[R-P] DE GRINGOS Y COLONIAS

Domingo Schiavoni domingoschiavoni en arnet.com.ar
Vie Ago 30 18:48:27 MDT 2002


            Es una nochecita fría en Santiago del Estero. No dan ganas de
salir de la casa, ni ver las noticias, ni escribir correos: sólo disfrutar
el inusual sosiego del clima, que es como un bálsamo bendito para los
últimos vientos norte de agosto, que han traído tierra y polvo, irritación y
tensiones, calor y sequía insoportables, sensaciones cuasi apocalípticas y
una leve memoria anticipada de la destrucción planetaria.
            Entonces abro un Cabernet Sauvignon, herencia duradera de los
lejanos tiempos de bonanza, que dormía bien acostado en su secreta guarida
de algarrobo en un trinchante viejo, lo descorcho con un ruido casi obsceno
para la mala suerte de los prójimos, y pongo un viejo disco de pasta en el
centro musical.
Desde el socavón profundo de los baffles comienza a fluir la voz grave y
melodiosa de Eduardo Falú y su guitarra holandesa de 1970 y la poesía
luminosa de don Jaime Dávalos. Me paro en dos o tres temas y los escucho
varias veces, hasta que me invade la nostalgia y me dan ganas de escribir.
Me siento en la máquina y la memoria me abruma, pero me anima el torrente
rojo oscuro del tinto que ha comenzado a invadirme despaciosamente, con su
carga de serenidad y de húmeda melancolía. En estos momentos suena
"Tabacalera" y me acuerdo de ese enorme periodista y poeta salteño que fue
don César Perdiguero, que un día, hace una punta de años, supo decirme que
los intelectuales se dividían en dos grupos: los que estudiaban y se leían
todo, que tenían grandes bibliotecas y eran entrevistados en los diarios, y
los que creaban repentinos en la macha insomne de los bodegones. Los
primeros, me dijo, son científicos del saber. Los segundos sólo tienen
intuición.
Escucho de nuevo los temas, me quieren salir por los dedos. Siempre se ha
dicho con justicia que nadie le cantó al litoral argentino mejor que los
salteños, que pese a tener los dos ríos más bravos del país(el Bermejo y el
Pilcomayo), siempre cultivaron amoríos incestuosos con el Paraná legendario
y misterioso.
En las canciones se cuenta de gringos y colonias. Pero no del gringaje
invasor que se robó los quebrachales santiagueños y esquilmó nuestros
recursos naturales. Tampoco de la colonia angloportuaria, que se recicla
cada cincuenta años con la rapiña de novedosos perdularios. Hablan de la
colonia de los gringos laboriosos, que sumados al criollo fundaron la Patria
hace ya más de un siglo echando las bases de la Nación que somos y que nadie
podrá destruir.
Esos gringos venidos de la Europa oriental y asentados en Chaco y Santa Fe
no tenían nada que ver con los gringos de las multinacionales que vienen en
la sentina ignominiosa de los aviones del imperio. Desparramaron trigales y
convirtieron el bosque en praderías anchurosas. Fundaron la riqueza de la
Patria y fueron argentinos hasta la muerte y aún después de ella. Asumieron
el pasado del incario y le curaron la indolencia a los nativos, ya casi
resignados a la esclavitud y al exterminio.
Esas colonias nada tenían que ver con la extranjería. Eran los asentamientos
primigenios de la Patria voluptuosa de trigos y de vacas, que otros -en el
puerto de Buenos Aires- se encargaron de convertir en regalías ignominiosas
a cambio de un progreso industrial ilusorio, que nunca construyeron.
Dicen, por ejemplo, el poeta y el cantor:


CANTO A ROSARIO

"Yo te saludo capital de los cereales,
que te levantas junto al río Paraná,
sos el baluarte de las razas industriales
que aquí vinieron a fundar la libertad.

Miras el alba metalúrgica del río,
color de espuma que en su fuente mineral
trae diluida en la sangre y el rocío
horizonte movedizo en la memoria del mar

Rosa crispada, siderúrgica y obrera,
donde amanece la conciencia del país,
llevan tus barcos en su entraña la pradera
y la sonrisa proletaria del maíz.

Toma esta espiga que te ofrece el canto mío
y vuelca al viento milenario tu canción,
que si me duele tu costero pobrerío
tanto cantarle a tu río siento verde el corazón".

            Esa noción elemental de pertenencia no la dictó la sabiduría
sino la intuición, que como dice Husserl es la forma superior de la
inteligencia. Por eso mismo no podía ignorar Jaime el rol fundacional de los
criollos de principios de siglo, de los campesinos que todavía no
constituían la clase proletaria rural. Gringos y criollos juntos, dice el
folklore, iniciaron la "acumulación primaria", muy lejos todavía de la
estructura de clases:


LLANURA SANTAFESINA

"Vengo del norte lindo
a la llanura santafesina,
donde -cereal y sueño-
se hundió en el surco
la sangre gringa.

La luna sobre el río
alucinadas marinerías
inventó para el gringo
que en estas tierras
se enterraría.

De cosecha en cosecha
adonde vaya busco mi clima,
porque como el bracero
yo tengo el alma de golondrina".


            Porque hubo entonces Patria, hubo Nación. Y hubo sueños y hubo
ilusiones. Y también noción de la Patria Grande, de la que soñaron San
Martín, Bolívar, Güemes y Artigas, de la emancipación pendiente, de la misma
identidad sudamericana. Y también propuestas revolucionarias, cuando no
había partidos políticos y la metralla de los sicarios o la vesanía de los
desaparecedores mataba la flor de la esperanza y nos quitaba amigos y
hermanos jóvenes, en la plenitud de su rebeldía.
            No era necesario militar en un partido para ver lo que pasaba
entonces y para rescatar la memoria de lo que algún día llegará,
inexorablemente. Jaime lo veía, desde su venero curtido en tomadas
memorables, sin leer a Marx pero sintiendo la verdad desde su corazón de
poeta inveterado. El maestro Eduardo lo compartía y le ponía música de
marcha, como incitando a la victoria, que algún día será nuestra.


CANTO AL SUEÑO AMERICANO

"Despierta juventud americana,
realiza la unidad continental,
rompiendo las fronteras provincianas,
herencias del pasado colonial.

Adelante amanece sobre el mundo
y en la conciencia de la humanidad,
huésped de este planeta vagabundo,
que Dios tan sólo sabe adonde va.

Antes que el sol deslumbre en tu ventana
el lucero te ofrecerá una flor,
sobre la frente azul de la mañana
lumbrera religiosa del amor

Adelante juventud como la espiga,
agrario símbolo de solidaridad,
no olvides que la sangre nos religa
a los que mueren por la libertad.

Canta y que el sueño americano
vibre en el yunque de un solo corazón,
que el día que los pueblos sean libres,
la política será una canción".

            El Cabernet Sauvignon ya es un envase descartable. La música
sigue sonando pero yo ya estoy blandito, como espuma de mar. Cuando sueñe
esta noche, la memoria me avivará el seso entumecido. Y volveré a creer,
como ahora, sin necesidad de leer, ni ver, ni escuchar las noticias.
            "La palabra es un arma cargada de poesía", leí por ahí. ¡Vaya si
era cierto!

MINGO.






Más información sobre la lista de distribución Reconquista-Popular