[R-P] Kyoto como instrumento de recolonización

Nestor Gorojovsky nestorgoro en fibertel.com.ar
Sab Ago 31 22:25:56 MDT 2002


Los 'micos' del Protocolo de Kyoto 

Aurelio Suárez Montoya


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Casi todas las personas relativamente informadas de la realidad 
contemporánea alegan la necesidad de que entre a operar el Protocolo 
de Kyoto, una especie de convenio mundial para reducir actividades 
humanas que "pueden eventualmente influir en la variabilidad natural 
del clima del planeta", las que, supuestamente, alteran los sistemas 
de temperatura y vientos y afectan el nivel del mar y los regímenes 
regionales de precipitación y evaporación. Esto tendría presumibles 
consecuencias negativas sobre la agricultura y la inundación de zonas 
habitadas por el hombre por su relación con efectos erosivos, la 
salinización y la preservación de algunas especies así como con el 
aumento de fenómenos externos como sequías y reducción de fuentes de 
agua dulce. Grupos de renombre como Greenpeace no cesan de reclamar 
para que, cuanto antes, dicho Protocolo se haga realidad. Ahora, 
cuando en Johannesburg se celebra una reunión mundial conmemorativa 
de la Cumbre de la Tierra, de Río de Janeiro en 1.992, el reclamo 
vuelve a escucharse. 

El interés del debate obliga a estudiar el documento y no son pocas 
las sorpresas que pueden llevarse al hacerlo. Aún partiendo de que 
fuera cierto el apocalíptico "cambio climático", que por ahora se 
sigue soportando en modelos incompletos e inconsistentes, el 
Protocolo incluye incontables disposiciones contra los países en 
desarrollo y en beneficio de los que llama industrializados. La 
primera es recoger el punto de partida impuesto en Río al definir el 
problema ambiental de responsabilidad global y con orígenes comunes e 
imponer políticas complementarias bien a países que son responsables 
del 33% de las emisiones de gases contaminantes, encabezados por el 
dióxido de carbono, como Norteamérica, bien a países que apenas lo 
son en un 3% como los de Latinoamérica en conjunto. Olvidando que las 
distintas realidades nacionales determinan diversos problemas 
ambientales como prioritarios, dispone que el "cambio climático" es 
el principal y adopta bajo esa lógica las agendas internacionales. 

Y no sólo eso. Precisa que para acometerlas a cabalidad es la 
economía de mercado, el neoliberalismo, el mecanismo más indicado. 
Ello significa desde el desmonte de aranceles para ramas consideradas 
como fuentes de contaminación: la producción tradicional de arroz o 
azúcar o de algunas industrias manufactureras nacionales hasta el 
cumplimiento de sus compromisos para los países que deben reducir 
emisiones de carbono y equivalentes en un 5%, según su escala en 
1990, entre 2008 y 2012, como el resultado de la resta entre los 
gases que siga emitiendo menos los que absorba mediante el desarrollo 
de sumideros en silvicultura o en acciones que usen tecnologías 
"limpias". Contempla en el artículo 10 que estas últimas las podrá 
adquirir en territorios que las practiquen y para ello crea el 
comercio de Derechos de Emisiones (o derecho a seguir contaminando). 
Ese comercio funcionaría, según expertos, en una Bolsa Internacional, 
como Wall Street; esto es, a nombre del "medio ambiente", el capital 
financiero encontraría otro medio de especulación. Por ejemplo, si el 
Banco Mundial financia en Indonesia un proyecto por 24 millones de 
dólares para energía solar, tal suma la podrá transar luego como 
Derecho de Emisión a una empresa gringa de la industria automotriz y 
con ello, acorde al cálculo de las unidades de gas carbónico dejadas 
de producir por el sistema "limpio", la empresa podrá contaminar. 

El círculo se cierra haciendo de los países pobres los objetos de 
esos sistemas "limpios", donde se crea el valor de los Derechos, a 
costa de usar tecnologías menos eficientes, menos desarrolladas pero 
muy "verdes" y ampliando así la brecha de progreso entre las 
naciones. No sobra decir que casi todas esas tecnologías se fabrican 
en Estados Unidos y Europa y, por ende, allí deben comprarse con lo 
cual el sistema de Kyoto les crea sus propios clientes. Ganan con 
cara y sello. Los más fuertes seguirán contaminando, como lo 
sostienen las predicciones de consumo de petróleo y combustibles 
fósiles para el año 2020, financian mecanismos de "desarrollo limpio" 
en las regiones pobres con lo cual crean simultáneamente los Derechos 
que les dan patente de corso en su actividad o les puede servir como 
medio de enriquecimiento al venderlos en las Bolsas de Valores y a 
mayor precio a quien requiera contaminar con urgencia, encontrando 
además en ese proceso compradores para sus técnicas "limpias". 

Finalmente, el Protocolo de Kyoto consagra que la supervisión, las 
metodologías de medición de gases, de valoración de los mencionados 
Derechos y demás instrumentos que instaura lo harán organismos 
supranacionales, por encima de los Estados de cada país, y, en el 
colmo de los colmos, permite que los compromisos adquiridos puedan 
cumplirse en conjunto por países que conformen organizaciones 
regionales de integración económica. Esto último quiere decir que los 
países de América Latina en el ALCA seríamos "socios" de Estados 
Unidos para "descontaminar", en una sociedad que funcionaría 
perfectamente según los designios perversos de Kyoto. A los que 
proclaman ese "modelo de desarrollo sostenible" debe advertirse que 
la globalización en materia ambiental tampoco escapa de la definición 
dada por John K. Galbraith: "Globalización es un término que 
nosotros, los americanos, inventamos para disimular nuestra política 
de avance económico en otros países y para tornar respetables los 
movimientos especulativos del capital" 

Publicado en La Tarde, Pereira Agosto 27 de 2002 


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Néstor Miguel Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar

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"Aquel que no está orgulloso de su origen no valdrá nunca 
nada porque empieza por depreciarse a sí mismo".
Pedro Albizu Campos, compatriota puertorriqueño de todos 
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