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Sun Oct 28 08:56:44 MDT 2007


goes back and forth; but still standing, upright, is the image of the
great men who forged redeeming ideas. Among them are Lenin and the
Russian Bolsheviks of 1917.

While humanity exists they will live in the grateful memory of the
combatants for liberty.

7 de Noviembre

Por: Armando Hart D=E1valos

Correo: digital at jrebelde.cip.cu

http://www.juventudrebelde.cu/opinion/2007-11-07/7-de-noviembre/

07 de noviembre de 2007 00:00:40 GMT

La desaparici=F3n de la Uni=F3n Sovi=E9tica en diciembre de 1991 no
disminuy=F3, en modo alguno, el car=E1cter trascendental de la =
Revoluci=F3n
que le dio vida hace ahora 90 a=F1os. Fue precisamente el 7 de
noviembre de 1917 -correspondiente a octubre seg=FAn el viejo
calendario gregoriano- que los bolcheviques iniciaran la m=E1s grande
revoluci=F3n social del siglo XX.

Las heroicas jornadas de octubre - como las describi=F3 el periodista
norteamericano John Reed- estremecieron al mundo. Se abri=F3 una nueva
=E9poca para la humanidad. Ning=FAn hecho posterior puede opacar la
grandeza de los bolcheviques rusos.

Tras el desenlace dram=E1tico del sistema sovi=E9tico, para destacar el
significado de aquellos sucesos y la validez de las ideas en nombre
de las cuales se llevaron a cabo, se requiere un examen, desde la
=F3ptica del pensamiento de Marx y Lenin, de la muy compleja trama
hist=F3rica que comenz=F3 a gestarse entonces. Hasta hoy, los an=E1lisis
han sido realizados, en lo fundamental, por los enemigos del
socialismo y por los que han abandonado las ideas del marxismo, de
forma fragmentada, parcial e incompleta. La historia, enfocada de
esta manera, arroja resultados perjudiciales a las m=E1s nobles y
justas aspiraciones de los explotados y de la humanidad en su
conjunto.

Sobre el presupuesto real de que la interpretaci=F3n marxista de la
sociedad se transform=F3 en un r=EDgido esquema, se niegan las
posibilidades de elaborar un an=E1lisis cient=EDfico de la historia y,
por ende, de las ra=EDces del desastre.

Sin embargo, en el sentido m=E1s profundo de lo que ocurri=F3 en 1917 =
hay
una clave maestra para el an=E1lisis de la realidad de nuestros d=EDas.
Desapareci=F3 la Uni=F3n Sovi=E9tica, pero no las situaciones =
econ=F3micas y
sociales que generaron aquel vasto movimiento de clases sociales y
pueblos explotados.

En lo que se llam=F3 Tercer Mundo e, incluso, en el seno de los pa=EDses
capitalistas desarrollados, est=E1 presente, en forma ampliada, la
combinaci=F3n explosiva que origin=F3 la revoluci=F3n social de 1917; es
decir: crecimiento econ=F3mico burgu=E9s (an=E1rquico por naturaleza),
incremento progresivo de la pobreza e injusticia social y presencia
de c=EDrculos intelectuales de alta cultura pol=EDtica y filos=F3fica. =
Se
est=E1n creando situaciones de hacinamiento que prefiguran conflictos
sociales de extrema gravedad.

Con las modernas facilidades de comunicaciones y de relaciones
sociales y humanas, los movimientos migratorios est=E1n complejizando
tales problemas. Se desborda por todos los poros de la vida
econ=F3mica, social y pol=EDtica universal lo que caracterizamos como
explosi=F3n del desorden que, incluso, ya est=E1 afectando, de manera
creciente, la ecolog=EDa y la atm=F3sfera. Esta es la verdadera
"postmodernidad".

Nadie nos puede inventar historias sobre lo sucedido. Las hemos
vivido desde la perspectiva de la izquierda revolucionaria,
antiimperialista y socialista, que es la forma m=E1s profunda de llegar
a conclusiones sobre estos procesos. Y a=FAn de esta manera no resulta
sencillo hacerlo. Sin embargo, hay conclusiones que son bien
evidentes.

oLa primera, las haza=F1as de 1917 y de los a=F1os en que Lenin tuvo la
conducci=F3n del proceso constituyen hitos de valor ejemplar e
imperecedero en la lucha de los pueblos por la conquista de la
libertad.

oLa segunda, durante a=F1os y d=E9cadas, los comunistas y el pueblo de =
la
URSS libraron batallas colosales y alcanzaron, en los campos
econ=F3mico, social, pol=EDtico, cultural y militar, avances =
prodigiosos.
En relativamente corto tiempo hist=F3rico, convirtieron al empobrecido
y explotado pa=EDs que heredaron en una potencia mundial de primer
orden.

oEn tercer lugar, por diversas razones, el proceso se desvi=F3 de su
ruta inicial, se produjo una grave descomposici=F3n y tuvieron lugar
errores y horrores que la historia no puede pasar por alto. De esta
circunstancia se aprovech=F3 el enemigo para realizar su labor de zapa;
pero ser=EDa atribuirle demasiado poder afirmar que la raz=F3n
fundamental del desastre estuvo en la acci=F3n imperialista. Es
evidente que la esencia de la tragedia se halla en factores internos
del proceso sovi=E9tico.

Lo ocurrido de 1985 hacia ac=E1 no es la causa, sino la consecuencia de
males y problemas que Fidel y el Che hab=EDan denunciado, en la d=E9cada
de 1960, desde s=F3lidas posiciones revolucionarias.

Se toma como base lo sucedido para argumentar contra las ideas de
Marx y Lenin. Sobre semejante l=F3gica simplista, podr=EDamos negar el
aporte a la cultura pol=EDtica universal de los enciclopedistas, porque
se restaur=F3 la monarqu=EDa y Francia demor=F3 largo tiempo antes de
establecer un sistema republicano estable. Se podr=EDa, en tal caso,
achacarle la Inquisici=F3n a Cristo y al cristianismo.

Le atribuyen al ideal socialista los errores y cr=EDmenes cometidos,
como si tales males le fueran inherentes y no hubieran estado
presentes en la historia anterior y posterior al socialismo. Cabe
decir que no deb=EDan producirse en el socialismo. Precisamente por
estas razones quebr=F3 lo que llamaron "socialismo real". Se produjo
una subestimaci=F3n de los factores de car=E1cter subjetivo que limit=F3 =
el
desarrollo te=F3rico del pensamiento revolucionario y lesion=F3 la
pr=E1ctica socialista. Como advirti=F3 la Revoluci=F3n Cubana, tales
factores subjetivos tienen mucha m=E1s importancia que la concebida por
la interpretaci=F3n marxista predominante en las =FAltimas d=E9cadas. Se =
ha
confirmado que no hay socialismo sin una elevada eticidad.

Los cubanos asumimos los descubrimientos cient=EDficos, econ=F3micos y
sociales de Carlos Marx desde la cultura espiritual y =E9tica de
nuestra Am=E9rica. Nos guiamos por el pensamiento de Marx, porque sus
aportes culturales y cient=EDficos y su sentido humanista universal,
punto de partida de la =E9tica socialista, nos sirvieron para
interpretar la historia humana, nos brindaron claridad en el estudio
de la evoluci=F3n econ=F3mica y social de Cuba y de Am=E9rica Latina, =
nos
dieron los m=E9todos de an=E1lisis hist=F3rico para confirmar
cient=EDficamente la ra=EDz popular de nuestro patriotismo, nos =
ense=F1aron
que la contradicci=F3n entre ricos y pobres era -en =FAltima instancia-
la causa de fondo de la tragedia social, y de hecho nos mostraron que
la lucha revolucionaria por vencer las desigualdades socioecon=F3micas
es fundamento y ra=EDz de una =E9tica que pretenda tener valor =
universal.

Desde la d=E9cada de los a=F1os 20 y por influencias de la Revoluci=F3n =
de
Octubre, el inmenso legado de Marx y Lenin comenz=F3 a articularse, en
la cultura pol=EDtica de nuestro pa=EDs, con el pensamiento universal y
antiimperialista de Jos=E9 Mart=ED. Fueron las corrientes socialistas y
antiimperialistas, que ejemplificamos en Julio Antonio Mella, las que
lo rescataron de la subestimaci=F3n en que se le ten=EDa y mostraron el
filo revolucionario del pensamiento martiano. No vamos a renunciar a
este legado. Hacerlo ser=EDa, adem=E1s de una traici=F3n, una =
expresi=F3n de
incultura y de falta de realismo pol=EDtico. Lo necesitamos para
estudiar y abordar nuestras realidades de hoy y de ma=F1ana.

El 7 de noviembre de 1917 se conjug=F3 lo m=E1s alto de la
intelectualidad pol=EDtica europea con el esp=EDritu revolucionario de =
la
clase obrera rusa y la lucha de los campesinos por la tierra y sus
derechos. De lo sucedido con posterioridad a la muerte de Lenin hay
otra lecci=F3n que extraer:

Para defender los intereses de las masas trabajadoras y explotadas,
debemos exaltar la historia de la cultura humana, desde la m=E1s remota
antig=FCedad hasta este fin de milenio, sin traumas ni "ismos"
ideologizantes, que desde los tiempos del m=EDtico Prometeo encadenado,
descubridor del fuego, vienen imponi=E9ndole freno, de forma
dram=E1ticamente recurrente, a la imaginaci=F3n, la inteligencia, la
ternura y al esp=EDritu solidario y asociativo que se halla
potencialmente vivo en la conciencia humana.

Las ideas y principios de los forjadores trascienden por encima de
coyunturas. Desde Cristo y Espartaco hasta Marx y Lenin, hay una
historia de retrocesos y avances; pero ha quedado en pie, erguida, la
imagen de los grandes forjadores de ideas redentoras. Entre ellos
est=E1n Lenin y los bolcheviques rusos de 1917.

Mientras haya humanidad, vivir=E1n en el recuerdo agradecido de los
combatientes por la libertad.




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