[R-P] No se puede separar al Proceso de la democracia colonial que lo siguió
Gorojovsky
Gorojovsky en arnet.com.ar
Vie Abr 5 05:25:33 MST 2002
En el artículo de Buela sobre la actual situación argentina
merece particular atención -por lo que implica en un
autor que tiene cierto bien ganado prestigio entre los
nacionales- la hipótesis según la cual "La restauración
democrática del 83 transformó la política de
arquitectónica de la sociedad en busca del bien común
general de sus miembros, en un negocio mercantil propio de
la república de los abogados que se instauró hasta el
presente" y que si bien "nadie en su sano juicio y con
alguna información histórica puede justificar la Dictadura
militar del 76 al 83, ... atribuirle todos los males que
padecemos hoy es una falsedad."
Dicho de otro modo: hasta 1983 la política era una
"arquitectónica del bien común". Es curioso, pero a mí me
parecía más bien que a partir de 1975 el bien común
era el menos común de los bienes en la Argentina. Buela
intenta exculpar al Proceso de su mayor responsabilidad
(y en el fondo está polemizando con el último -y esencial-
punto de la carta de Rodolfo Walsh a la Junta de
Comandantes): la de haber bastardeado -con saña colorada,
dicho sea de paso- las armas de la Nación en garante
armado del sometimiento colonial de la Argentina.
En apoyo de esa hipótesis, Buela arguye que "es una
falsedad porque hoy no existe ninguna situación en la
sociedad argentina heredada de la dictadura".
¡A la miércoles, no será por falta de audacia que Buela
deje de escribir! Sigue: "Se nos dirá que con Martínez de
Hoz comenzó a desmantelarse el aparato productivo
argentino, tuvimos veinte años de "república de abogados"
y no se hizo nada en contrario para revertir la situación,
sino que más bien se la agudizó porque Alfonsín, Menem, de
la Rúa y ahora Duhalde continúan con la misma política
económica neoliberal que inaugurara la Dictadura."
En efecto, eso es lo que se le dirá, al menos es parte de lo
que yo le diría. Salva hecha la mención de la "república de
abogados", que en realidad fue la "formalidad democrática
de los economistas antinacionales".
Y esto no es un tema menor. Porque Buela argumenta
que no hay continuidad desde el Proceso dado que "hoy
no existe ningún dirigente que provenga y/o sostenga los
postulados de la Dictadura militar. Todos nuestros dirigentes
son por principio democráticos y progresistas así nuestros obispos,
sindicalistas, políticos, empresarios se desgañitan en
loas a la democracia a pesar que con esta democracia desde
1983 " vivimos como la mona, comemos cada vez menos y nos
robaron la educación"".
O sea: hasta el 83 se vivía más o menos bien, el verdadero
desastre empezó con Alfonsín. Esto es, además de erróneo
(basta con ir a las estadísticas oficiales para echar por
tierra con esta aseveración) sumamente reaccionario y
peligroso para el campo nacional. Es muy llamativo, en efecto,
el silencio de Buela con respecto a los sucesivos ocupantes
de la que, desde 1976 hasta hoy, ha sido la verdadera casa de
Gobierno de la Argentina: el ministerio de Economía. La argumentación
de que "todos se dicen "democráticos"" y por lo tanto "ninguno tiene nada
que ver con el Proceso" se derrumba ante esta simple
constatación. No se trata de convicciones personales,
estimado compañero Buela, sino de continuidades objetivas
y estructurales. Todo cambió después del 83, salvo la política
económica. Y fue así porque se cambió todo para que nada cambiara.
El intento de Buela de culpar a "los políticos" y "los
abogados" (especie esta última poco apta para congregar
simpatías, es cierto...) dejando al Proceso afuera de toda
responsabilidad es simétrico y especular al intento del
establishment y de la "izquierda" de culpar a los
militares del Proceso por todo lo que ocurre en la
Argentina. Y cumple la misma función, si se me permite.
Seguramente no en la intención de Buela, pero sí en la
política concreta y real, de carne y hueso.
En efecto, los grandes excluidos de la atribución de culpas
de la "izquierda" argentina son los civiles que constituyeron
el verdadero ejército de ocupación durante el Proceso. Y no
estoy haciendo una metáfora: acaban de cumplirse veinte años
de la guerra de las Malvinas. Mientras que los militares
argentinos pelearon cuando tuvieron que hacerlo, mal o bien
(desde el punto de vista estratégico más mal que bien, desde
el punto de vista de la entrega cotidiana, en la mayoría de
los casos con un heroísmo óptimo que esta república colonial
no ha querido reconocer), los civiles servían silenciosamente
al Imperio (y a veces, hasta se iban de boca).
Doy como ejemplo solamente uno, el de un nombre
paradigmático, que recientemente llegó a la atención pública
debido a una suave pateadura que recibió mientras paseaba por
sus feudos de la City: Roberto Tedodoro Alemann. Este sujeto
despreciable, que mantuvo inmensa influencia antes y después
del Proceso, pagaba los intereses de la deuda externa a
Inglaterra haciendo una triangulación a través de Suiza,
mientras nuestros soldados caían abatidos por la metralla y
los misiles del inglés. No me cabe la menor duda de que
Margarita "Colmillo sangriento" Thatcher supo que la guerra
estaba ganada -pese a las prudentes observaciones de sus
propios altos mandos- cuando percibió que "nuestro muchacho"
permanecía en su puesto en la Argentina.
Y esto es lo que Buela olvida -porque en modo alguno puedo pensar
que lo encubre- en su encendida acta de acusación a los políticos
"democráticos". El verdadero crimen de estos "demócratas", en
realidad, es un crimen de lesa democracia. Al aceptar como cosa
actuada la herencia del Proceso, modificaron leve pero sustancialmente
la definición de democracia. Según alguien que de estas cosas sabía,
Abraham Lincoln, la democracia es "el gobierno del pueblo, por el pueblo,
y para el pueblo". En un país oprimido como la Argentina, las categorías de
"pueblo" y "nación" se superponen casi perfectamente. Como el republicanismo
colonial que padecemos coincide con el Proceso en _no_
gobernar _para el pueblo_, es decir "para la Nación", lo único que tenemos
es un "gobierno del pueblo, por el pueblo, y para OTRO pueblo".
Lo único que cambia en la ecuación son las dos primeras partes, que hablan de
los métodos. Se mantiene la última, que es la que realmente interesa porque
habla de los fines. El Proceso impuso a la Argentina una condición colonial que
se mantiene en el período de republicanismo formal (y, lo concedo, Buela,
abogaderil) iniciado en 1983. De la dictadura terrorista pasamos a la
democracia terrorista, porque esta democracia vivía bajo el terror: el terror a
la híper, el terror a la restauración militar, el terror al FMI. Es una
"democracia" de eunucos, tal como militares eunucos fueron los que usaron las
armas que el pueblo puso en sus manos para hacer de nuestro país una colonia.
No hay que dejar de lado la democracia. Al contrario, hay que conquistarla
todavía. Tenemos que pasar de una democracia colonial a una democracia de
liberación nacional. Y allí es donde se dará la reconciliación de militares
patriotas y civiles patriotas contra los militares cipayos y civiles cipayos.
Liberación o dependencia, hoy más que nunca, estimado Buela.
El Proceso duró desde el 24 de marzo de 1976 (podríamos incluir a Rodrigo en el
preludio, pero dejemos que esas cosas queden para los historiadores) hasta el
19 y 20 de diciembre de 2001. El día que un Presidente fue aplaudido en el
Parlamento por lanzar la investigación de la legitimidad de la Deuda Externa,
el Proceso murió. Ahora, con Remes y las estúpidas vacilaciones de Duhalde,
quieren revivirlo. No sé si lo lograrán. Sí sé que argumentaciones como la de
Buela sirven solamente para alejar del campo nacional a la pequeña burguesía
democrática que confluyó con muchos trabajadores (y objetivamente con los
desocupados y hambrientos) en las jornadas del 19 y 20.
Impulsar esa división es debilitar al campo nacional. Debilitar al campo
nacional es fortalecer al Proceso y sus continuadores.
Néstor Miguel Gorojovsky
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Compañeros del exercito de los Andes.
...La guerra se la tenemos de hacer del modo que podamos:
sino tenemos dinero, carne y un pedazo de tabaco no nos
tiene de faltar: cuando se acaben los vestuarios, nos
vestiremos con la bayetilla que nos trabajen nuestras mugeres,
y sino andaremos en pelota como nuestros paisanos los indios:
seamos libres, y lo demás no importa nada...
Jose de San Martín, 27 de julio de 1819.
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