[Marxism] [Spanish] Argentinean intellectual answers Paul Kennedy

Néstor Gorojovsky nmgoro at gmail.com
Wed Feb 27 07:08:36 MST 2008


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[Una respuesta a Paul Kennedy]

¿Quiénes están fuera del paraguas?

Por ENRIQUE LACOLLA

Paul Kennedy condena a los que se benefician pasivamente del esfuerzo
de EE.UU. por establecer la paz; pero nada dice de aquellos para
quienes esa "paz" significa la guerra.

El Imperio cuenta con personeros encaramados en un discurso mediático
carente de escrúpulos y de elegancia, como, por ejemplo, George W.
Bush, quien enuncia las mentiras más monumentales –"llevamos la
democracia a Irak", "estamos reconstruyendo el Medio Oriente"– con una
impavidez absoluta y en la persuasión de que se dirige a un público
convencido de antemano o a oyentes no menos cínicos que él y que
juegan el juego. Pero el Imperio también dispone de sus intelectuales
de punta, que en estilo más refinado y con argumentos en apariencia
más sólidos, exponen la misma mentira con un rigor lógico
inapelable..., a menos que se entienda que esa lógica se funda en una
interpretación parcial, cuando no falsa de la realidad, basada a su
vez en presunciones que dan por sentado algo que nunca se ha
demostrado.

Uno de estos brillantes exponentes es el notable historiador Paul
Kennedy, autor de varios libros muy atractivos y sólidos, de quien
podría pensarse que por su formación debería estar en buena posición
para comprender las cosas, incluso apelando tan sólo a sus propias
demostraciones sobre el auge y la caída de las grandes potencias.

En una interesante nota, de alguna manera impregnada de velada
amenaza, publicada en este diario el lunes 18 de febrero y titulada
"¿Quién se esconde debajo del paraguas?", Kennedy despotrica contra
los beneficiarios de lo que da a entender es la generosa
predisposición estadounidense para preservar una pax americana que ha
consentido a los países de un vasto arco geográfico prosperar y
enriquecerse sin costo físico y militar alguno. La esencia de la
argumentación de Kennedy es que mientras Estados Unidos "ha gastado
grandes cantidades de dinero, sangre y energía en dos guerras contra
Irak..., los principales beneficiarios fueron los aliados árabes como
Arabia Saudita, los estados del Golfo, el imperio de Asia Oriental y
Europa, que dependen mucho más que Estados Unidos del flujo
ininterrumpido del petróleo del Medio Oriente". (1)

Implícitamente, el argumento puede hacerse extensivo a los años de la
guerra fría, cuando la Unión contuvo a Corea del Norte, se batió en
Vietnam y erigió un muro "defensivo" contra la amenaza soviética. Los
países a que alude Kennedy, o la mayor parte de ellos, habrían
"viajado gratis" en un convoy piloteado por Norteamérica con gran
esfuerzo.

Kennedy da a entender que todo esto es parte de un proceso hasta
cierto punto natural, y aduce el sorprendente argumento que Estados
Unidos prosperó gracias a la pax britannica que en el siglo XIX lo
protegió de cualquier intrusión europea en el hemisferio occidental y
que asimismo invirtió millones de libras para el desarrollo de las
ciudades, ferrocarriles, compañías y empresas norteamericanas.

Nuestro historiador olvida, sin embargo, que si eso fue así, ello
ocurrió porque Estados Unidos supo gestionar su economía con criterios
proteccionistas y que, en alguna ocasión notable, lejos de cubrir a
los Estados Unidos de la intrusión exterior, fue Gran Bretaña misma la
que la protagonizó deliberadamente, favoreciendo, sin éxito, la
secesión de los estados del Sur, durante la guerra civil de 1861 a
1865.

Ahora bien, si, como dice Kennedy, en las últimas décadas la Casa
Blanca tuvo "sus propias razones seglares para ir a la guerra", y si
el dinero se va por el caño debido a los gastos militares, ¿por qué,
cuando la amenaza comunista se disipó, no revirtió su economía a una
economía de paz y siguió en cambio inflando los conflictos de los que
ella es la principal responsable en el Medio Oriente, mientras vive
del crédito que le aportan las masas dinerarias atraídas a la Unión
por los grandes beneficios que asegura o aseguraba esa plaza?

Lo de la amenaza comunista, por otra parte, es cuestión opinable, y
bien podría invertirse la oración por pasiva. O, en todo caso, se
podría hablar de rivalidad más que de amenaza.


Desagradecidos

Pero ahora resulta que los países beneficiarios de la protección de
Estados Unidos –China, Japón, la Unión Europea, los emiratos del
Golfo– hacen depender a Wall Street de la continuidad en la provisión
de bienes públicos internacionales, apoyo que podrían retirar si así
lo desearan, en caso de que el dólar quebrase...

Kennedy estipula en este punto que si el país que garantiza la pax va
rumbo a un problema, "entonces, probablemente, también el resto de
nosotros, en donde quiera que vivamos en este pequeño planeta,
estaremos a nuestra vez en problemas".


"Ellos" y "nosotros"

Ese "nosotros" es bastante peculiar y resulta expresivo de la mirada
eurocéntrica: "nosotros" alude a una cuarta parte de los habitantes
del planeta; gran parte del resto, si el sistema llegase a colapsar,
no va a tener más problemas de los que hoy tiene.

El discurso de Kennedy está dirigido al mundo rico. Los "pasajeros
gratuitos" del sistema no son los pobretones de América latina, los
hambreados del Africa ni los golpeados y bombardeados árabes. No son
los millones y millones de víctimas de un genocidio social
caracterizado por la devastación producida por la "democracia de libre
mercado" introducida por la fuerza en el tercero o cuarto mundos. Son
los socios menores del negocio –las grandes burguesías europeas, los
grandes capitalistas chinos, los "compradores" que componen las
oligarquías neocoloniales que exprimen a sus pueblos y viven una
relación simbiótica con el imperialismo– los que pueden correr riesgo.

La tentativa hegemónica norteamericana está en crisis. Aquí sí podemos
compartir el pensamiento de Kennedy y preguntarnos qué va a pasar.
Personalmente, tiendo a presumir que el proyecto de Estados Unidos no
se va a modificar en el fondo y que, con variantes cosméticas,
persistirá en el empeño. Con toda probabilidad exigiendo una mayor
contribución a sus aliados y extorsionándolos con la misma pregunta
que Kennedy introduce de manera implícita: "¿Qué será de ustedes si
nosotros nos caemos? Miren que si nos abandonan podemos precipitar la
crisis ahondando los conflictos: medios militares y tecnológicos, y
expedientes provocadores generados a partir de la comunidad de
inteligencia, nos sobran"...

Esta táctica de amenazar con el peor de los escenarios posibles a unos
aliados comodones tal vez tenga un éxito provisorio, dado que es
sabido que el pistolerismo del capitalismo norteamericano realmente
existente carece de escrúpulos, y que no va a soltar la presa a menos
que perciba que existe una real amenaza bajo sus pies o el riesgo de
una confrontación externa de resultado incierto.


Resistencias internas y externas al modelo

Estas dos últimas hipótesis, sin embargo, no carecen de sentido.
Aunque la elasticidad en el manejo de los recursos mediáticos y
económicos del primer mundo es muy grande, la marejada del descontento
crece en el mundo sumergido y afecta ahora, por primera vez en mucho
tiempo, a los mismos Estados Unidos. El énfasis puesto por los
candidatos demócratas a la presidencia, muy en especial de parte de
Barack Obama, en torno de los temas referidos a la seguridad social y
al rechazo de la globalización en la medida que ésta recorta el empleo
en Estados Unidos, indica la existencia de una creciente resistencia
interior a un modelo excluyente, basado en la hiperconcentración de la
ganancia, en los capitales y las empresas viajeras y en el juego
especulativo de las diversas "burbujas" financieras que se mueven
alrededor del crédito a las tecnologías, al mercado inmobiliario y la
energía. Porque si el precio del petróleo aumenta, "lleva miles de
millones de dólares" no sólo a los pasajeros gratuitos del sistema,
como dice Kennedy, sino también a las gigantescas empresas
norteamericanas abocadas a la generación de energía, a alguna de las
cuales el clan Bush se encuentra muy vinculado.

Esta ecuación comienza a hacerse insoportable incluso en los estratos
medios y operarios de los Estados Unidos.

En el otro punto del espectro, el de la resistencia externa, los
problemas no son menores. No sólo Estados Unidos debe enfrentar a la
resistencia a menudo rabiosa de quienes en vez de democracia reciben
tropas extranjeras –integradas con una proporción cada vez mayor de
mercenarios– y deben abrir su país a las multinacionales
estadounidenses, sino que frente al proyecto hegemónico norteamericano
se encuentran los rusos y los chinos, designados para ser los rivales
del futuro y ello no por consideraciones ideológicas, que en buena
medida han desaparecido hace rato, sino porque objetivamente se erigen
en obstáculos para la plena expansión de los criterios de la sociedad
de "libre" mercado.

La acumulación –capitalista o no– es, sin duda, el resorte del
desarrollo. Pero a esta altura de los tiempos y de la evolución
científica y social, la cuestión reside en cómo se realiza esa
acumulación. Si se efectúa de acuerdo a la vieja receta de
"acumulación por desposesión", los riesgos de estallidos en cadena se
incrementarán cada día más. Si, por el contrario, el mundo es capaz de
hallar un expediente para acumular sin desposeer y saquear a los más
débiles, las posibilidades de choque catastrófico se atenuarán mucho.

Pero para esto hay que entender que el "paraguas" debe abarcar a
todos. O cerrarse, para que todos padezcan el castigo de la lluvia
democráticamente, hasta poder fundar una sociedad realmente solidaria.


N O T A

(1) En la primera guerra del Golfo, Estados Unidos registró unas cien
bajas mortales, varias de ellas por "fuego amigo", contra 35.000
muertos iraquíes. Más que una batalla, fue una carnicería. Tras la
invasión de 2003, han muerto entre cuatro o cinco mil norteamericanos,
pero alrededor de 650.000 iraquíes, civiles y militares, han perdido
la vida, mientras que las víctimas indirectas del embargo que medió
entre las dos guerras suelen contabilizarse en alrededor de un millón.
La primera guerra del Golfo, por otra parte, fue financiada en buena
medida por Arabia Saudita, Japón y la Unión Europea. El sacrificio
norteamericano, después de todo, hasta ahora no es tan grande. Y ha
sido cumplido en una alta proporción por ciudadanos considerados de
segunda clase, como los afroamericanos pobres, o por hispanos que
intentan asimilarse a la sociedad estadounidense por la vía del
voluntariado militar.

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Néstor Gorojovsky
El texto principal de este correo puede no ser de mi autoría


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