[R-P] La muerte lenta : un castigo minucioso- Edward W. Said (parte 2 de 2)

Nelson Bergamasco elllamador en 550m.com
Mar Ago 13 13:45:59 MDT 2002


Pero, volviendo a las prácticas israelíes y la mentalidad que tan
obstinadamente ha atenazado al país durante los últimos años, pensemos en el
plan de Sharon. Implica nada menos que la aniquilación de todo un pueblo
mediante métodos lentos y sistemáticos que consiguen asfixiar, asesinar y
sofocar la vida cotidiana. Un elemento intrínseco es la implacable
expropiación de la tierra palestina mediante los asentamientos, las zonas
militares y la ocupación de pueblos y ciudades: de acuerdo con el proceso de
Oslo, Israel cedió sólo el 18% de Cisjordania y el 60% de Gaza, dos zonas
que ya ha vuelto a ocupar y separar muchas veces. Kafka tiene un notable
relato, La colonia penal, sobre un funcionario enloquecido que muestra una
máquina de tortura fantásticamente detallada cuyo objetivo es escribir sobre
el cuerpo de la víctima unas letras diminutas con una compleja combinación
de agujas que acaban provocando que el preso muera desangrado.
Eso es lo que Sharon y sus entusiastas brigadas de verdugos están haciendo
con los palestinos, y sólo encuentran una oposición muy limitada y
simbólica. Cada palestino se ha convertido en un preso. Gaza está rodeada
por tres lados de una alambrada electrificada y sus habitantes, encerrados
como animales, no pueden moverse, no pueden trabajar, no pueden vender sus
frutas y verduras, no pueden ir a la escuela. Están expuestos a las
incursiones aéreas de los aviones y helicópteros israelíes y, por tierra, a
los tanques y ametralladoras, que les disparan como a conejos. Gaza, pobre y
hambrienta, es una pesadilla humana, en la que miles de soldados participan
en la humillación, el castigo y el debilitamiento intolerable de todo
palestino, sin tener en cuenta su edad, sexo o salud. El material médico se
retiene en la frontera. A las ambulancias se las dispara o detiene. Cientos
de casas son demolidas, cientos de miles de árboles, talados, grandes
parcelas de terreno agrícola, destruidas en sistemáticos actos de castigo
colectivo contra unos civiles que, en su mayor parte, son refugiados de la
destrucción de su sociedad por Israel en 1948. La esperanza ha desaparecido
del vocabulario palestino, sólo queda el puro desafío. Y, aun así, Sharon y
sus sádicos siervos siguen hablando de erradicar el terrorismo mediante una
ocupación progresiva que dura ya 35 años. Que, como toda brutalidad
colonial, esa campaña sea inútil y sólo consiga que que los palestinos sean
más desafiantes, y no menos, es algo en lo que Sharon, con su cerrazón, no
piensa.
Cisjordania está ocupada por mil carros de combate israelíes cuyo único
objetivo es disparar y aterrorizar a civiles. Los toques de queda duran
hasta dos semanas seguidas. Las escuelas y universidades están cerradas o
son inaccesibles. No se puede viajar, no sólo entre las nueve ciudades
principales, sino dentro de cada ciudad. Los pueblos son páramos de
edificios destruidos, oficinas saqueadas, redes eléctricas y conducciones de
agua deliberadamente dañadas. El comercio está acabado. La desnutrición
afecta a la mitad de los niños. Dos tercios de la población viven por debajo
del umbral de pobreza de dos dólares diarios. En Yenín (donde no se
investigó la destrucción del campo de refugiados por los tanques israelíes,
un grave crimen de guerra, porque los burócratas internacionales como Kofi
Annan retroceden cobardes ante las amenazas israelíes), los tanques disparan
y matan a los niños, pero ello no es más que una gota en una corriente
interminable de muertes de civiles causadas por unos soldados que prestan
leal servicio a la ilegal ocupación militar de Israel. Todos los palestinos
son 'presuntos terroristas'.
El alma de esta ocupación es la plena libertad en que se deja a los jóvenes
reclutas israelíes para que sometan a los palestinos a todas las formas
conocidas de tortura y humillación en los controles. Esperas al sol durante
horas; detención de los suministros médicos y los productos frescos hasta
que se pudren; insultos y palizas a placer; jeeps que arrollan
repentinamente a los miles de civiles que hacen cola en esos innumerables
controles que han hecho de la vida palestina un infierno asfixiante; órdenes
que obligan a docenas de jóvenes a permanecer de rodillas al sol durante
horas, que fuerzan a los hombres a quitarse la ropa; insultos y humillación
de los padres ante sus hijos; prohibición de que pasen los enfermos sin otro
motivo que el puro capricho. Y el número de muertes palestinas (el cuádruple
que las israelíes) aumenta a diario, aunque no se contabilicen. Más
'presuntos terroristas', junto a sus mujeres y sus hijos, pero, eso sí,
'nosotros' lamentamos muchísimo esas muertes. Gracias.
Se dice que Israel es una democracia. Si lo es, es una democracia sin
conciencia, con el alma presa de la obsesión de castigar al débil, fiel
reflejo de la mentalidad psicópata de su gobernante, el general Sharon, cuya
única idea -si es que se puede llamar así- es matar, reducir, mutilar y
expulsar a los palestinos hasta que 'se rindan'. Nunca ha mencionado otro
objetivo más concreto para sus campañas, y, como el locuaz funcionario del
relato de Kafka, se muestra orgulloso de su máquina de maltratar a los
palestinos indefensos, mientras los filósofos y generales de su corte y el
coro de fieles servidores estadounidenses le ofrecen, con sus grotescas
mentiras, un mostruoso apoyo. Palestina no tiene un Ejército de ocupación,
ni carros de combate, ni soldados, ni helicópteros ni artillería, ni un
Gobierno propiamente dicho. Pero ahí están los 'terroristas' y la
'violencia', inventados por Israel para inscribir sus propias neurosis en
los cuerpos de los palestinos, sin que la gran mayoría de los decepcionantes
filósofos, intelectuales, artistas y pacifistas israelíes proteste. Hace
meses que las escuelas, bibliotecas y universidades palestinas dejaron de
funcionar, todavía estamos esperando a que los ruidosos defensores de la
libertad de expresión y la libertad de cátedra de EE UU y Occidente alcen
sus voces para protestar. Todavía no he visto una sola organización
universitaria de Israel u Occidente que se haya pronunciado sobre esta
terrible derogación del derecho de los palestinos a saber, aprender y
asistir a la escuela.
En resumen, los palestinos tienen que sufrir una muerte lenta para que
Israel pueda disponer de su seguridad, que está a la vuelta de la esquina,
pero no puede hacerse realidad por la especial 'inseguridad' israelí. Todo
el mundo tiene que entender esto mientras que los gritos de los palestinos,
los huérfanos, las ancianas enfermas, las comunidades atormentadas y los
presos torturados ni se oyen ni se tienen en cuenta. Es evidente, nos dirán,
que el objetivo de tales horrores no es la mera crueldad sádica, y que
'ambos bandos' están envueltos en un 'ciclo de violencia' que es preciso
detener en algún momento y en algún lugar. De vez en cuando deberíamos
pararnos y declarar, indignados, que sólo existe un bando con un ejército y
un país; que el otro es una población desposeída y sin Estado, sin derechos
ni modo de garantizarlos por ahora. El lenguaje del sufrimiento de la vida
cotidiana está secuestrado o se ha pervertido de tal forma que sólo sirve
para emplearlo como pura ficción que oculta el propósito de que haya más
muertes y torturas, de una forma lenta, minuciosa e inexorable. Ésa es la
realidad del sufrimiento palestino. A pesar de todo, y en cualquier caso, la
política israelí acabará por fracasar.
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