[R-P] (Reenvío del moderador) Malvinas Uno de Tres
Gorojovsky
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Mar Abr 2 17:29:40 MST 2002
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Subject: Malvinas Uno de Tres
Date sent: Tue, 2 Apr 2002 13:41:51 -0300
Querida Gente
En un día tan especial para los argentinos y en este tiempo tan especial que
vivimos las argentinas y argentinos quiero compartir con ustedes un trabajo que
me acercó el compañero Manuel Molina sobre Malvinas, que se publicó hace veinte
años.
No es muy largo pero por una cuestión de comodidad prefiero fragmentarlo en
tres
envios, incluyendo en el presente, una introducción que intenta explicar por
qué
vale la pena volver sobre este material, dos décadas después y la primer parte
propiamente dicha de este texto.
Espero que lo podamos disfrutar, debatir y enriquecer juntos.
Un fuerte abrazo
Eduardo Betas
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UN DOCUMENTO ESCRITO EL 11 DE JUNIO DE 1982
Malvinas o Cómo quisieron amordazar la rebelión del 30 de marzo de 1982
INTRODUCCION
¿Cómo presentar un trabajo que se ha hecho hace 20 años? ¿Qué decir hoy?
¿Cómo pensar lo que sucedió? ¿Cómo recordar todo lo que ocurrió luego? Hay
muchas versiones, muchas visiones e interpretaciones acerca de lo que
sucedió en la guerra de las Malvinas, pero una cosa es seguro: la sociedad
argentina sigue teniendo una deuda tan grande por lo que ha pasado que hoy, a
20
años de lo que ocurrido, el tema sigue siendo tabú en muchos sectores de la
sociedad. Hay una visión de la historia que plantea algo mas o menos así: los
hechos hay que analizarlos en el contexto en el que ocurrieron, no se puede
analizar con la visión actual lo que ocurrió hace años. Hay que analizar el
pensamiento de la época. Este tipo de análisis a veces –aún sin quererlo- ayudo
a muchos para justificar alguna de las atrocidades que ocurrieron en la
historia. De esta manera no se puede criticar la esclavitud o la conquista de
territorios indígenas porque era lo normal, era parte de la cosmovisión natural
que en ese momento tenia parte de la humanidad. Aún cuando este tipo de
análisis
sigan adelante, no puede dejarse de estudiar cuales fueron la opinión de
distintos sectores de la sociedad que analizamos, y no solamente ver el
pensamiento hegemónico. De esta manera descubriremos, por ejemplo, que en la
supuesta cuna de la “democracia” como lo fue la Grecia antigua, la esclavitud
no
era “algo normal y común” como muchos textos e historiadores nos quieren hacer
creer y que las rebeliones y posteriores matanzas de esclavos que se levantaban
contra el orden establecido han sido muchas y muy masivas. Este tipo de
análisis
de la historia es el que nos plantea que “todos” estaban de acuerdo con la
guerra de Malvinas o, peor aún, no había nadie que este en contra. Mas allá de
estar a favor o en contra, lo concreto es que hubieron voces que se levantaron
contra la guerra y que denunciaban la necesidad de los militares de seguir en
el
poder, voces que analizaban el papel pro-imperialista de los sectores
dominantes
a lo largo de la historia del país y porque era imposible una verdadera lucha
anti-imperialista en el planteo de la dictadura militar. El trabajo que acá les
presentamos es un trabajo realizado en los días en que se desarrollaba la
guerra, es un análisis acerca del rol de las clases dominantes, los partidos
políticos, el sindicalismo y otros sectores alrededor de la guerra de Malvinas.
Veinte años después de lo que ocurrió gran parte de la sociedad ha olvidado lo
ocurrido y muchos jóvenes que nacieron en esos años no saben y tampoco estudian
en los colegios lo ocurrido en la historia contemporánea de nuestro país. La
idea de volver a publicar este trabajo corresponde a la necesidad de volver a
discutir el papel del imperialismo en nuestra sociedad, recuperar parte de la
mejor tradición de nuestro pueblo en su lucha antiimperialista que tanto se ha
ocultado. También reconocer y reivindicar a los compañeros que en ese momento
se
jugaban la vida no sólo en contra de la dictadura, sino que plantearon cosas en
una situación en que muchos de los que hoy critican al gobierno militar en ese
momento han tenido una ambivalente posición o –peor aún- han apoyado, en nombre
de un nacionalismo que nunca tuvieron ni sintieron, la iniciativa de una
dictadura que no sólo ha hecho las atrocidades por todos conocidas. La
dictadura
que vivimostambién ha sido un gobierno proimperialista, un gobierno que ayudo y
promovió la formación de militares de distintos países latinoamericanos que
luchaban contra los movimientos de liberación, un gobierno que ha sido el
iniciador de un proceso económico que es el que hoy padecemos y sufrimos, que
ha
dejado miles y miles de víctimas en todos estos años, miles de niños muertos
por
desnutrición, por enfermedades fácilmente curables, miles de personas sin
trabajos dignos, sin viviendas, sin la mínima atención médica o sanitaria,
miles
de analfabetos y semi analfabetos, de jóvenes que se juegan la vida por unos
pesos y que sin lugar a dudas no tienen opción dentro de la sociedad actual. La
sociedad en la que hoy vivimos es la resultante de un proceso que se inicio con
el comienzo de la dictadura, por eso queremos desempolvar este trabajo, volver
a
darle vida, llevarlo a los lugares que cada uno tenga ganas, difundirlo por
todos los medios posibles y mostrar que siempre en los peores momentos de la
historia, en cuanto la noche parece eterna hay compañeros que denuncian lo que
ocurre, pelean contra el orden, plantean la necesidad de construir otro tipo de
sociedad y ofrecen una pequeña luz en tanta oscuridad. Para finalizar queremos
plantear que la lucha antiimperialista hoy está tan presente como en el año
1982
porque todos los días nos enteramos de las cosas que ocurre en los países del
tercer mundo, de las presiones e injerencias militares, económicas y culturales
que quieren imponer a nuestros pueblos. Y este contexto es donde vemos que la
lucha por construir una nueva realidad para nuestro pueblo es una lucha contra
la hegemonía mundial, contra el imperialismo norteamericano y contra todos
aquellos que utilizan la supuesta globalización para imponer normas únicas en
todos los rincones del planeta.
* * *
UN DOCUMENTO ESCRITO EL 11 DE JUNIO DE 1982
Malvinas o Cómo quisieron amordazar la rebelión del 30 de marzo de 1982
Hace 5 meses, cuando a su regreso de Washington, Galtieri ponía fin al turno de
Viola, el diario La Prensa –tradicional portavoz de los círculos más
reaccionarios y antiobreros- saludaba alborozado la liquidación de la crisis en
el frente militar con la reanimación de la política de los poderosos grupos
económicos y financieros ligados a las multinacionales y a la banca
imperialista
yanqui. Con lo que se daba por concluida el intento de Viola de revisar algunos
aspectos de la subordinación incondicional a los mismos, alentando la
perspectiva del mercado Común Europeo. En aquella oportunidad el columnista
Jesús Iglesias Rouco comentaba en un articulo publicado en noviembre de 1981
que
frente a las previsibles dificultades que debería afrontar el “proceso”, a
partir de reafirmar con el nombramiento de Aleman la política económica de
Martínez de Hoz, el general Galtieri quedaba con muy estrecho margen de
maniobra
como para impedir que continuara profundizándose el deterioro y el aislamiento
político del gobierno. No obstante, proseguía, impuesta de tal situación, la
cúpula militar habría decidido, en caso de que las condiciones internas así lo
requieran, jugar una carta espectacular: LA OCUPACION MILITAR DE LAS ISLAS
MALVINAS. Los hechos vividos entre el 30 de marzo y el 4 de abril no hacen sino
confirmar lo que hoy, para la totalidad de los dirigentes políticos y gremiales
parece ser un dato soslayable de la realidad: el carácter especulativo de la
ocupación militar de las Islas Malvinas: Un hecho destinado a jugar un papel
diversionista para descomprimir las tensiones sociales y retomar la iniciativa
política frente a una oposición en la que el propio gobierno, después que la
represión descontrolada del día 30 de Marzo, había empujado a tener que asumir
posiciones más radicales. Basta una rápida mirada sobre cuál era la realidad
social entre medios y fines de marzo para aventar cualquier duda sobre este
repentino reverdecer patriótico de los militares. 1) El anuncio del
congelamiento de sueldos a los estatales 2) La resonante oposición que desató
luego el paliativo de abonar en cuotas el aguinaldo a lo que se sumó luego el
rechazo por parte de los gremios estatales de la limosna del 10%, que encima se
pagaría a costa de un nuevo impuesto que castigaba al pequeño ahorrista. 3) El
anuncio del plan de lucha de los estatales bonaerenses para el comienzo de
abril
4) El rotundo fracaso de la tentativa de comprometer a la CNT-20 a firmar una
tregua social de seis meses 5) Los 3.000 despidos de la planta Ford de Pacheco,
que según cálculos del SMATA produciría un coletazo de unos 8 mil desocupados
6) El anuncio del cierre de la planta SEVEL de Berazategui 7) El fracaso de las
conversaciones sostenidas entre Lorenzo Miguel y jefes militares, para acordar
el levantamiento de la movilización del 30 de marzo 8) La derrota política que
significó para el Gobierno la despiadada represión al acto de la CGT que, entre
otras cosas – hasta que llegó el salvavidas de las Malvinas – había amenazado
con hacer naufragar en Mendoza la gobernación de los aliados políticos más
importantes del régimen militar, lo cual hubiese significado un golpe difícil
de
asimilar en la construcción del andamiaje partidista con que la dictadura
militar pretende mimetizarse. Sin embargo, las implicancias políticas de la
movilización del día 30, iban mucho más allá todavía. En primer lugar, la
represión a simples trabajadores e incluso a ocasionales espectadores,
patentizada en imágenes que colmaron las páginas de los diarios de todo el
país,
desnudaba aún más claramente la verdadera naturaleza de este gobierno. En
segundo lugar, los elementos del movimiento obrero (CGT-CNT20) proclives a
pactar con el Gobierno, quedaban descolocados y sin argumentos, con lo cual se
abría el cauce a una profundización y extensión de la lucha. En tercer lugar,
la
multipartidaria, por gravitación misma de los hechos, quedaba a remolque de la
CGT. En cuarto lugar, el clima de tensión e indignación que la represión se
había encargado de multiplicar por miles a lo largo y a lo ancho del país,
creaba las condiciones para explosiones descontroladas que, ante el predecible
deceso de los heridos de bala en estado de coma (uno de ello fallecido el 5 de
abril) podían precipitarse en lo inmediato. Por último, aún descontando el
carácter especulativo y oportunista que la caracterizan, tenemos la declaración
de un paro nacional sin fecha por parte de la CNT-20, al día siguiente de la
movilización cegetista.
Después del 2 de Abril
Lo cierto es que la ocupación militar de las Islas Malvinas ha operado una
serie de cambios en la realidad interna y externa de nuestra Nación, que de
ninguna manera debemos dejar de ponderar en su justa medida. El carácter más o
menos transitorio de estos cambios, como así también su profundidad y
extensión,
dependerá en gran medida de la evolución de los acontecimientos a partir de la
decisión de los británicos de enviar una flota de guerra. Es decir, del punto
hasta el que sean capaces de llegar los imperialistas ingleses frente al hecho
consumado por los militares argentinos. Es de prever, no obstante, que los
esfuerzos yanquis se concentraran en tratar de evitar una conflagración a gran
escala entre los dos gobiernos que han brindado claras pruebas de su
subordinación a Washington. Para ello es muy probable que se trate de presionar
al gobierno argentino para que este acepte un acuerdo que, sin alterar la raíz
de la situación preexistente, tienda a disimular el carácter anacrónico que se
deriva a esta altura del siglo de una situación de carácter netamente
colonial.
De ahí que es previsible que formulas tales como pleno respeto a los intereses
económicos británicos, administración compartida y otras por el estilo, sean en
este momento materia de negociación. Esto no descarta, de ninguna manera,
acciones punitivas por parte de los ingleses para ablandar la posición del
gobierno argentino y, de paso, desahogar la situación del gobierno conservador
de Margaret Thatcher. Por otra parte, no podemos dejar de tener presente que,
contrariamente a lo que se esfuerzan por hacernos creer los representantes del
poder, no se trata en realidad de una mediación entre dos aliados en conflicto,
sino de la negociación entre dos potencias imperialistas( Inglaterra y Estados
Unidos ) con intereses políticos, económicos y militares compartidos, frente a
una nación dependiente. A partir de la votación en el Consejo de Seguridad de
las Naciones Unidas esta realidad se ha manifestado de modo incontrastable y ha
determinado que, contra la voluntad y los cálculos del propio partido militar,
el desarrollo del conflicto fuera decantando posiciones hasta reubicar a
nuestro
país en el lugar que por su situación objetiva nunca debió dejar de ocupar: el
de las naciones dependientes, neocoloniales. La solidaridad entre los
imperialistas, patentizada entre otras cosas en las sanciones impuestas a
nuestro país por la Comunidad Económica Europea, en el empleo de satélites
espías y en la ayuda militar de los Estados Unidos, ha sido un duro golpe para
la dictadura militar que a lo largo de estos últimos seis años intentó
infructuosamente socavar el sentimiento de la conciencia imperialista del
pueblo
argentino. Precisamente, uno de los objetivos del canciller Nicanor Costa
Méndez, preconizado insistentemente durante su actividad periodística desde las
columnas de las revistas Mercado y Carta Política, consistió en la separación
de
Argentina del foro de Países No Alineados, organización a la que nuestro país
se
integró en 1974 durante la presidencia del general Perón. El apoyo económico y
militar brindado por el gobierno de Galtieri a la Junta Militar salvadoreña,
como así también el entrenamiento de paramilitares somocistas por parte de
oficiales argentinos para iniciarlos en acciones de sabotaje dispuestas por el
pentágono contra el pueblo y gobierno de Nicaragua (Estado miembro de los No
Alineados) revelan hasta qué punto se había comprometido la junta militar en su
política de alinearse detrás de Estados Unidos, rompiendo sus lazos con los
países No Alineados. Sabido es, por otra parte, que los últimos enviados del
Pentágono y del gobierno yanqui portaban en este sentido instrucciones muy
precisas:
1) Mayor compromiso militar de la Argentina en Centroamérica
2) Retiro de los No Alineados
3) Drástica disminución del intercambio comercial con la Unión Soviética
Sin embargo, contra lo que el partido militar esperaba como retribución por
los
servicios prestados dentro y fuera del país, los yanquis han respondido de la
única manera en que saben hacerlo, como reales imperialistas. Las
características de la mediación y la propuesta de establecer un gobierno
tripartito del que formen parte los yanquis, revelan con absoluta claridad la
verdadera naturaleza del imperialismo, lo que en principio se quiso mostrar
(¡¡¡y se aceptó!!!) como una desinteresada mediación, resulto ser en la
práctica
un descarado intento de reparto del botín. Ahora también se explica la decisión
de los imperialistas británicos de enviar una dotación naval de la OTAN, lo
cual
hubiese sido imposible sin la anuencia de los yanquis. Se trata de forzar al
gobierno militar, bajo el fuego de los cañones, a aceptar una solución que deje
intactos los intereses imperialistas y así impedir, además, que esto repercuta
como una nueva victoria del anticolonialismo del progreso, sentando un
precedente peligroso para otras situaciones coloniales que aún persisten en el
Tercer Mundo y que, como en el caso de Puerto Rico y de Guantánamo, están en
juego directamente los intereses de Estados Unidos. Una visión superficial del
conflicto haría visualizar como un contrasentido esto último. Es decir, que un
gobierno como el del partido militar, que a lo largo de seis años se aplicó
sistemáticamente a tratar de destruir al movimiento nacional - y especialmente
a
quienes dentro de él encarnaban las vertientes antiimperialistas - asuma hoy
una
posición que implica el cuestionamiento de la política imperialista y concite
el
apoyo del conjunto de las naciones socialistas, antiimperialistas y del Tercer
Mundo. Sin embargo, en lo que se refiere a naciones como Nicaragua, Cuba o las
que forman parte del campo socialista fuera de América, contrariamente a lo que
la reacción interna pretende mostrar como un simple juego de oportunismos, ese
apoyo se basa en una realidad que trascendió, muy evidentemente a esta altura,
las motivaciones originales de los estrategas del partido militar: 1) El
movimiento anticolonialista jugó un papel fundamental en el vuelco de la
correlación de fuerzas a nivel mundial, al dejar desprovistas a las naciones
colonialistas de los recursos económicos y humanos - fuerza de trabajo- que
explotaban de las colonias. 2) Esto acrecienta las contradicciones internas del
imperialismo y, en el ámbito de nuestro país, debilita las posiciones de los
sectores pro-yanquis que ya no ocultan su recelo frente al cariz que están
tomando los acontecimientos. (La Prensa, 14-4-82 ¡...Así, no sólo es necesario
que nos abstengamos de invitar a la URSS a participar; debemos también rechazar
abierta y firmemente cualquier clase de ayuda suya. De otra forma, nuestro
destino será, justamente, el del Egipto de Nasser.” La Prensa, 15-4-82: “El
Centro de Cultura Cívica...alerta con honda preocupación sobre el peligro que
significa para el futuro de la república, las adhesiones y eventual apoyo de
los países del Bloque Comunista”). Seguramente éste, además de los cañones
ingleses, será el principal elemento con que Estados Unidos presionará a los
militares argentinos para obligarlos a capitular. Sin embargo, la posición del
gobierno militar a esta altura no es nada fácil. Con el evidente propósito de
desahogar su situación de aislamiento y de deterioro en el plano interno
arrebató una de las banderas del movimiento nacional; por otra parte la única
que podían tomar sin que se viera cuestionada la naturaleza pro imperialista y,
en consecuencia, antiobrera de su política. “Y, acto seguido, apoderarse de las
Malvinas. Un acto de heroica locura que les devolvería antes sus camaradas
susceptibles la consideración perdida por la mutilación de los islotes y ante
la
opinión popular un apoyo que jamás tuvieron y, dificultosamente podrían haber
conseguido de una guerra contra Chile” (Editorial de “Línea” de marzo de 1981).
Así asistimos a la paradoja de que el mismo gobierno que el 30 de marzo
acordonó
con tropas de choque la Plaza de Mayo, para impedir al pueblo expresar su
repudio a su política antinacional y antipopular, convocaba una semana después
a
ese mismo pueblo para que manifestara su apoyo al gobierno por la recuperación
de las Malvinas. La respuesta de los trabajadores y de los sectores de clase
media más proletarizados es demostrativa del fracaso del operativo masivo de
blanqueo de conciencia con que la dictadura, a través de su acción represiva,
de
la censura y del manejo de los medios de comunicación masiva, ha intentado
minar
aquello que constituye el sedimento histórico de la tenaz resistencia a la
dominación imperialista – llámese inglesa o yanqui- de generaciones y
generaciones de argentinos: el arraigado sentimiento antiimperialista de
nuestro
pueblo; sentimiento que hoy, como no podría ser de otra manera, se conjuga con
un antimiliritarismo que, en la práctica, se manifiesta en una desconfianza
intuitiva que cuanto de ello pueda provenir. Esto explica el hecho de que en
pleno desarrollo de la campaña de exacerbación chauvinista, orquestada a través
de la radio y la televisión; mientras la oposición se apretujaba para pasar por
el angosto puente que el partido militar le tendía, con los dirigentes
sindicales a la cabezas; sin que se hubiere escuchado ni una sola voz
disonante,
ni un solo alerta ni de aquellos que supuestamente, por su posición ideológica,
estaban obligados a hacerlo; los trabajadores y un inmenso sector de la clase
media observaban cómo, el mismo gobierno que el día 30 reprimía violentamente
una expresión del movimiento nacional, dos días después enarbolaba una bandera
que, en manos de la gran burguesía liberal – acérrima defensora de los
intereses
británicos hasta la preguerra y de los yanquis después – constituye una
irreverente impostura histórica. El matiz de los alegatos anticolonialistas de
un rancio exponente de los círculos liberales y oligárquicos, principales
aliados de los intereses extranjeros, como es Nicanor Costa Méndez; ni el
repentino viraje de quienes han hecho ( en el ´55, en el ’66 y en el ´76) de la
entrega del patrimonio nacional y de la explotación de nuestro pueblo, en
complicidad con los imperialistas, el principal sustento de cuanto gobierno de
facto se turnó en el poder; ni las invocaciones a la unidad y al olvido de una
posición vacilante, más temerosa de las masas populares de la dictadura,
alcanzan para borrar de la conciencia del pueblo el verdadero carácter y
naturaleza de esta dictadura militar. De ahí que ni aún arrebatando una bandera
que, el yrigoyenismo primero y el peronismo luego, convirtieron en una
entrañable reivindicación popular, el gobierno militar haya logrado empujar a
las masas obreras detrás de los arrebatos belicistas (antes lo habían intentado
con el Beagle) con que pretenden revertir su imagen ante el pueblo. Aún en el
acto del 10 de Abril, que la prensa adicta intentó mostrar como un acto de
apoyo
a los militares, el pueblo demostró qué lejos están los expertos en acción
psicológica del partido militar de lograr, de un día para el otro, licuar su
memoria y su conciencia; la rechifla a Galtieri en el momento en que se refirió
a sí mismo como un representante de los argentinos resulta incontrastable.
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Néstor Miguel Gorojovsky
gorojovsky en arnet.com.ar
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Compañeros del exercito de los Andes.
...La guerra se la tenemos de hacer del modo que podamos:
sino tenemos dinero, carne y un pedazo de tabaco no nos
tiene de faltar: cuando se acaben los vestuarios, nos
vestiremos con la bayetilla que nos trabajen nuestras mugeres,
y sino andaremos en pelota como nuestros paisanos los indios:
seamos libres, y lo demás no importa nada...
Jose de San Martín, 27 de julio de 1819.
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