[R-P] (Reenvío del moderador) Malvinas Uno de Tres

Julio Fernández Baraibar julfb en alternativagratis.com.ar
Mar Abr 2 23:51:37 MST 2002


Estimado compañero Betas:
Lamentablemente no coincido en absoluto con el artículo enviado a la
lista.

Desde el título, el artículo se ubica en el ridículo lugar de quienes
vieron en Malvinas tan sólo un modo de la dictadura militar de entonces
para salvar la ropa. Esta es la base y el núcleo del pensamiento
desmalvinizador. Significa no haber comprendido en absoluto el carácter
y la naturaleza de esa guerra, más allá del carácter y la naturaleza del
gobierno que la realizaba. Y es exactamente eso lo que el pueblo
argentino comprendió de inmediato al apoyar con coraje y decisión la
reconquista militar de nuestras islas, sin dar un ápice de confianza al
gobierno que mientras guerreaba con el Reino Unido mantenía como
ministro de Economía al hoy pateado en la calle Roberto Aleman,
representante del capital financiero suizo.
No queda claro, en las palabras del compañero Betas, de qué lado está. Y
esto lo digo con toda crudeza y sinceridad.
Dice el compañero Betas:

>  Hay una visión de la historia que plantea algo mas o menos así: los
> hechos hay que analizarlos en el contexto en el que ocurrieron, no se
puede
> analizar con la visión actual lo que ocurrió hace años.

Esto es elemental. Cualquier "ucronía" en ese sentido sólo dará al
observador la satisfacción narcisista de apreciar cuán civilizado es y
qué lejos se encuentra de ese tipo de gente brutal y sanguinaria que
abundaba en el pasado. No se trata de analizar el pasado con los
paradigmas del presente ni justificar el pasado con los paradigmas de
las clases dominantes del pasado, sino que el objetivo del observador de
la historia debe ser analizar la historia, el pasado, con las
perspectiva de las clases que en ese pasado podían representar la llave
del futuro. Esto, por supuesto, es mucho más complicado, propone
complejidades morales mayores y, en general, amilana al buen pensar de
cada época. Pero, lamentablemente, es así.

> Hay que analizar el
> pensamiento de la época. Este tipo de análisis a veces -aún sin
quererlo- ayudo
> a muchos para justificar alguna de las atrocidades que ocurrieron en
la
> historia. De esta manera no se puede criticar la esclavitud o la
conquista de
> territorios indígenas porque era lo normal, era parte de la
cosmovisión natural
> que en ese momento tenia parte de la humanidad.

Creo no se puede criticar la esclavitud desde el punto de vista de un
estudiante de filosofía y letras del siglo XXI. Quiero decir, se puede,
pero no sirve para nada más que para discursos moralizantes que nada
tienen que ver con un abordaje más o menos científico de ese pasado.
Creo que el mejor ejemplo en ese sentido lo dio ni más ni menos que
Abraham Lincoln, el hombre que con su acción política más esclavos debe
haber liberado en la historia de la humanidad, cuando puso el eje de la
sangrienta guerra que sus conciudadanos deberían llevar adelante, no en
justas e inútiles argumentaciones sobre la inmoralidad de la esclavitud,
sino en la unidad política y territorial de su país. Con esto quería
decir que, si era preciso aceptar la esclavitud para mantener la Unión
nacional, él, un declarado antiesclavista, estaba dispuesto a
aceptarla -aún cuando supiera que esto era concretamente imposible,
porque el modo de producción de los estados del norte chocaba
estructuralmente con la institución económica  de la esclavitud.

En ese sentido, el pensamiento liberal-colonial es el ejemplo
arquetípico de este modo de ver el pasado, o el presente, en sociedades
o fragmentos de sociedades que, de alguna manera, expresan el pasado o
relaciones que en nuestro paradigma se encuentran en el pasado. No sé si
me explico.  Cuando los sionistas, por ejemplo, argumentan a favor de
Israel diciendo que es una sociedad democrática, moderna, con libertad
de prensa, con división de poderes, etc, etc, mientras que el mundo
árabe es despótico, monárquico, sin libertades públicas, atrasado, sin
independencia del poder judicial, sin parlamento, etc, etc, (y doy este
ejemplo porque me ha tocado discutir en estos días con un amigo
justamente sobre esto), en primer lugar mienten -vean la libertad de
prensa de Ramallah- y en segundo lugar hacen justamente lo que el
compañero Betas considera que hay que hacer para no "justificar algunas
de las atrocidades que ocurrieron en la historia".  Es decir se niegan a
analizar EN CONCRETO a la sociedad israelí y a la sociedad palestina o
árabe, para presentar el paradigma de su propia sociedad dominante como
el único válido para analizar y valorizar no sólo su propia sociedad
sino toda la historia humana.

Muy otra debe ser, por el contrario, la actitud de quien se acerca a la
historia con la finalidad de comprender de qué manera el pasado influye
y determina los acontecimientos del presente.

> Aún cuando este tipo de
> análisis sigan adelante, no puede dejarse de estudiar cuales fueron la
opinión de
> distintos sectores de la sociedad que analizamos, y no solamente ver
el
> pensamiento hegemónico. De esta manera descubriremos, por ejemplo, que
en la
> supuesta cuna de la "democracia" como lo fue la Grecia antigua, la
esclavitud
> no era "algo normal y común" como muchos textos e historiadores nos
quieren hacer
> creer y que las rebeliones y posteriores matanzas de esclavos que se
levantaban
> contra el orden establecido han sido muchas y muy masivas.

Aquí está justamente el error que creo haber puntualizado más arriba. La
esclavitud era en Grecia "algo normal y común" para los ciudadanos
griegos, una pequeña minoría de propietarios que vivían del trabajo
ajeno. Lo que las rebeliones y matanzas posteriores rebelan es que había
otras clases y otros hombres y mujeres que veían esa realidad con la
perspectiva que les daba el ser esclavos, es decir su inserción
específica, su papel, en esa sociedad. Discutir y analizar la esclavitud
en Grecia o Roma desde la perspectiva de la Declaración de los Derechos
del Hombre de las Naciones Unidas es un ejercicio vano, narcisista e
irracional.

> Este tipo de análisis
> de la historia es el que nos plantea que "todos" estaban de acuerdo
con la
> guerra de Malvinas o, peor aún, no había nadie que este en contra. Mas
allá de
> estar a favor o en contra, lo concreto es que hubieron voces que se
levantaron
> contra la guerra y que denunciaban la necesidad de los militares de
seguir en
> el
> poder, voces que analizaban el papel pro-imperialista de los sectores
> dominantes
> a lo largo de la historia del país y porque era imposible una
verdadera lucha
> anti-imperialista en el planteo de la dictadura militar.

Quien haya dicho que "todos" estaban de acuerdo con la guerra de Malvina
ha mentido. Lo que hemos sostenido quienes hemos defendido el carácter
esencialmente patríótico y legítimo de esa guerra es que el núcleo más
profundo y orgánico del pueblo argentino estuvo a favor de la misma, la
sostuvo política, económica, moral y personalmente. Y que quienes
estaban en contra de ella reflejaban, o bien, los puntos de vista del
Reino Unido y los EE.UU., o bien eran la expresión del derrotismo
pequeño burgués, democratista, liberal y antilatinoamericano que veían
en la guerra y sobre todo en un posible triunfo argentino, el inicio de
un proceso de liberación nacional con un pueblo insuflado de ardor y
conciencia patrióticos. Alfonsín fue la expresión arquetípica de este
último punto de vista, con su propuesta defeitista y ridícula de llevar
a la presidencia a la momia antiperonista de Illia.

Pero es en el siguiente párrafo donde veo que la confusión del amigo
Betas es aún mayor:

> (...)  También reconocer y reivindicar a los compañeros que en ese
momento
> se
> jugaban la vida no sólo en contra de la dictadura, sino que plantearon
cosas en
> una situación en que muchos de los que hoy critican al gobierno
militar en ese
> momento han tenido una ambivalente posición o -peor aún- han apoyado,
en nombre
> de un nacionalismo que nunca tuvieron ni sintieron, la iniciativa de
una
> dictadura que no sólo ha hecho las atrocidades por todos conocidas.

Muchos de nosotros, pero voy a hablar por mí mismo, no tuvimos una
posición ambivalente. Yo vivía en Estocolmo, Suecia y lo que escribí
sobre estos días apareció en un libro del Centro Editor llamado La
Argentina Exiliada, que paso a citar:

"No puedo negar que en los primeros tiempos se me cruzó por la cabeza la
idea de no volver nunca más. Creo que en algún momento a todos los que
estuvimos afuera, la Argentina se nos presentaba como un paraíso
inexorablemente perdido. Esta sensación desapareció completamente el 2
de abril de 1982. Recuerdo que la colonia argentina en Estocolmo había
organizado una manifestación ante la embajada argentina en protesta por
la represión a la movilización popular en Plaza de Mayo el 30 de marzo.
Cuando los diarios suecos aparecen con titulares catástrofe anunciando
la recuperación militar de las islas, un grupo de amigos -Jorge
Grondona, Luis Monsalve, María Isabel Santamaría, María Inés Walter,
Jorge Ocampo, entre otros- nos conectamos con los organizadores de la
marcha y les sugerimos transformarla en un acto de repudio a la
piratería británica y de reafirmación de nuestros derechos sobre las
Malvinas. Lamentablemente no fuimos lo suficientemente convincentes y
sólo logramos que la columna manifestase primero ante la embajada
argentino y luego ante la inglesa. A partir del 2 de abril nuestra
pertenencia a Argentina y a América Latina se convirtió en, quizás, la
primera experiencia de lucha en el exilio. De pronto veíamos que la
opinión pública exrpesada por los grandes diarios e incluso por las
autoridades, que hasta el día antes se había solidarizado con nuestros
reclamos, se tornaba hostil. Fueron inútiles nuestras visitas as las
distintas redacciones tratando de explicar la legitimidad de la posición
argentina. También lo fueron nuestras entrevistas con distintos
dirigentes, tanto del focialismo socialdemócrata como de la oposición.
Olof Palme -el primer ministro- y Pierre Schori -hombre fuerte de la
cancillería- escucharon sonrientes nuestras argumentaciones y con
coridialidad y firmeza trataron de explicarnos que todo no era más que
el sueño ebrio de un dictador de tierras calientes. Cuando la flota
británica iba en camino de Puerto Argentino, organizamos una
manifestación ante la embajada inglesa en Estocolmo, frente a la cual
quemamos una Union Jack adornada con el tradicional símbolo de la
piratería. El matutino socialdemócrata no vaciló en titular en primera
página "La manifestación más pequeña del año". Efectivamente habíamos
logrado reunir a 19 patriotas que así expresaron su repudio a la
ocupación colonial y se sentimiento nacional.

"En estas jornadas se hizo evidente para mí que poco era lo que los
latinoamericanos y los argentinos teníamos para hacer en el Norte.
Lástima y conmiseración despertaríamos siempre y cuando expusiésemos
nuestras llagas, nuestros muertos, nuestras miserias. Pero ni bien, por
las vías más inesperadas, nos poníamos de pie y tomábamos lo que era
nuestro, la piedad se convertía en indiferencia, sino en abierta
hostilidad. Tengo como satisfacción personal el haber logrado convencer
de la legitimidad de nuestra causa a dos ciudadanos británicos,
compañeros de trabajo, con quienes discutí durante largas noches
boreales la información de la prensa inglesa. La derrota de Puerto
Argentino tuvo como resultado la decisión de regresar a la Argentina.

"Regresé por primera vez el 9 de julio de 1982. Fue una experiencia
relativamente traumática. En primer lugar yo venía con el espíritu
inflamado por las jornadas malvineras. Y encontré un Buenos Aires más
derrotado aún que el que había dejado en 1977. Charlie García cantaba
"No bombardeen Buenos Aires" y la mayoría de los amigos estaba
convencida de haber sido engañada por Galtieri. Mi entusiasmo, mi
convicción sobre que la experiencia de Malvinas tendría consecuencias
incalculables sobre nuestro desarrollo político, sonaba como una
carcajada en un velatorio".

Yo apoyé abierta y decididamente a mí país en la Guerra de Malvinas. Me
presenté a la Embajada Argentina en Estocolmo y les exigí apoyo para
poder expresar en Suecia los puntos de vista de los argentinos exilados
que sosteníamos la guerra y nos diferenciabamos del gobierno que nos
había expulsado del país, pero que enfrentaba, en ese momento, al
enemigo estratégico de nuestro país. Le pedimos plata al embajador para
publicar una solicitada con NUESTRA visión de la guerra y le explicamos
que éramos justamente nosotros quienes mejor podíamos presentar ante la
opinión pública sueca la legitimidad y progresividad objetiva de la
recuperación de Malvinas ya que ellos, el gobierno militar y su
embajador, estaban totalmente desprestigiados y lo único que lograrían
sería un apriete por izquierda, mientras por derecha el gobierno
socialdemócrata se solidarizaba con la ultraconservadora Thatcher. La
sorpresa del embajador fue mayúscula. Sinceramente no sabía que hacer.
Recuerdo que empecé a pedir una máquina de escribir para redactar un
comunicado de los residentes para llevar a los diarios, y luego
fotocopias y sobres. Para él era una situación insólita. Hasta ese
momento la embajada era tan sólo el objeto del repudio y la protesta de
la colonia argentina en Estocolmo. Sabía que estaba conversando con
enemigos políticos públicos y declarados, pero sabía también que, dadas
las circunstancias, no podía negarnos nada de lo que le estábamos
pidiendo, aún cuando nuestra visión de la guerra no coincidiese
exactamente con la de él.

Y sé que muchos compañeros, sobre todo de la Izquierda Nacional,
adoptaron, según sus circunstancias, una posición similar. Porque esa
guerra, compañero Betas, fue legítima, justa y se pudo haber ganado. El
hecho de haberla perdido no puede oscurecer esta afirmación.

Ya entrando en el documento en cuestión, que les recuerdo se llama:

> UN DOCUMENTO ESCRITO EL 11 DE JUNIO DE 1982

> Malvinas o Cómo quisieron amordazar la rebelión del 30 de marzo de
1982

Que es como decir, cómo quisieron apagar un incendio y casi generan una
tercera guerra mundial.
¿No se da cuenta, compañero, que algo tan trascendental como una guerra
de recuperación territorial supera toda visión subjetiva de quien la
impulsa? ¿No se da cuenta, compañero, que el enfrentamiento con el
imperialismo anglosajón adquiere una dinámica propia e independiente de
las posibles mezquindades e infamias de sus gestores. Analizar la guerra
de Malvinas a partir tan sólo de la contradicción generada con las
jornadas del 30 de marzo es como tratar de estudiar la importancia de la
vaca en la economía argentina a partir de su parentesco con el camello.
Es cierto, la vaca y el camello forman parte de la familia de los
rumiantes, pero no es eso lo que la ha convertido durante más de un
siglo en el símbolo mismo de nuestra prosperidad oligárquica.

Y el autor lo reitera en el texto:

>  No obstante, proseguía, impuesta de tal situación,  la
> cúpula militar habría decidido, en caso de que las condiciones
internas así lo
> requieran, jugar una carta espectacular: LA OCUPACION MILITAR DE LAS
ISLAS
> MALVINAS. Los hechos vividos entre el 30 de marzo y el 4 de abril no
hacen sino
> confirmar lo que hoy, para la totalidad de los dirigentes políticos y
gremiales
> parece ser un dato soslayable de la realidad: el carácter especulativo
de la
> ocupación militar de las Islas Malvinas: Un hecho destinado a jugar un
papel
> diversionista para descomprimir las tensiones sociales y retomar la
iniciativa
> política frente a una oposición en la que el propio gobierno, después
que la
> represión descontrolada del día 30 de Marzo, había empujado a tener
que asumir
> posiciones más radicales.

Hasta aquí el parentesco de la vaca con el camello. Y sigue a
continuación una larga enumeración sobre este tópico que abrevio pero
que los compañeros pueden leer en el envío a la lista.

> Basta una rápida mirada sobre cuál era la realidad
> social entre medios y fines de marzo para aventar cualquier duda sobre
este
> repentino reverdecer patriótico de los militares.

(...)

Y sigue el autor:

> Después del 2 de Abril
>
> Lo cierto es que la ocupación militar de las Islas Malvinas ha operado
una
> serie de cambios en la realidad interna y externa de nuestra Nación,
que de
> ninguna manera debemos dejar de ponderar en su justa medida. El
carácter más o
> menos transitorio de estos cambios, como así también su profundidad y
> extensión,
> dependerá en gran medida de la evolución de los acontecimientos a
partir de la
> decisión de los británicos de enviar una flota de guerra.  Es decir,
del punto
> hasta el que sean capaces de llegar los imperialistas ingleses frente
al hecho
> consumado por los militares argentinos. Es de prever, no obstante, que
los
> esfuerzos yanquis se concentraran en tratar de evitar una
conflagración a gran
> escala entre los dos gobiernos que han brindado claras pruebas de su
> subordinación a Washington. Para ello es muy probable que se trate de
presionar
> al gobierno argentino para que este acepte un acuerdo que, sin alterar
la raíz
> de la situación preexistente, tienda a disimular el carácter
anacrónico que se
> deriva a esta altura del siglo de  una situación de carácter netamente
> colonial.

Bla, bla, bla... Pero sobre la Guerra en sí mismo ¿qué? ¿Con quién está?
¿Reivindica o no la recuperación militar de Malvinas? Más alla de
analizar y analizar, mientras en las islas se pelea, qué hacemos en
Buenos Aires. ¿Queremos ganar o queremos que ganen los ingleses?
¿Tenemos que temer que si Argentina gana la guerra se eterniza la
dictadura militar y por lo tanto creer que si ganan los ingleses los
militares derrotados nos darán la ansiada democracia? ¿O si Argentina
derrota al Reino Unido en el campo de batalla se abre una perspectiva
inédita para nuestra liberación nacional, transformando por sí misma la
naturaleza social y política de la dictadura militar oligárquica?
Sobre estos temas el autor no tiene la menor preocupación. El se eleva
por encima de todas estas simplistas preocupaciones de cualquier
ciudadano que ame a su patria y a su bandera para remontarse a las
sesudas consideraciones tácticas.

> De ahí que es previsible que formulas tales como pleno respeto a los
intereses
> económicos británicos, administración compartida y otras por el
estilo, sean en
> este momento materia de negociación. Esto no descarta, de ninguna
manera,
> acciones punitivas por parte de los ingleses para ablandar la posición
del
> gobierno argentino y, de paso, desahogar la situación  del gobierno
conservador
> de Margaret Thatcher.

Fíjense la frialdad objetiva de su análisis. "Acciones punitivas por
parte de los ingleses para ablandar la posición del gobierno argentino".
Pero ¿de qué está hablando? ¿De la Guerra de Crimea? Las llamadas
acciones punitivas por parte de los ingleses significaban la muerte de
nuestros soldados, la posibilidad de bombardeos sobre poblaciones
civiles, el hundimiento del Belgrano fuera de la zona de exclusión. El
autor es absolutamente impasible a todo esto. No esta hablando de su
país.

Pero no. No es impasibilidad. Lean con atención el siguiente párrafo:

>  A partir de la votación en el Consejo de Seguridad de
> las Naciones Unidas esta realidad se ha manifestado de modo
incontrastable y ha
> determinado que, contra la voluntad y los cálculos del propio partido
militar,
> el desarrollo del conflicto fuera decantando posiciones hasta reubicar
a
> nuestro país en el lugar que por su situación objetiva nunca debió
dejar de ocupar: el
> de las naciones dependientes, neocoloniales.

"Nunca debió dejar de ocupar" dice el impávido observador. La pregunta a
esta altura es si verdaderamente su autor es argentino o noruego. ¿No ve
acaso la contradicción que surge entre lo que la cúpula militar creía
ser y lo que el imperio tenía para ellos? ¿Y no entiende que es del seno
de esa contradicción que se abría la posibilidad de una apertura
patriótica en unas fuerzas armadas que hasta entonces habían sido
bombardeadas ideológicamente por el imperialismo, la guerra contra el
comunismo y demás estupideces?

El autor, a lo largo de su artículo, así como de su actualización
posterior, cuando la guerra ya está lanzada, no se propone actuar en el
marco de esta profunda contradicción, para ampliarla y generar un cauce
para ese ejército enfrentado a los límites de su propia ceguera
ideológica, sino que, desde afuera proclama el carácter invencible de la
conducción obrera revolucionaria sobre el movimiento nacional, lo cual
es mucho más fácil, ya que el papel en blanco acepta casi cualquier
cosa. Pero el problema es que, como la construcción de esa conducción
proletaria sobre el frente nacional revolucionario se demora, entre
otras cosas por el carácter meramente declarativo que tiene, nos
resignamos a que los ingleses nos pasen por encima. Total, es cosa de
los milicos y no nuestra. Ya sabemos que: "La liberación nacional y
social de nuestra patria - que no comenzó ni terminará con el conflicto
de la Malvinas (agregado mío: pero ocurre que en ese momento estábamos
en el medio de una guerra, a la que el autor llama conflicto) - sólo
podrá ser desarrollada hasta sus últimas consecuencias bajo la hegemonía
de la clase obrera y de los amplios sectores del pueblo". Y sabiendo
esto para qué preocuparme por participar en una guerra contra el Reino
Unido.

Esta fue la típica literatura, que sonaba roja y tenía un eco amarillo y
derrotista, con la que se DESMALVINIZO este país. Por supuesto no se lo
podía hacer tan sólo desde la derecha. No alcanzaban los editoriales de
La Nación o los artículos de Marcos Aguinis. Era necesario tener
instrumentos retóricos de izquierda y si se llamaban a sí mismo
peronistas mejor aún, para que no quedara nadie dispuesto a gritar: "No
nos hemos rendido, Volveremos a Malvinas".

Compañero Betas, no tome ninguna de estas palabras como una cuestión
personal. He aprovechado su envío para abrir esta discusión que creo
imprescindible. Agotar la discusión sobre Malvinas es una de las tareas
pendientes que tenemos con las nuevas generaciones militantes. Nos va en
ello las escasas posibilidades de un futuro digno que aún tenemos.

Un abrazo

Julio Fernández Baraibar
julfb en sinectis.com.ar








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