser dueños de un país vendido y rematado. De poder 
volver a darle trabajo, comida, educación, justicia, salud y vivienda 
al pueblo. De tener sueños y estar orgullosos de pertenecer a un país 
digno, integrante de una 
nación latinoaamericana. Como dice José María Pasquini Durán: " 
Cambiar el 
mundo no es tarea para impacientes o conformistas". El Talmud define 
las 
tareas con precisión: " Hay que incomodar a los cómodos y acomodar a 
los 
incómodos". Estoy convencido que como dice Octavio Paz: " Quién ha 
visto 
la esperanza, no la olvida, la busca bajo todos los cielos y en todas 
las 
gentes". Y si alguien cree que esto no es factible recordemos con 
José 
Nun: " Al Muro de Berlín lo tiraron abajo jóvenes alemanes que no 
sabían 
que era imposible tirarlo abajo" 

                                                                      
                                                    
                                     HUGO PRESMAN

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Gracias.


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Néstor Miguel Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar

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"Aquel que no está orgulloso de su origen no valdrá nunca 
nada porque empieza por depreciarse a sí mismo".
Pedro Albizu Campos, compatriota puertorriqueño de todos 
los latinoamericanos.
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